El fútbol europeo sigue pendiente del principio de acuerdo alcanzado entre Real Madrid, UEFA y la European Football Club tras tres meses de intensas conversaciones y reuniones, y que este miércoles se oficializó mediante comunicados conjuntos. Pero este acuerdo va mucho más allá: no solo confirma que la entidad presidida por Florentino Pérez ha sido capaz de mejorar el día a día de todos los clubes europeos, sino que, desde Valdebebas, ya se preparan los cimientos para unir al fútbol mundial bajo un mismo proyecto de estabilidad y cooperación.
El Real Madrid mantiene una relación sólida con la FIFA y, al mismo tiempo, ha tendido los primeros puentes para recuperar una relación cordial con la UEFA. Ahora, con la entidad madridista de nuevo de la mano del máximo organismo europeo, la posibilidad de que esta guerra fría entre ambas instituciones se atenúe se vuelve real y tangible.
El club blanco es, sin lugar a dudas, el primer interesado en que FIFA y UEFA trabajen de manera coordinada, porque con ello será mucho más sencillo alcanzar objetivos comunes que beneficien a todos los clubes: desde un calendario menos comprimido, que proteja la salud de los futbolistas, hasta un reparto económico más equitativo y justo. Al mismo tiempo, ambos organismos son plenamente conscientes de que con el Real Madrid integrado en el sistema, cualquier negociación se desarrolla con mayor facilidad y eficacia.
Una tensión que viene de lejos
La tensión entre FIFA y UEFA no es nueva; se trata de un enfrentamiento histórico que siempre ha latido bajo la superficie. Sin embargo, la chispa más reciente que encendió la confrontación tuvo nombre propio: Gianni Infantino y su postura tibia ante la Superliga, a la cual, hace unas horas, se le puso punto final. Aleksander Ceferin vivió aquel proyecto de Florentino Pérez como un desafío directo al corazón del fútbol europeo y reaccionó con vehemencia, movilizando a todos los implicados y recibiendo contestaciones inmediatas y contundentes.
La intensidad de aquel momento apenas duró 48 horas: el fútbol inglés, alemán, el PSG y prácticamente todos los clubes relevantes se bajaron del barco al instante. En ese contexto, FIFA mantuvo una oposición discreta, tan contenida que Ceferin la percibió como un ataque personal. A partir de allí, las relaciones entre ambos presidentes se deterioraron de manera casi irreversible.
Se instaló entonces una suerte de guerra fría en una relación que, hasta entonces, tampoco podía calificarse de excelente: existía una distancia evidente, pero ambas instituciones conservaban las formas en asuntos profesionales y actuaban de manera conjunta solo cuando era estrictamente necesario, con una cortesía que nunca ocultaba la tensión subyacente.
En los años siguientes, la tensión se ha ido intensificando con la creación de nuevas competiciones, como el Mundial de Clubes de la FIFA, celebrado el pasado verano con el total apoyo del Real Madrid y con la oposición de la UEFA. A ello se suma un calendario cada vez más cargado, que genera fricciones entre ambos organismos mientras los futbolistas reclaman que se piense en su bienestar. Hoy, con todos los actores sentados en la misma mesa, el objetivo es claro: alcanzar acuerdos lógicos y estratégicos que beneficien a los clubes y garanticen la estabilidad del fútbol europeo.