Más hielo en la Antártida

La masa de hielo de la Antártida no para de aumentar desde hace 6 años: los científicos ya saben por qué

El estudio, publicado en Nature, demuestra que las nevadas excepcionales compensan el deshielo glaciar

La Antártida gana 68 gigatoneladas de hielo al año desde 2020 pese a perder más masa por los glaciares

advierten con claridad que este aumento de la masa de hielo en la Antártida no indica que el cambio climático se haya revertido

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La masa de hielo de la Antártida no para de aumentar desde 2020 y los científicos ya tienen una explicación clara: unas nevadas excepcionales están compensando, e incluso superando, la pérdida acelerada de hielo glaciar que sufre el continente más austral del planeta.

Un nuevo estudio financiado por la Agencia Espacial Europea (ESA) y publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment desvela los mecanismos detrás de esta paradoja climática.

La investigación fue llevada a cabo por equipos de los institutos meteorológicos danés y neerlandés junto a las universidades de British Columbia y Canterbury. Analizaron datos satelitales de la misión GRACE de la NASA y el DLR desde 2002 hasta 2024, con resultados tan llamativos como inequívocos.

Décadas de pérdida

Durante los primeros años del siglo XXI, la Antártida perdía entre 74 y 142 gigatoneladas de hielo cada año. Para poner esa cifra en contexto, el valor más alto equivale aproximadamente al volumen total de agua del lago Tahoe, en Estados Unidos.

La tendencia negativa se prolongó durante casi dos décadas, acelerada por el deshielo en la Antártida Occidental y en la región de Wilkes Land, en el este del continente. Hacia 2016, sin embargo, los satélites comenzaron a detectar una desaceleración en esa pérdida neta de masa.

El giro de 2020

A partir de ese año, la tendencia se invirtió por completo. Según la investigadora principal del estudio, Marlen Kolbe, el continente empezó a acumular masa a una tasa de aproximadamente 68 gigatoneladas de hielo al año entre 2020 y 2024. Esta ganancia ha tenido un efecto medible sobre el nivel del mar global: ha reducido su incremento en torno a 0,3 milímetros al año durante ese periodo.

Lo más notable del fenómeno es que el deshielo glaciar no se ha detenido, sino que ha empeorado. La descarga de hielo al océano mediante el desprendimiento de icebergs ha aumentado en casi 100 gigatoneladas por año respecto a las dos décadas anteriores. El balance positivo se explica, por tanto, por un único factor: las precipitaciones.

El papel de las nevadas

Las nevadas extraordinariamente intensas caídas sobre la Antártida desde 2020 son la clave de esta paradoja. El hielo que se acumula en la superficie continental supera con creces las pérdidas por deshielo y desprendimiento glaciar, lo que eleva la masa total del manto de hielo.

Este tipo de acumulación afecta exclusivamente al hielo terrestre, es decir, al que cubre el continente y almacena la mayor parte del agua dulce del planeta. No debe confundirse con el hielo marino o banquisa, que flota en el océano y responde a dinámicas distintas: de hecho, febrero de 2023 registró la menor extensión de hielo marino antártico en 44 años de registros, con una reducción del 38% respecto a la media histórica de 1979 a 2022.

La progresión del hielo en la Antártida. (Fuente: ESA).

Una anomalía, no una recuperación

Los autores del estudio advierten con claridad que este aumento de la masa de hielo en la Antártida no indica que el cambio climático se haya revertido ni que la crisis glaciar esté superada.

Las propias proyecciones del equipo señalan que la fusión completa de los cuatro glaciares estudiados en la región de Wilkes Land podría provocar una subida del nivel del mar de más de 7 metros, un escenario catastrófico para las zonas costeras de todo el mundo.

A finales de 2025, los datos disponibles no muestran un retorno claro a la pérdida neta de masa, aunque los científicos reconocen que la continuidad de la tendencia dependerá de la evolución de las precipitaciones y de la dinámica glaciar. Las ganancias de los últimos años podrían estabilizarse o revertirse si las nevadas excepcionales no se mantienen.

Contexto global

La Antártida alberga la mayor reserva de hielo del planeta: concentra aproximadamente el 90% del hielo mundial y el 70% del agua dulce de la Tierra. Cualquier variación en su masa tiene repercusiones directas sobre el nivel del mar y el ciclo hidrológico global.

Mientras el continente austral muestra este comportamiento atípico, el Ártico continúa en una trayectoria opuesta. En marzo de 2025 se registró la menor extensión máxima de hielo marino ártico de toda la serie histórica, con 14,33 millones de kilómetros cuadrados, según datos de la NASA y el Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve.

Vigilará la Tierra

La misión GRACE, clave en este descubrimiento, seguirá monitorizando las variaciones de masa en la Antártida a través de mediciones gravitacionales. Los investigadores subrayan la importancia de mantener la observación continuada del continente para distinguir anomalías temporales de cambios estructurales en su dinámica glaciar.

El estudio refuerza la necesidad de no interpretar fenómenos puntuales como señales de recuperación climática. La capa helada puede crecer circunstancialmente por las nevadas, pero los glaciares siguen perdiendo masa a un ritmo sin parangón en la era de los registros satelitales.