El blog de Paloma García-Pelayo

Los años críticos de Rocío Carrasco volverán a sacudir la pantalla

Los años críticos de Rocío Carrasco con Antonio David Flores volverán a sacudir este domingo noche. Ella será quien en primera persona lo cuente tras 25 años de silencio. Nunca ha hablado de estos 3 años de matrimonio en los que le cambió la vida y le marcaron para siempre.

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Rocío Carrasco se casó a los 19 años con Antonio David Flores en marzo de 1996, tras un año de convivencia, contra el deseo de sus padres, muy enamorada y embarazada de su primera hija. Un año después comenzó a morir en vida. La felicidad ya era una extraña para ella. Así lo ha confesado en los primeros capítulos de la serie documental ‘Rocío: contar la verdad para seguir viva’. Este domingo noche, abordará los años de su boda y sus dos embarazos junto a su exmarido, en los capítulos 2 y 3. Era muy joven cuando se quedó embarazada y los medios siguieron la noticia desde el minuto uno. Pudimos ver su boda en televisión y después el nacimiento de su hija Rocío en octubre de 1996 y de su hijo David, en diciembre de 1998. Pero mientras las revistas y algunos programas de televisión -yo misma formaba parte de un equipo de periodistas que siguió aquellos acontecimientos- cubrían desde fuera la historia feliz, tal y como parecía, Rocío Carrasco y Antonio David Flores la vivían desde dentro, desde la realidad, en sus momentos más tensos, complicados y difíciles.

Rocío Carrasco y Antonio David Flores en una imagen de archivo./Gtres
Rocío Carrasco y Antonio David Flores en una imagen de archivo./Gtres

Algunos los vivieron los dos, como marido y mujer que eran, en la intimidad, pero en otros, fue inevitable que hubiera alguien de la familia o algún íntimo como testigo. En 1999 llegó la separación inevitable, tal y como fueron pasando los días desde un año antes. El amor de una pareja no se puede esconder; lo contrario, tampoco. Mucho menos puedes ocultar cómo es tu relación conyugal si vives en casa de tu madre, con su marido, el servicio contratado y el resto de la familia muy presente. Ella, Rocío, callaba. Ellos, también. La matriarca Jurado adoraba a su hija, pero también la intimidad familiar y a la prensa. Los trapos, en casa. Dónde mejor se lavan. Alguien me explicó hace años, porque lo conocía de primerísima mano, que “la Jurado les inculcaba a todos que los problemas de familia se quedaban en casa”. Incendios intramuros de los que solo se veía, a veces, el humo. Así lo detalló Rocío Carrasco en el estreno de la serie. Incendios, ya fueran en la casa de Madrid, en la urbanización La Moraleja, situada a las afueras de la ciudad, como en Chipiona -Cádiz-, donde Rocío Jurado solía disfrutar, y su hija mayor durante años, de sus vacaciones. Allí fue donde un dolor insoportable de estómago llevó a la artista a consultar a un médico en Cádiz para, posteriormente, viajar a Madrid, donde la intervinieron de un cáncer de páncreas el 2 de agosto de 2004. Fallecía en junio de 2006.

Rocío Carrasco y Rocío Flores en una imagen de archivo./Gtres
Rocío Carrasco y Rocío Flores en una imagen de archivo./Gtres

El pasado domingo, la historia desconocida de Rocío Carrasco alcanzaba índices insospechados de audiencia: casi 4 millones de espectadores, un 33,2 por ciento de share. No fue el estreno de una serie más. Rocío, un antes y un después. La hija de Rocío Jurado y Pedro Carrasco narró un infierno de vida desde que se casara con Antonio David Flores, desde casi el inicio de su convivencia en Argentona -Barcelona-; contó cómo se vio afectada en su relación con sus hijos hasta separarlos de ella y cómo la casi continua presencia de su exmarido en los medios de comunicación, cuestionando y criticando duramente su papel de madre, le habían provocado un estado de angustia y terror tal durante los últimos 20 años, que hubo un día en el que no quiso seguir viva. Su testimonio, incluido el intento de acabar con su vida en agosto de 2019, esa vida que no quería seguir viviendo, según explicaba ante una audiencia pegada a la pantalla, ha levantado una oleada de reacciones sin precedentes, con el supuesto maltrato psicológico, la violencia de género y el tratamiento en los medios, de fondo. Muchos la creen y la respetan; otros muchos, no. La historia de Rocío ha supuesto ya, en su inicio -se han emitido los capítulos cero, a modo de presentación y resumen, y el capítulo 1- un revulsivo sin parangón, a excepción del terrible caso de Ana Orantes. Pero aquel no lo presentaba un programa de corazón, sino de testimonios. ‘Rocío: contar la verdad para seguir viva (La Fábrica de la Tele) es, sobre todo, un testimonio.

Carrasco acudió a la Justicia en diciembre de 2016 y tras tres años y medio de Instrucción, su denuncia por presuntas lesiones psicológicas ha sido sobreseída provisionalmente. La Audiencia Provincial de Madrid revocó en noviembre de 2018 el auto de Instancia que dictaminó, cuatro meses antes, indicios racionales contra Antonio David por presunto delito de malos tratos. Rocío recurrió sin éxito ante el Tribunal Supremo que desestimó sus pretensiones en enero de 2019. En septiembre pasado, aportó los informes médicos referentes a su ingreso hospitalario tras un intento autolítico con sobre ingesta de pastillas, acogiéndose a la posibilidad de una reapertura del caso, pero tanto el fiscal como la juez de Violencia de Género del Juzgado número 1 de Alcobendas, la misma que en su momento encontró indicios racionales para enviarlo a juicio, denegaron la apertura.

Rocío Carrasco junto a su abogado en una imagen de archivo./Gtres
Rocío Carrasco junto a su abogado en una imagen de archivo./Gtres

La Justicia no ha encontrado, hasta ahora, ni suficientes ni certeros los indicios contra Antonio David Flores; no aprecia relación directa entre su conducta -en los medios- y la patología -las lesiones- de la denunciante. A él le asiste el derecho a defenderse, si lo estima oportuno. Este domingo noche, el testimonio de Rocío volverá a sacudir. ¿Prensa del corazón? Sí, pero su historia traspasa escenarios. Innegable.

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