Una historia de clase, poder y representación

De jugar con los hijos del servicio a estudiar en colegios de élite: cómo la Corona se volvió ‘pija’

Los Borbones aprendieron a reinar mezclándose con el pueblo

Hoy, la formación de una heredera es internacional y milimétrica

¿Qué ha cambiado en la Corona española? La historia lo explica

Leonor de Borbón, durante su formación en la Academia General Militar de Zaragoza. (Foto: Gtres)
Leonor de Borbón, durante su formación en la Academia General Militar de Zaragoza. (Foto: Gtres)
  • Rosa Torres
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Hubo un tiempo en que los niños de la familia real española jugaban con juguetes sencillos y, sobre todo, con niños que no llevaban título alguno. Muñecos, ajedrez, barajas, globos terráqueos, patines o pequeños barcos de vapor bastaban para entretener a los príncipes e infantas que habitaron el Palacio Real de Madrid entre 1850 y 1931. Objetos cotidianos, nada ostentosos, hasta el punto de que, cuando en 1931 Alfonso XIII partió al exilio junto a Victoria Eugenia, la prensa subrayó que los juguetes que quedaron atrás no eran “ni muchos ni lujosos”.

Aquellos juegos, además, no siempre fueron solo juegos. Muchos se utilizaron para organizar tómbolas y actos benéficos en los que se implicaron especialmente las mujeres de la familia real. Tras la proclamación de la II República, el nuevo Gobierno decidió conservar algunos de estos objetos por su valor histórico y simbólico, mientras que otros se donaron al Ayuntamiento de Madrid en un acto celebrado el Día de Reyes de 1933. Una infancia casi austera que hoy cuesta asociar con la imagen actual de la Corona.

Alfonso XIII, retratado por Kaulak a comienzos del siglo XX. (Foto: Gtres)

Alfonso XIII, retratado por Kaulak a comienzos del siglo XX. (Foto: Gtres)

El cambio no ha sido solo estético, sino político, social y cultural. Basta comparar a Isabel II, que llegó al trono siendo una niña en un país convulso, con Leonor, preparada durante años para un papel estrictamente constitucional. Antes se trataba de ejercer poder; hoy, de representar.

«La extraordinaria preparación que está recibiendo Leonor, al igual que la que recibió su padre, puede servirle para desarrollar mejor sus tareas representativas, pero poco más”, explica la periodista y escritora Sara Olivo, también conocida como Marta Cibelina, autora de Los Borbones y el sexo: de Felipe V a Felipe VI y de La duquesa salvaje. “Carece de poder real. Estamos en una monarquía constitucional en la que el monarca tiene muy pocas prerrogativas»,

La verdadera batalla, insiste Olivo, ya no se libra en el Parlamento, sino en la calle. «En el siglo XIX había que ganarse el poder político; en el XXI, la opinión pública. Y lo más difícil y lo más importante es saber ganarse el amor, el respeto y el cariño del pueblo».

Cómo se fabrica una heredera

La hoja de ruta educativa de la heredera ha sido clara y progresiva. Leonor inició su escolarización en la guardería de El Pardo, donde acudían los hijos de escoltas y personal de palacio. «¿Una forma de que aprendiera a tratar con todo el mundo? Más bien una cuestión de cercanía», apunta Olivo. Después llegó el colegio Santa María de los Rosales, el mismo centro privado madrileño en el que estudió Felipe VI, y más tarde el Bachillerato Internacional en Gales.

Leonor de Borbón, en la Academia General Militar de Zaragoza, durante su formación castrense. (Foto: Gtres)

Leonor de Borbón, en la Academia General Militar de Zaragoza, durante su formación castrense. (Foto: Gtres)

La decisión de estudiar dos años completos en el extranjero fue muy cuestionada. Se habló del elevado coste, del distanciamiento de la realidad nacional y del mensaje implícito hacia la educación pública y concertada. «Evidentemente, Letizia quiere para su hija lo mejor», señala Olivo, “pero yo en su caso no la habría mandado a estudiar fuera de España”.

La comparación con sus padres resulta inevitable. Felipe VI cursó sus estudios en Madrid y solo realizó el último curso del bachillerato en el Lakefield College School, en Canadá, antes de licenciarse en Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, una universidad pública. Letizia Ortiz estudió Periodismo en la Universidad Complutense, también pública, y completó su formación con un máster.

