Crónica de una separación

Paloma Cuevas pone límite a Enrique Ponce

La todavía mujer del torero no va a poner fácil que rehaga su vida junto a Ana Soria y tiene tomada una decisión

Supe de problemas en el matrimonio de Enrique Ponce y Paloma Cuevas allá por el mes de noviembre pasado. No pude confirmar mi información y, algo incrédula, preferí guardarla a buen recaudo. Marido y mujer seguían viviendo juntos. Ningún signo externo. Interno, sí. Él estaba “raro”, pero seguía con su mujer y su vida familiar. Siete meses después, el romance del torero con una jovencísima almeriense llamada Ana Soria ocupa portadas, acapara titulares y está en boca de todos. Me aseguran que la novia sueña con casarse con el famoso diestro de Chiva y por la iglesia, pero, aunque la separación es un hecho y el divorcio está en trámite, la todavía esposa de Ponce no está por la labor de concederle la nulidad eclesiástica. Igual no todo es tan sencillo ni tan de mutuo acuerdo.

Dicen que el amor no tiene edad y puedo estar muy de acuerdo. Cuando te enamoras, no hay más que hablar. El amor tiene eso, te invade hasta la extenuación, te para los pulsos, es apabullante, incontrolable y maravilloso, pero también es ciego e incluso caprichoso. Enrique Ponce cumplirá 49 años el próximo diciembre y se ha enamorado como un adolescente, según sus íntimos, de la joven Ana de tan solo 21 años, tras 24 años de matrimonio con la que en su momento definió como la mujer de su vida, Paloma Cuevas, “el gran apoyo que he tenido durante todos estos años”, madre de sus dos hijas. La pareja del verano ha explicado que se conocieron a primeros de año y que viajaron a México en secreto, intentando poner fecha publica al inicio de su affaire. Sin embargo, mi información apunta a que la aventura nació varios meses antes.

 

Algo no iba bien en la que parecía una de las parejas más sólidas y perfectas de nuestro panorama social. La crisis les atrapa en medio del estado de alarma por la pandemia y el matrimonio se traslada a la finca que posee en Jaén. Allí pasan Paloma y Enrique los días más difíciles. Ella ya sabía que el hombre con el que se casó en 1996 no existía, era ya otro y había elegido a otra mujer hacía tiempo. El diestro, durante muchos años en los primeros puestos del escalafón taurino, elegante y con depurada técnica frente al toro, no se atrevió a ser sincero con su mujer cuando empezó a verse en secreto con la guapa almeriense. Pasaban los meses y no encontraba el temple suficiente para acabar su historia de amor con Paloma y se vio mezclando vidas. La mujer, como en otros muchos casos, se enteró la última. Cuando lo supo se le cayó el mundo encima y los 24 años, uno por uno, compartidos con Quique. No podía seguir así ni un minuto más y se enfrentó a la situación, habló con su marido y como no podía ser de otra manera, él se lo negó, según he sabido. Esa mentira, en este caso de piernas largas y rubia melena, era la realidad que Ponce le ocultaba desde hacía un tiempo, más allá de ocho meses.

Enrique Ponce, Ana Soria
Enrique Ponce y Ana Soria confirmaban su amor con esta imagen/@anasoria.7

Iniciado este 2020, Paloma Cuevas ya tenía datos y dolorosos detalles que Enrique no podía negar ni queriendo, así que intentaron darse un tiempo. Eran muchos años de amor, de vida en común y de lucha incansable por ampliar la familia. La maldita COVID-19 les obliga a vivir esos tiempos difíciles de pareja, confinados, bajo el mismo techo y con las emociones encontradas. Fracaso absoluto. El desamor le tumba y Enrique corre al lado de Ana en cuanto la desescalada lo permite. No había nada que hacer. El verano está cerca y acuerdan comunicar públicamente su separación en septiembre, pero muchos ojos ya habían visto a Ponce en compañía de otra mujer que no era la suya, demasiados viajes, demasiadas escapadas. México, Las Vegas (Nevada), Aspen (Colorado) y la casa de Ana Soria en Almería, bueno, no exactamente. Los padres de Ana, admiradores del diestro desde siempre, al saber que el torero iría a ver a su hija, pidieron a un amigo íntimo y de confianza que les prestara casa para instalarse, según me detallan; nada de hotel, me refieren que plantearon a su niña, vaya a ser que la pillaran con un hombre tan casado como famoso. La joven ha contado con el aliento y apoyo de sus padres en esta complicada historia sentimental. Nunca ha vivido ni se ha visto en otra igual; lógico, es muy joven. Ponce ha declarado que está muy enamorado y en uno de sus últimos mensajes en las redes dedica unas palabras -que se interpretan como un mensaje a su nueva chica- con las que apuesta por este amor que está viviendo en lo que muchos llaman su segunda juventud: “No nos puede ni el agua, ni el barro ni lo rayos”, escribía el diestro en su perfil de Instagram. La familia Soria es muy religiosa, según quienes la conocen en su tierra, y tendrían claro que, si esta historia sigue adelante, ha de culminar en el altar. Pero si el amor mueve montañas, no es tan claro que mueva a veces los papeles necesarios para contraer matrimonio por la iglesia, si existen primeras nupcias que lo impiden. Paloma Cuevas intenta asimilar estos días tanta foto, mensaje y paseos en barco en los que la pareja exhibe su romance, en compañía de los papás de Ana. Son libres, faltaría, de vivir su historia cómo deseen. Pero todo tiene un límite y de altar, nada. Hay que pasar página, tocaya; y… suerte, maestro.

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