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Giro en las cuotas de la Seguridad Social: el cambio que afecta a millones de españoles

Revisar la nómina cada mes es algo que muchos trabajadores realizan casi de forma automática cada mes. Comprueban si el sueldo está bien, si las deducciones o complementos se han aplicado y si coincide lo que se cobra con lo que ingresan. Sin embargo, entre esas cifras hay una que pasa desapercibida muchas veces, que es la cotización a la Seguridad Social y que es una parte importante del salario, aunque no siempre se le preste atención en el día a día.

Lo curioso es que no todos los trabajadores tienen que seguir pagando estas cuotas durante toda su vida laboral. Hay situaciones concretas en las que se produce un cambio relevante, especialmente cuando se alcanza la edad de jubilación pero se decide continuar trabajando. En ese punto es donde entra una medida que no todo el mundo conoce, pero que puede suponer un alivio importante tanto para el trabajador como para la empresa. Y lo más llamativo es que, pese a dejar de cotizar cuotas a la Seguridad Social en gran parte, ese tiempo sigue contando de cara a la futura pensión.

Giro en las cuotas a la Seguridad Social

Lo habitual es que, mientras estás en activo, una parte de tu sueldo se destine a las cuotas a la Seguridad Social. Es algo automático y obligatorio que se descuenta directamente en la nómina. Sin embargo, esta dinámica cambia cuando el trabajador alcanza la edad que le permitiría jubilarse y, aun así, decide seguir en su puesto. En ese momento, la normativa contempla una especie de incentivo por continuar en el mercado laboral. Ese incentivo se traduce, principalmente, en dejar de pagar buena parte de esas cotizaciones sociales.

No se trata de una exención absoluta, pero sí que es una reducción muy significativa. A partir de ahí, tanto la empresa como el trabajador dejan de abonar la mayoría de las cotizaciones por contingencias comunes, lo que en la práctica supone un ahorro considerable cada mes.

Quiénes pueden beneficiarse de esta medida

Este cambio no se aplica a cualquier trabajador, sino a quienes cumplen unos requisitos muy concretos relacionados con la edad y los años cotizados. Actualmente, afecta a quienes ya pueden acceder a la jubilación ordinaria. Esto incluye, por un lado, a las personas de 65 años que han cotizado más de 38 años y tres meses. Por otro, también a quienes tienen 66 años y diez meses si no alcanzan ese periodo de cotización.

Una vez cumplidas estas condiciones, el trabajador puede seguir en activo con ese beneficio en las cuotas. Es decir, continúa trabajando, pero con una carga menor en términos de cotización. Este punto es importante porque no implica jubilarse parcialmente ni acogerse a fórmulas mixtas. Se trata simplemente de seguir trabajando como cualquier otro empleado, pero con un tratamiento distinto en las cotizaciones.

Lo que sí se sigue pagando y lo que no

Aunque se habla de exención, no significa que desaparezcan todas las cotizaciones. Hay una parte que se mantiene y conviene tenerla clara. En concreto, se sigue cotizando por incapacidad temporal derivada de contingencias comunes. Esto garantiza que el trabajador siga protegido en caso de enfermedad o baja médica, algo que resulta además fundamental en estas edades.

Sin embargo, hay otras aportaciones que dejan de aplicarse. Entre ellas, las relacionadas con el desempleo, el Fondo de Garantía Salarial o la formación profesional. Esta reducción hace que el coste total de cotización sea bastante más bajo tanto para la empresa como para el trabajador. En la práctica, esto se traduce en una nómina que va a reflejar menos deducciones y en un menor coste laboral para las empresas, lo que puede favorecer que se mantenga a estos trabajadores en plantilla durante más tiempo.

Un detalle clave es que sigue contando para la pensión

Aquí está uno de los puntos más interesantes de toda esta medida. Aunque el trabajador deje de cotizar en gran parte, ese tiempo no se pierde. Al contrario, esos años siguen sumando a la hora de calcular la pensión de jubilación cuando finalmente se decide dejar de trabajar. Es decir, se consideran como periodos cotizados a todos los efectos, lo que puede influir directamente en la cuantía final que se perciba. Esto hace que la medida sea doblemente atractiva. Por un lado, se reduce el esfuerzo económico en cotizaciones. Por otro, se mantiene el beneficio de cara a la futura pensión. En otras palabras, el trabajador no se ve penalizado por seguir en activo, sino todo lo contrario.

En definitiva, este cambio en las cuotas de la Seguridad Social introduce un nuevo escenario para miles de trabajadores que deciden seguir trabajando aunque se hayan jubilado. Menos cotización, pero sin perder derechos, y con la posibilidad de mejorar la pensión futura. Un giro que, aunque discreto, tiene un impacto directo en el día a día de muchas personas.