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Economía
DEFENSA

Altos mandos del Ejército español alertan del peligro de estar utilizando vehículos cedidos por China: «Podrían oír órdenes o códigos»

Fuentes militares advierten de que no pueden descartar por completo que los sistemas electrónicos de los todoterrenos de origen chino permitan acceder a información sobre desplazamientos

La incorporación de todoterrenos de origen chino al Ejército de Tierra español ha generado una profunda preocupación entre altos mandos militares, que alertan de los posibles riesgos para la seguridad nacional derivados de la tecnología instalada en estos vehículos. Según explican a OKDIARIO fuentes militares de alto nivel, el principal temor no está relacionado únicamente con su funcionamiento o su capacidad operativa, sino con la posibilidad de que información sensible termine en manos de China.

«Podrían oír órdenes o códigos», advierten estas fuentes, que reconocen que se han realizado comprobaciones para detectar posibles vulnerabilidades en los sistemas electrónicos. Sin embargo, aseguran que no existe una garantía absoluta de que los vehículos no puedan transmitir información sobre las rutas que realizan o las conversaciones que mantienen sus ocupantes.

La preocupación afecta a los todoterrenos Peugeot Landtrek, cuya plataforma tiene su origen en una colaboración industrial con el fabricante chino Changan y que han sido seleccionados para sustituir progresivamente a los veteranos Santana Aníbal del Ejército de Tierra.

La adjudicación de 2024 contemplaba el suministro de miles de vehículos a través de la empresa española Iturri, encargada de su adaptación a las necesidades militares. El contrato convirtió a esta plataforma en una de las principales apuestas para renovar la flota de vehículos ligeros de las Fuerzas Armadas.

El problema, según los mandos consultados, es que la procedencia de la tecnología plantea interrogantes que las inspecciones técnicas no siempre permiten resolver de manera concluyente. La inquietud se centra en la eventual existencia de mecanismos de comunicación o recopilación de datos que pudieran pasar inadvertidos durante las revisiones.

Temor a China

El escenario que más inquieta a las fuentes militares consultadas es que determinados componentes electrónicos pudieran facilitar la recopilación de información sin conocimiento de los ocupantes. Entre los datos potencialmente sensibles figuran los desplazamientos de las unidades, sus itinerarios habituales, las instalaciones que visitan y las conversaciones que se producen durante los trayectos.

En el ámbito militar, esta información puede tener una importancia estratégica. Conocer los movimientos de determinados vehículos permitiría, en determinadas circunstancias, identificar rutinas operativas, desplazamientos de personal o patrones de actividad de las unidades.

Las conversaciones también constituyen un motivo de preocupación. Los mandos advierten del riesgo hipotético de que se pudieran captar instrucciones operativas, referencias a despliegues o códigos utilizados por los militares.

No obstante, las fuentes consultadas no afirman haber detectado un sistema de espionaje instalado en los vehículos, sino que cuestionan la posibilidad de garantizar por completo que no exista ninguna vía de acceso no autorizada a la información.

Para que se produjera una transmisión de datos de estas características, tendría que existir un mecanismo técnico capaz de captarlos y enviarlos al exterior. No consta públicamente que los Landtrek entregados al Ejército español incorporen un dispositivo de este tipo ni que se haya producido una filtración.

La distinción es importante: la preocupación expresada por los mandos se refiere a un riesgo de seguridad que consideran necesario descartar, no a una operación de espionaje acreditada.

Un contrato que sustituye a los Aníbal

La controversia tiene su origen en la adjudicación realizada en 2024 a la empresa española Iturri para suministrar hasta 4.500 vehículos militares todoterreno tácticos. El acuerdo inicial se situó en torno a los 217 millones de euros y contemplaba la sustitución progresiva de los Santana Aníbal, utilizados durante años por las Fuerzas Armadas.

Los nuevos vehículos están basados en el Peugeot Landtrek, una plataforma vinculada industrialmente al fabricante chino Changan. Sin embargo, la militarización se realiza en España y la empresa adjudicataria sostiene que incorpora tecnología europea, incluido un motor de diseño alemán.

Precisamente, esa combinación de componentes de distintos orígenes es uno de los elementos que obliga a distinguir entre la procedencia industrial del vehículo y la seguridad de los sistemas electrónicos que finalmente se instalan en él.

Iturri anunció en noviembre de 2025 la entrega de las primeras 20 unidades. Posteriormente, el Ejército de Tierra confirmó que el Grupo de Regulares de Melilla número 52 había recibido diez vehículos en febrero de 2026 para mejorar su movilidad y capacidad operativa.

Las adquisiciones han continuado durante este año. En agosto de 2026 trascendió la compra de otros 320 todoterrenos Landtrek por unos 29 millones de euros, con entregas previstas antes de finalizar noviembre.

Por tanto, el malestar trasladado por los mandos militares coincide con el despliegue progresivo de un modelo destinado a convertirse en una herramienta habitual para el transporte y los desplazamientos del Ejército de Tierra.

La seguridad de las comunicaciones, en el centro de las dudas

La preocupación de los altos mandos plantea una cuestión que va más allá del fabricante de los vehículos: hasta qué punto pueden las Fuerzas Armadas controlar todos los componentes electrónicos de los equipos que adquieren a través de proveedores internacionales.

Los sistemas de navegación, localización, comunicaciones y entretenimiento que incorporan muchos vehículos modernos pueden disponer de micrófonos, receptores de posicionamiento o conexiones inalámbricas. Sin embargo, la presencia de estos elementos en automóviles comerciales no demuestra que estén instalados o activos en la versión militar del Landtrek.

Para los mandos consultados por OKDIARIO, la cuestión fundamental es la imposibilidad de ofrecer garantías absolutas sobre la ausencia de vulnerabilidades, incluso después de realizar comprobaciones técnicas.

El Ejército se encuentra así ante un dilema: necesita renovar una flota envejecida, pero algunos de sus responsables expresan reservas sobre los posibles riesgos tecnológicos de una plataforma con vínculos industriales chinos.