Iniciativas para frenar a un presidente alevoso
En estas horas en la que comienza la investidura más procaz de presidente alguno, la coincidencia general en los escasos miembros de la sociedad civil que contemplan con horror lo que va a ocurrir en el Parlamento español, es ésta que transcribo de uno de estos relatores que prepara un manifiesto global para remover las conciencias de los españoles. Dice: «No nos damos cuenta; estamos apuntando con nuestras luces cortas y no recaemos en los que se nos viene encima. Lo que está culminando Pedro Sánchez en estos crueles días de enero es un proceso que comienza muy lejos, allá por 1996 cuando la derecha -a la que el PSOE consideraba muertas para siempre- ganó las elecciones». José Manuel Garcia Margallo, ex-ministro de Exteriores, y uno de los más lúcidos analistas de este desarrollo, lo cuenta también así: «El PSOE, que siempre ha tenido indudables tentaciones totalitarias, se introdujo por entonces, victoria de Aznar, en un cambio histórico; abandonó la socialdemocracia blanda que ya no ganaba, y cultivó a los movimientos entonces minoritarios como el ecologismo, el feminismo, la memoria histórica, nacionalismos periféricos…» y «luego -continúa- se lanzó, ya en tiempos de Zapatero y sin ningún disimulo, al acercamiento con los independentistas vascos, catalanes y gallegos. No era una idea original suya, era una copia exacta de lo que Lenin hizo en la vieja Rusia: convirtió la Nación en un Estado plurinacional vertebrado únicamente por el partido».
El «proceso» que ahora «casi» termina (veremos cuáles son los siguientes episodios) se ha decantado con el bochornoso acuerdo entre Sánchez y Junqueras para, incluso, asentar al más puro «estilo soviet», comités de vigilancia para fiscalizar los acuerdos de Gobierno. Lo de menos es el término que hallen para dirigirse SOLO a los catalanes. A este respecto, un antiguo miembro del Tribunal Constitucional, auténticamente espantado por lo que está sucediendo, recuerda a este cronista: «En noviembre de 2014 en el Tribunal anulamos aquel simulacro de consulta que pretendía Artur Mas, éste modificó el nombre y le denominó de forma eufemística, ‘proceso participativo’; ahora ya ni siquiera se molestan en ocultar que se trata de un referéndum».
El Partido Popular -más activo de lo que parece- estudia quizá en estos días un recurso ante el mencionado Constitucional del acuerdo entre PSOE y ERC, pero, al parecer, tal recurso no podría prosperar porque el acuerdo es entre partidos y no gobiernos. Esa es la clave. Pedro Sánchez tiene perfectamente acrisolado el procedimiento para consumar su traición. Por tanto, ¿qué otras iniciativas caben para parar a este individuo felón? Pues existen tres que se barajan, todavía de forma especulativa: un manifiesto muy extenso y riguroso de constituyentes que pueda movilizar las conciencias hibernadas de la sociedad civil española; un intento de aplicación del Articulo 102 de la Constitución que inscribe la acusación, por traición al presidente de Gobierno; y, en tercer lugar, y casi a la desesperada, un llamamiento a la desobediencia civil que, en principio y desde luego, no estaría apoyado por los tres partidos del centro y la derecha españoles, incluido VOX.
La situación, en el mismo día en que se reafirma la alternativa parlamentaria de Sánchez, parece insoportable. Este lunes, Felipe VI se reúne con la Milicia más importante para celebrar una Pascua que debe ser trascendente. Se espera -quizá con escasa información- que el Rey, en su tradicional discurso, vaya un poco más allá de lo que lo hizo hace un año cuando, acogiéndose a la conmemoración del 175 aniversario de la bandera nacional, advirtió: «Una bandera, regulada en el Artículo 4 de la Constitución, que simboliza al conjunto de nuestra Nación, que es signo de su soberanía e independencia, de su unidad e integridad». Una mención como esta en este lunes desautorizaría absolutamente la voladura de España que está realizando Sánchez. Son mucho los militares que, de modo incógnito, suscriben las recientes palabras del teniente general Coll pero, como la mayoría del pueblo español, permanecen en silencio. El mencionado magistrado del Constitucional explica: «En el 31 España se acostó monárquica y se levantó republicana; ahora puede que se acueste siendo una Nación y se levante siendo un batiburrillo de taifas». Esto es lo que precisamente desea Sánchez.
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