Alemania y Francia se unen para presionar a Bruselas: quieren mantener los coches de combustión más allá de 2035

  • Andrea Aguado
  • Redactora de economía y coordinadora de OKMOTOR. Amante de las cuatro ruedas y la industria. Antes en informativos de Radio Televisión Castilla y León.

Alemania y Francia han alcanzado un acuerdo para presionar a la Unión Europea que permita mantener la comercialización de coches de combustión más allá de 2035 sin obligar a los fabricantes a compensar las emisiones restantes, una flexibilización adicional respecto a la propuesta presentada por la Comisión Europea el pasado diciembre, que ambos países quieren acompañar de nuevas ventajas para los vehículos eléctricos fabricados en Europa y restricciones a las ayudas públicas destinadas a modelos producidos fuera del continente.

Así lo recoge una posición conjunta franco-alemana con la que Berlín y París buscan desbloquear las negociaciones sobre el futuro de la industria automovilística europea y lograr un «mejor equilibrio entre los objetivos climáticos y la competitividad industrial», mediante una mayor «flexibilidad» regulatoria e incentivos para reforzar la producción en Europa.

Mantener los coches de combustión

En concreto, ambos gobiernos plantean reducir un 90% las emisiones de CO2 de los nuevos vehículos a partir de 2035, sin necesidad de compensar el 10% restante, a diferencia de lo que contemplaba el planteamiento de Bruselas, que ya abría la puerta a mantener determinados coches de combustión después de esa fecha, pero obligaba a los fabricantes a neutralizar íntegramente las emisiones residuales mediante el uso de acero verde europeo o combustibles sostenibles.

Frente a ese planteamiento, Alemania y Francia defienden una «reducción real» de ese porcentaje y consideran que el mayor uso de combustibles renovables en el parque automovilístico existente debe contribuir al cumplimiento de los objetivos climáticos, sin imponer obligaciones adicionales a la industria.

«Nuestro rumbo no cambia: reducir drásticamente las emisiones de CO2 y producir en Francia y en Europa los futuros coches eléctricos. Eso es la preferencia europea», ha mostrado el presidente francés Emmanuel Macron en su cuenta personal de la red social ‘X’.

«Emmanuel Macron y yo hemos acordado un paquete sobre libertad de elección, apertura tecnológica y preservación de los objetivos climáticos. Esto es una señal de inversión para la industria», ha publicado el canciller alemán, Friedrich Merz, en la misma red social.

El documento también reclama garantizar que puedan seguir matriculándose después de 2035 vehículos de combustión que funcionen exclusivamente con combustibles renovables o de bajas emisiones autorizados, mediante la creación de una nueva categoría de automóviles considerados de «cero emisiones» a efectos de la normativa.

Para ello, proponen establecer requisitos técnicos, controles y sanciones que impidan utilizar otros carburantes y exigir que los combustibles permitidos se produzcan en Europa.

«Nuestro rumbo se mantiene inalterable: lograr reducciones sustanciales en las emisiones de CO2 al tiempo que reforzamos la capacidad de Europa para desarrollar y fabricar la próxima generación de vehículos eléctricos», han defendido ambos países en un comunicado conjunto publicado este viernes.

Además, los dos gobiernos piden mayor margen para cumplir los objetivos de emisiones de 2030, permitiendo a los fabricantes compensar sus resultados entre ese año y 2031 y contabilizar parte de las reducciones adicionales conseguidas en 2029, con un límite de siete gramos de CO2 por kilómetro y fabricante.

Ayudas públicas para coches fábricados en Europa

Junto a estas flexibilizaciones, Alemania y Francia quieren reforzar la denominada «preferencia europea» para reservar las subvenciones y los contratos públicos de adquisición o alquiler de vehículos a modelos que cumplan determinados requisitos de fabricación en Europa.

En concreto, proponen que, desde 2028, los automóviles beneficiarios estén ensamblados en territorio europeo y que al menos el 70% del valor de sus componentes se genere en el continente, excluida la batería -para la que se endurecerían progresivamente los requisitos-, además de exigir producción comunitaria de determinados sistemas eléctricos y electrónicos y una parte significativa de la investigación y el desarrollo en la UE.

Por otra parte, ambos gobiernos quieren ampliar los llamados supercréditos, que permiten contabilizar de manera más favorable determinados vehículos para cumplir los objetivos de emisiones, a todos los eléctricos fabricados en Europa, con mayores incentivos para los modelos pequeños y aquellos que incorporen acero y aluminio europeos de bajas emisiones.

Estas bonificaciones podrían aplicarse desde la entrada en vigor del paquete automovilístico, previsiblemente en 2027, en lugar de esperar hasta 2035, como contemplaba inicialmente el mecanismo de compensación propuesto por Bruselas. También reclaman suavizar las obligaciones previstas para las flotas de empresa, sustituyendo los objetivos vinculantes de adquisición de vehículos de cero o bajas emisiones por metas nacionales «indicativas y realistas».