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Apellidos

Si tu apellido está en ésta lista tus antepasados fueron huérfanos o niños no queridos por sus familias: 100% confirmado

El origen de los apellidos es una pieza clave para entender la historia de muchas familias y sus antepasados. En España, algunos de ellos están relacionados con una práctica que fue común durante siglos: asignar un apellido a los niños abandonados o huérfanos. Esta costumbre, que se extendió especialmente entre la Edad Moderna y el siglo XIX, respondía a una necesidad que surgió debido a la necesidad de registrar a los menores que quedaban bajo el cuidado de instituciones religiosas o benéficas.

Cuando un recién nacido era abandonado en una iglesia, convento o inclusa (instituciones que se dedicaban a acoger a menores sin familia), las autoridades debían inscribirlo en los registros. Al no conocer el nombre de sus padres, se les otorgaba un apellido que, en muchas ocasiones, hacía referencia a la situación en la que los niños se encontraban. Con el paso del tiempo, muchos de estos apellidos se fueron transmitiendo de generación en generación, hasta convertirse en parte del árbol genealógico de muchas familias que pudieron conocer la historia de sus antepasados.

Uno de los ejemplos más conocidos de esto es el apellido Expósito, que fue utilizado históricamente para referirse a aquellos niños «expuestos»,  abandonados, huérfanos o de origen desconocido en la Europa medieval y España. Este apellido llegó a ser bastante común en diferentes puntos del país, aunque en la actualidad, en la mayoría de los casos, ya no guarda ningún tipo de relación con su origen.

Además de Expósito, existieron otros apellidos que se utilizaban en situaciones similares. De la Cruz era muy usado en las instituciones religiosas y Diosdado hacía referencia a que el niño venía «dado por Dios». Mientras que unos apellidos eran relacionados con la caridad y la protección, otros hacían referencia al lugar donde el niño había sido encontrado o al momento en el que era registrado.

Con el paso del tiempo y la creación de un sistema de registro más organizado, estas prácticas fueron cambiando. A finales del siglo XIX, con la importante implementación del Registro Civil moderno, se buscó evitar que los apellidos revelaran el apellido de los menores abandonados, ya que en muchos casos esto llegaba a repercutir a nivel social, llegando a marginar a muchos de estos niños y evitando que crecieran en la pirámide social.

Hoy en día, estos apellidos forman parte de la historia y la cultura de Europa y España. Ahora, más que una etiqueta, estos apellidos representan el recuerdo de una época en la que miles de niños comenzaban su vida sin saber su verdadero origen, pero que terminaron dejando su huella en las generaciones posteriores.