Leonor de Borbón, junto al Felipe VI, recibe el Collar de la Orden de Carlos III y el Toisón de Oro en un acto solemne. (Foto: Gtres)

Leonor de Borbón, junto al Felipe VI, recibe el Collar de la Orden de Carlos III y el Toisón de Oro en un acto solemne. (Foto: Gtres)

El debate no es solo académico, sino profundamente simbólico. «Leonor habla un castellano estándar, el de los hijos de familias bien», observa la periodista. No se trata de corrección ni de riqueza léxica, sino de matiz. «Tiene un deje neutro de international school de barrio acomodado que no le da puntos». En una monarquía sin poder efectivo, donde la cercanía es casi el único capital político disponible, la forma de hablar no es un detalle menor: es una seña de pertenencia. O de distancia.

El tatarabuelo de Leonor jugaba con los hijos del servicio

Muy lejos de ese registro está el castellano castizo de Alfonso XIII, el último Borbón que reinó en España con poder efectivo y antepasado directo de la actual heredera al trono. Alfonso XIII fue el abuelo de Juan Carlos I, bisabuelo de Felipe VI y, por tanto, tatarabuelo de Leonor. Se movía con soltura entre aristócratas y criados porque, de niño, compartió juegos con los hijos del servicio en el Campo del Moro, el gran jardín situado a los pies del Palacio Real de Madrid donde convivían a diario la familia real y el personal de Palacio.

Campo del Moro, entrada principal. Los jardines históricos situados a los pies del Palacio Real de Madrid. (Foto: Gtres)

Campo del Moro, entrada principal. Los jardines históricos situados a los pies del Palacio Real de Madrid. (Foto: Gtres)

«Eso le daba una capacidad enorme para desenvolverse en cualquier ambiente», explica Sara Olivo. Su madre, la regente María Cristina, trató de corregir ese exceso de familiaridad. «Intentó hacerlo ‘más pijo’, sacando a los alabarderos y a sus familias de Palacio. Pero ya era demasiado tarde. La cercanía de Alfonso XIII era auténtica, no impostada. Y esa fue, probablemente, su mejor baza».

Leonor en el colegio de Gales. Foto: Gtres

Leonor en el colegio de Gales. Foto: Gtres

Frente a aquel aprendizaje espontáneo, la educación de Leonor responde a un diseño minucioso. Actualmente se encuentra inmersa en una formación militar intensiva que la llevará por las academias de Tierra, Armada y Aire hasta 2026. Academia General Militar de Zaragoza, Escuela Naval de Marín -con periodo a bordo del Juan Sebastián de Elcano- y Academia General del Aire y del Espacio en San Javier. Al término de ese recorrido obtendrá rangos en los tres Ejércitos antes de iniciar estudios universitarios, previsiblemente en Derecho e Ingeniería. Un itinerario impecable, pensado para la institución, para el uniforme y para la fotografía oficial.

¿Dice tacos una Princesa?

«Se ignora si la princesa dice tacos», apunta Olivo, con ironía. «Lo que sí se sabe es que su madre ha intentado que mantuviera más contacto con su abuela materna, Paloma Rocasolano, que con la Reina». No es una casualidad. Hija de un taxista sindicalista y de una enfermera que trabajó durante años en un ambulatorio público, Rocasolano representaba un puente directo con una realidad ajena al Palacio: horarios, colas, transporte público, conversaciones sin filtro.

Leonor de Borbón, junto a su abuela Paloma Rocasolano y su abuelo Jesús Ortiz Rocasolano. (Foto: Gtres)

Leonor de Borbón, junto a su abuela Paloma Rocasolano y su abuelo Jesús Ortiz Rocasolano. (Foto: Gtres)

Esa conexión no fue simbólica ni ocasional. Fue práctica. «En muchas ocasiones, con pasamontañas, acompañadas por la madre de Letizia, las niñas han pasado totalmente desapercibidas en los más diversos lugares», explica Olivo. Centros comerciales, calles concurridas, espacios sin protocolo ni reverencias, donde nadie se levanta ni se calla cuando ellas entran. No era una estrategia de imagen ni un gesto calculado: era una forma de aprendizaje.

Porque hoy, como recuerda Sara, una heredera al trono no necesita mandar. Necesita entender. Y eso, por muy completo que sea el expediente académico o impecable la formación militar, no se aprende únicamente en colegios de élite ni entre iguales. Se aprende escuchando, mezclándose y, a veces, pasando desapercibida.

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