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José, carpintero español de 37 años: «La gente joven que hemos cogido tiene unos estándares de trabajo, de horarios, de sueldo, que si no se cumplen pues no vienen a trabajar, vuelven a casa de su padre y ya está»

Un carpintero habla sobre su negocio y la dificultad actual para encontrar jóvenes que quieran seguir sus pasos

Aprender un oficio y dedicarse a él durante toda la vida era una salida laboral bastante habitual hace unas décadas. Muchos jóvenes comenzaban como aprendices en pequeños talleres y, con los años, terminaban convirtiéndose en profesionales capaces de ganarse bien la vida. Sin embargo, las cosas han cambiado y encontrar trabajadores dispuestos a seguir ese camino no siempre resulta sencillo. Es lo que ocurre en algunas carpinterías, donde la experiencia sigue siendo fundamental y buena parte del trabajo se aprende al lado de quienes llevan años dedicándose a la madera.

José Javier Rutia tiene 37 años y conoce perfectamente esta situación. Trabaja junto a sus hermanos en una carpintería de Zaragoza que fundó su abuelo hace casi 80 años y por la que ya han pasado tres generaciones de la familia. Aunque el negocio sigue funcionando y cuenta con varios establecimientos, contratar personal se ha convertido en una de sus mayores dificultades. En declaraciones a El Español, José reconoce que le cuesta encontrar jóvenes interesados en el oficio y cuestiona algunas de las condiciones laborales que plantean quienes buscan empleo. También recuerda que un buen carpintero puede llegar a ganar mucho dinero, siempre que esté dispuesto a dedicar años a aprender la profesión.

José, carpintero de 37 años, explica por qué cuesta encontrar jóvenes que quieran trabajar

La familia Rutia lleva tres generaciones dedicada a la carpintería. Actualmente cuenta con tres establecimientos en Zaragoza, situados en San José, el Actur y el centro, además de un taller en La Puebla de Alfindén. Allí preparan los encargos que reciben tanto de particulares como de profesionales. Su padre, aunque está prejubilado, continúa colaborando en el negocio después de una vida entera trabajando. «No fue al colegio, no tuvo oportunidad de estudiar y lleva trabajando desde niño», recuerda José, que creció viendo cómo funcionaba la empresa familiar.

Las condiciones laborales han cambiado mucho desde entonces. Rutia recuerda que, cuando era más joven, tenía amigos que no querían seguir estudiando y optaban por aprender un oficio. Buscaban empleo en los polígonos industriales y empezaban a trabajar como aprendices. Ahora asegura que encontrar candidatos dispuestos a seguir ese camino resulta bastante más difícil. «Es un tema recurrente que nos afecta. Es muy complicado encontrar gente joven», explica.

Lo que más le llama la atención son las condiciones que plantean algunos trabajadores antes de aceptar un empleo. «La gente joven, y no tan joven, que hemos cogido, tiene unos estándares de trabajo, de horarios, de sueldo, que si no se cumplen pues no vienen a trabajar, vuelven a casa de su padre y ya está», afirma. También considera que existe una mayor facilidad para ausentarse del trabajo por motivos que, según su percepción, antes no daban lugar a una baja laboral.

Un buen carpintero puede cobrar mucho dinero sin tener una carrera universitaria

Pese a las dificultades para contratar, José considera que la carpintería sigue siendo una profesión con posibilidades. Eso sí, advierte de que nadie aprende a desenvolverse en un taller de un día para otro. La formación es el  primer paso, pero buena parte de los conocimientos se adquiere trabajando junto a profesionales experimentados, enfrentándose a encargos diferentes y aprendiendo a resolver los problemas que aparecen durante la jornada. En el caso de su empresa, los oficiales veteranos enseñan a quienes llegan con menos experiencia. Para Rutia, lo fundamental no es tanto lo que sabe inicialmente un aprendiz como su disposición a mejorar. «Sirve más el interés en aprender. Al final, cuando unos años tienes persistencia, ganas, te puedes convertir en oficial», señala.

También rechaza que sea imprescindible estudiar una carrera universitaria para conseguir un buen sueldo. «Tenemos oficiales que no tienen nada que envidiar a nadie con cualquier carrera, uno bueno cobra mucho dinero a final de mes, pero eso viene de una carrera de dedicación al oficio», asegura. No ofrece cifras concretas, aunque insiste en que la experiencia y la especialización pueden traducirse en una remuneración elevada. Él mismo empezó a trabajar en la carpintería con 14 años.

La tecnología y el aumento de los costes complican el futuro de la carpintería

Otro cambio importante tiene que ver con la maquinaria. Los avances tecnológicos permiten realizar tareas que antes exigían muchas horas de trabajo manual y ayudan a compensar la falta de personal. Sin embargo, también han reducido el protagonismo de la carpintería artesanal. «Lo cierto es que ya no se demandan tanto ese tipo de trabajos donde el carpintero podía dejar su huella», explica. Modernizar un taller tampoco resulta barato. A las inversiones en equipos se suman las facturas de electricidad, el combustible y las materias primas.»Sube la luz, sube el gasoil, suben las materias primas, sube todo», lamenta.

Aunque la empresa continúa invirtiendo y procura subir los precios lo menos posible, José reconoce que empezar desde cero sería mucho más complicado. Su familia dispone de instalaciones y experiencia acumulada durante décadas, dos ventajas de las que carece quien pretende abrir ahora una carpintería.