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Ryan Roslansky (48 años), CEO de LinkedIn: «Los mejores trabajos no pertenecerán a quienes vayan a las mejores universidades»

Durante años, estudiar en una universidad de prestigio ha sido visto como una de las mejores formas de asegurar un buen futuro profesional. El nombre de la universidad a la que se había ido, el título y la experiencia acumulada pesaban mucho en cualquier proceso de selección a la hora de buscar trabajo. Y es algo que sigue teniendo valor, aunque el mercado laboral está cambiando a una velocidad que obliga a mirar otras cosas. Ryan Roslansky, de 48 años y ex CEO de LinkedIn, ha querido hablar de ello dejando claro que en los próximos años importará cada vez más la capacidad de adaptarse, aprender deprisa y manejar herramientas como la inteligencia artificial.

«Los mejores trabajos ya no pertenecerán a quienes tengan los títulos más prestigiosos o hayan estudiado en las mejores universidades». Lo que Roslansky pone por delante son otras cualidades: tener visión de futuro, estar dispuesto a seguir aprendiendo y saber incorporar nuevas herramientas al trabajo. No es una crítica a la formación universitaria, pero sí un aviso  sobre algo que ya empieza a verse en muchas empresas: el título por sí solo ya no basta.

Ryan Roslansky (48 años), CEO de LinkedIn: «Los mejores trabajos no pertenecerán a quienes vayan a las mejores universidades»

Durante años, determinados puestos estaban casi reservados a candidatos con una formación muy concreta. Si además el currículum llevaba el nombre de una universidad conocida, mejor todavía, y aunque ese filtro sigue existiendo en muchos sectores, cada vez convive más con otro criterio: qué sabe hacer realmente una persona. LinkedIn lleva tiempo insistiendo en esa idea ya que en lugar de fijarse únicamente en estudios y cargos anteriores, muchas empresas están empezando a valorar habilidades concretas. Resolver problemas, aprender rápido, trabajar con nuevas tecnologías o adaptarse a una forma distinta de hacer las cosas puede marcar más diferencias que un título muy brillante.

Y el caso de Roslansky tiene algo de simbólico. Estudió en la Universidad de California en Davis, pero no terminó la carrera. Dejó los estudios para centrarse en un proyecto empresarial y, años después, acabó ocupando uno de los puestos más importantes de LinkedIn.

La inteligencia artificial cambia las reglas

Buena parte de este cambio tiene que ver con la IA. No porque todas las empresas vayan a sustituir a sus trabajadores por máquinas, sino porque cada vez más tareas se hacen de otra manera y se necesitan perfiles capaces de manejar ese nuevo entorno. De hecho, cada vez son más las ofertas de empleo que piden que se tengan conocimientos de inteligencia artificial. Y no hablamos sólo de programadores o ingenieros sino que es un requisito oque vemos cada vez más en marketing, ventas, recursos humanos, comunicación o gestión.

Microsoft ya lo reflejó en una encuesta publicada en 2024. El 71% de los directivos consultados aseguró que preferiría contratar a alguien con menos experiencia pero con habilidades en IA antes que a un candidato con más trayectoria que no supiera utilizar este tipo de herramientas. Es un dato bastante revelador ya que puede que la experiencia siga contando, pero empieza a competir con algo que hasta hace poco ni siquiera aparecía en muchos currículums.

Aprender deprisa puede valer más que saberlo todo

Aquí está probablemente una de las claves del mensaje de Roslansky. No se trata de aprender una herramienta concreta y pensar que con eso basta. La tecnología cambia demasiado deprisa, y lo que hoy parece imprescindible puede quedarse viejo en muy poco tiempo. Por eso la capacidad de aprender, desaprender y volver a adaptarse empieza a tener tanto peso.

Karin Kimbrough, economista jefe de LinkedIn, lo resumió también al hablar de la adaptabilidad como una nueva «moneda» del mercado laboral. La idea encaja bastante bien con lo que está pasando: cuanto más rápido cambian las herramientas, más valor tiene una persona capaz de moverse con ellas sin quedarse atrás. En cierto modo, lo que buscan muchas empresas ya no es sólo conocimiento acumulado. También quieren saber qué hará ese trabajador cuando cambie el sistema, aparezca una herramienta nueva o tenga que aprender una tarea que hasta ese momento no existía.

La parte humana sigue contando, y mucho

Todo el peso que tiene ahora la inteligencia artificial puede llevar a pensar que las habilidades personales pasan a segundo plano, pero en realidad, Roslansky dice justo lo contrario y cree que la comunicación, la empatía, la capacidad de trabajar con otros o entender lo que necesita un cliente siguen siendo importantes. De hecho, pueden ganar valor a medida que algunas tareas más rutinarias se automatizan.

La cuestión no es elegir entre habilidades humanas o tecnológicas. El perfil más fuerte será, seguramente, el que combine ambas cosas. Saber utilizar la IA, sí, pero también pensar con criterio, relacionarse bien y tomar decisiones. De ahí que Roslansky insista tanto en la adaptación.

Quién es Ryan Roslansky

Ryan Roslansky nació en California en 1977 y tiene 48 años. Se incorporó a LinkedIn en 2009 y fue ocupando distintos puestos dentro de la compañía hasta convertirse en CEO en 2020 y hasta 2026. Durante su etapa al frente de la plataforma, LinkedIn reforzó el enfoque basado en habilidades y siguió desarrollando áreas como LinkedIn Learning. Su recorrido profesional resulta especialmente llamativo teniendo en cuenta el mensaje que ahora defiende: no terminó la universidad y, aun así, acabó dirigiendo una de las mayores redes profesionales del mundo.