José Mourinho cree en Eduardo Camavinga. Le gusta. Ve en el centrocampista francés unas condiciones extraordinarias y considera que tiene absolutamente todo para convertirse en un jugador importante en su Real Madrid. No es el primer entrenador que piensa así. Xabi Alonso también creyó siempre en su potencial, pero en el club entienden que ha llegado el momento de que sea el propio futbolista quien termine de dar el paso. Camavinga tiene 23 años, acumula experiencia al máximo nivel y ya no puede vivir eternamente de aquello que puede llegar a ser.
El mensaje que existe alrededor del jugador es muy claro: que Camavinga espabile depende únicamente de Camavinga. Nadie dentro del Real Madrid discute sus condiciones. Tiene físico, potencia, conducción, capacidad para recuperar metros, calidad técnica y unas características difíciles de encontrar en el mercado. El problema es transformar todo ese potencial en regularidad. Y, sobre todo, conseguir que su cabeza esté definitivamente al servicio de sus condiciones futbolísticas.
Mourinho quiere intentarlo. El portugués ha detectado las virtudes del francés y considera que puede ayudarle mucho durante la temporada. Después del 4-0 contra el Málaga incluso decidió protegerle públicamente. «Hoy, Camavinga, un chico que no es muy amado, ha hecho un partidazo», aseguró el entrenador madridista. Una frase que no fue casual. Mourinho sabe que Camavinga ha estado muy cuestionado y quiere recuperar a un futbolista que, en su mejor versión, ofrece unas posibilidades enormes en el centro del campo.
Se salvó por la campana
Pero la realidad es que Camavinga estuvo mucho más cerca de salir del Real Madrid este verano de lo que puede parecer ahora. Su nombre estuvo encima de la mesa y desde Inglaterra aparecieron clubes interesados en hacerse con sus servicios. El Madrid estaba dispuesto a escuchar propuestas importantes y su continuidad no estuvo garantizada durante buena parte del mercado. Llegó a tener una oferta del Manchester City encima de la mesa en los últimos días de mercado, pero, en ese momento, todas las partes dijeron que «no».
Finalmente, se quedó. En buena medida porque el propio Camavinga nunca tuvo intención de marcharse. El francés quería continuar en el Real Madrid y demostrar que todavía puede triunfar vestido de blanco. Se salvó por la campana, pero en el club consideran que los avisos se han terminado. Este verano debe servirle como punto de inflexión.
La llegada de Mourinho supone una nueva oportunidad, posiblemente una de las últimas para demostrar que puede alcanzar el nivel que siempre se le ha presupuesto. El técnico portugués no tiene prejuicios con Camavinga. Al contrario. Le gustan sus condiciones y está dispuesto a trabajar con él, pero su modelo se sustenta sobre la exigencia, la concentración y la meritocracia. Jugará quien se lo gane.
El partido contra el Málaga fue una primera demostración. Con Tchouaméni fuera, Camavinga apareció en el once y respondió con una actuación que convenció a Mourinho. El portugués quiso reconocerlo inmediatamente porque también entiende que recuperar al francés puede equivaler prácticamente a realizar un fichaje.
Todo depende de Camavinga
La cuestión ya no es descubrir qué puede ofrecer Camavinga. Eso lo sabe perfectamente el Real Madrid. También lo sabía Xabi y ahora lo sabe Mourinho. La cuestión es conseguir que Camavinga ponga de una vez su cabeza a disposición de todo ese potencial.
Tiene que reducir errores, mantener la concentración durante los 90 minutos, entender mejor determinados momentos de los partidos y encontrar la regularidad que le ha faltado. Ya no basta con encadenar grandes actuaciones con partidos en los que vuelve a generar dudas. El Real Madrid necesita que dé un paso adelante definitivo.
Mourinho está dispuesto a ayudarle. Su defensa pública después del encuentro contra el Málaga demuestra que el entrenador portugués ve algo en él y que quiere recuperarlo para la causa. Pero tampoco habrá privilegios. La competencia en el centro del campo será enorme cuando Tchouaméni esté nuevamente disponible y cada oportunidad tendrá un valor especial.
Camavinga tiene otra vida en el Real Madrid. Quizá la última. El mercado se cerró, se quedó donde quería estar y Mourinho cree en sus posibilidades. Ahora ya no existen excusas. Tiene entrenador, tiene oportunidades y, especialmente, tiene talento. Convertir todo ese potencial en un futbolista verdaderamente determinante sólo depende de él.