Inundaciones

No es sólo por el tren de borrascas: la degradación de los suelos agrava las inundaciones

Vuelve la normalidad a Grazalema tras las lluvias e inundaciones de la borrasca Leonardo

Cuando el suelo pierde materia orgánica, su estructura interna se deteriora

La agricultura regenerativa frena la erosión de los suelos

Grazalema (Cádiz) está recuperando poco a poco la normalidad tras los estragos de la borrasca Leonardo, cuyo paso dejó cerca de 1.300 litros de agua por metro cuadrado en diez días, provocando inundaciones incluso dentro de las casas. Una situación que, junto al riesgo de hidrosismos y de corrimientos de tierra, obligó a evacuar completamente la localidad durante 11 días.

La composición geológica de la zona explica mucho de lo sucedido. Grazalema se asienta sobre un terreno kárstico, repleto de cavidades y conductos subterráneos. En condiciones normales, este tipo de suelo calizo es altamente permeable y actúa como un gran reservorio natural de agua: la lluvia se infiltra, alimenta los acuíferos y reaparece en manantiales.

Durante el reciente tren de borrascas, las precipitaciones fueron tan intensas y persistentes que el acuífero se colmató por completo. Tras rellenarse todo el subsuelo, el agua dejó de infiltrarse y comenzó a emerger por grietas, sótanos y pavimentos, dando lugar a inundaciones en viviendas y edificios.

Suelos degradados

Pero no siempre es la geología la principal responsable de situaciones como las vividas en Grazalema. En muchos otros casos, la explicación no está bajo tierra, sino en la superficie, en esos suelos degradados que han perdido una porción considerable de su capacidad natural para absorber agua y funcionar como una esponja frente a las lluvias intensas.

Cuando un suelo se compacta —por el paso continuado de maquinaria, el pisoteo, el sobrepastoreo o el uso agrícola intensivo— y pierde materia orgánica, su estructura interna se deteriora.

Los pequeños poros por los que normalmente circulan el agua y el aire se reducen o desaparecen, el terreno se endurece y se vuelve cada vez menos permeable.

Escorrentía

En esas condiciones, la lluvia ya no logra infiltrarse con facilidad hacia capas profundas, sino que se desplaza rápidamente por la superficie en forma de escorrentía, es decir, como corrientes de agua que circulan por calles, campos y laderas sin apenas freno.

El resultado es un doble impacto: menos agua almacenada en los acuíferos de los que obtenemos la mayor parte de este indispensable recurso y más caudal concentrado en poco tiempo durante los episodios de precipitaciones intensas, lo que multiplica el riesgo de inundaciones y acelera la erosión del territorio.

Calles inundadas de agua en Grazalema. (Foto: Europa Press).

Mayor riesgo

Un estudio de la Universidad del Sur de Louisiana (Estados Unidos) deja muy clara esta relación directa entre la degradación del suelo y el aumento del riesgo de que se produzcan graves inundaciones.

Según los investigadores: «los resultados revelan una disminución significativa de la cobertura vegetal, que pasó del 73% en 1994 al 68% en 2024, acompañada de una notable reducción de la infiltración, desde 629 milímetros hasta 368 milímetros. Este descenso ha provocado un aumento de la escorrentía superficial y, con ello, un mayor riesgo de inundaciones en la zona».

Especialmente vulnerables

Un total de ocho comunidades de la zona fueron identificadas en este trabajo como especialmente vulnerables debido a sus bajas tasas de infiltración, que las hace más propensas al encharcamiento, así como a la contaminación de las aguas superficiales.

«Las conclusiones subrayan la necesidad de aplicar medidas estratégicas para mejorar la capacidad de infiltración y restaurar la cobertura vegetal, un factor clave para reducir el riesgo de inundaciones y garantizar la sostenibilidad de los recursos hídricos», insisten los autores del estudio.

Ladera erosionada por la lluvia.

Agricultura regenerativa

La agricultura regenerativa puede ayudarnos en esta tarea de recuperar la cobertura vegetal de los suelos. Así lo asegura Melerus, creador de contenidos especializado en medioambiente y naturaleza, en un reciente vídeo que dedica a la finca de olivar ecológico La Biodiversa, en Arjona (Jaén).

Como explica un representante de la familia Puentes Campos, propietaria de la explotación, en 2005 se dieron cuenta de que la finca estaba sufriendo graves problemas de erosión del suelo que además estaban causando enfermedades a los propios olivos.

Cubierta vegetal

«Vimos que el suelo estaba muy erosionado. Lo primero que hicimos fue dejar de arar y luego empezamos a manejar la cubierta vegetal», recuerda el agricultor, que muestra el resultado a cámara: en el primer terrón de tierra que extrae con su azada, se puede observar la presencia de dos lombrices. Este pequeño gusano es uno los mejores indicadores de un suelo fértil, con buena humedad y rico en materia orgánica.

«El suelo está totalmente compactado en agregado, y tiene ese tipo de hierba que lo que hace es reducir la erosión, mejorar la infiltración y empezar a activar el suelo y a darle esa vida», explica el agricultor al creador de contenidos mientras sostiene el terrón en sus manos.

«Yo creo que el cambio más radical y que visualmente es más llamativo es haber conservado la cubierta vegetal, que actúa como una esponja que os salva, precisamente, de las lluvias torrenciales que estamos teniendo hoy en día», responde el propio influencer ambiental.