Según la psicología, reírse en un tanatorio no significa falta de respeto, sino más bien ser una respuesta corporal involuntaria a la tensión y al malestar emocional
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Hay determinadas circunstancias en las que, aunque no parezca el momento más adecuado, surge una risa que puede interpretarse como un gesto ofensivo o una falta de respeto. Es lo que ocurre, por ejemplo, cuando algunas personas se ríen en un tanatorio o durante un funeral. Sin embargo, según la psicología, esta reacción no tiene por qué considerarse una muestra de insensibilidad; en realidad, se trata de una risa nerviosa que aparece como forma de liberar la tensión emocional. Funciona como un mecanismo de regulación que activa el cerebro cuando se enfrenta a altos niveles de estrés.
En este tipo de situaciones, la risa no está relacionada con la felicidad, sino que el cerebro recurre a ella para «amortiguar» el impacto de emociones intensas, como la tristeza ante el fallecimiento de un ser querido. Más allá de la psicología, diversas investigaciones neurocientíficas sobre este comportamiento apuntan a que, ante situaciones de una elevada carga emocional, el sistema nervioso puede desencadenar reacciones aparentemente contradictorias, como llorar de alegría o reír en momentos dolorosos, como sucede en un tanatorio.
Por qué hay personas que no pueden evitar reírse en un tanatorio
Margaret Clark, profesora de Psicología en la Universidad de Yale, dedicó parte de su trayectoria académica a investigar las llamadas «expresiones dimorfas», un fenómeno en el que las manifestaciones externas no coinciden con la emoción que una persona siente internamente. «Cuando estás abrumado y sientes algo demasiado intenso, expresar lo opuesto parece regular esa emoción inicial», explicó Clark en declaraciones recogidas por la emisora WHYY.
Desde el ámbito de la neurociencia, Jordan Raine, investigador de las vocalizaciones humanas no verbales en la Universidad de Sussex, ofrece una explicación muy interesante para entender este comportamiento. Según el experto, esta reacción se debe a un conflicto entre dos regiones cerebrales: las estructuras corticales, responsables de valorar lo que sucede y determinar cómo actuar, y el cerebelo, una zona más antigua desde el punto de vista evolutivo que participa en distintas respuestas automáticas.
¿Reírse en el tanatorio significa que una persona no está atravesando un duelo? No, ya que una reacción puntual no permite saber el dolor que alguien está experimentando ni qué tipo de relación mantenía con la persona fallecida. Según los psicólogos, el duelo se puede manifestar de distintas maneras. Hay quienes lloran abiertamente, mientras que otras personas permanecen en silencio, sienten irritabilidad o experimentan distintas emociones en cuestión de horas. Por lo tanto, el hecho de no derramar una sola lágrima tampoco significa que exista indiferencia ante el fallecimiento de un ser querido.
A nivel cerebral, cuando un estímulo externo genera una sobrecarga emocional, las estructuras corticales presentan más dificultades para controlar la respuesta. Como consecuencia, aparece una risa nerviosa que escapa al control consciente. «Nuestro propio cuerpo nos lleva a reír para aliviar la tensión, incluso cuando preferiríamos mantenernos serios», afirmó Steve Ellen, director del Programa de Oncología Psicosocial de Melbourne.
Por su parte, el neurocientífico V. S. Ramachandran explicó la diferencia entre la risa provocada por situaciones trágicas y la que surge del humor. Según esta perspectiva, la primera se origina en la garganta, mientras que la segunda nace en el abdomen. Esta diferencia puede hacer que los demás perciban que la reacción no encaja con las circunstancias. «Tenemos esa reacción porque queremos hacernos creer que aquello horrible que encontramos no es tan terrible como parece».
El papel de la risa nerviosa
La risa en momentos poco apropiados suele ser, según explica Andrea Trujillo Estrada, psicóloga de Blua de Sanitas, a CuídatePlus, «una reacción involuntaria del cerebro ante situaciones de tensión o incomodidad». Cuando una persona está en un tanatorio, «el cerebro responde con risa como una forma de liberar estrés o aliviar la presión del momento».
Otro elemento que influye en esta reacción es lo que denomina «la prohibición implícita». Esto ocurre cuando somos conscientes de que no debemos reírnos, una circunstancia que hace que «la risa se vuelve más difícil de controlar». La explicación es muy simple: «la mente, al enfocarse en evitar algo, termina dándole más importancia».
Asimismo, «la risa puede ser una respuesta a la disonancia cognitiva, es decir, cuando hay una contradicción entre lo que sentimos y lo que se espera de nosotros». Ante esta contradicción, «el cerebro intenta equilibrar la tensión a través de una reacción inesperada».
Finalmente, ofrece varias recomendaciones para controlar la risa en los momentos más inoportunos. Una de ellas es practicar la respiración profunda, ya que respirar de forma pausada y controlada ayuda a tranquilizar la mente, reducir la tensión y recuperar la concentración. Otra estrategia consiste en redirigir la atención cuando se percibe que la risa está a punto de aparecer. «Si sientes que la risa está por llegar, intenta concentrarte en algo diferente, como una tarea o un pensamiento más serio. Esto puede distraerte y evitar que la risa se haga más fuerte».
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