Curiosidades
Don Quijote

La reflexión vital de Don Quijote (1615): «Con todo eso, te has de sentar; porque a quien se humilla, Dios le ensalza»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

«Don Quijote de la Mancha» es una novela escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, considerada la obra más importante de la literatura española y una de las más destacadas de la literatura universal. La primera parte se publicó en 1605 con el título «El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha», mientras que la segunda vio la luz en 1615 bajo el nombre «Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha».

La obra supuso una ruptura con la tradición de las novelas de caballerías, ya que las parodia mediante un tono humorístico y satírico. Por ello, muchos críticos la consideran una de las primeras novelas modernas y una referencia fundamental para el desarrollo de la narrativa europea.

«Con todo eso, te has de sentar; porque a quien se humilla, Dios le ensalza»

En mitad del bosque, unos cabreros invitan a don Quijote y a Sancho Panza a compartir unos tasajos de cabra que habían despertado el apetito del fiel escudero. Cuando la comida estuvo lista, los cabreros extendieron unas pieles de oveja sobre el suelo y se sentaron alrededor. Después pidieron a don Quijote que ocupara un dornajo, una pequeña artesa para dar de comer a los cerdos, que habían colocado boca abajo a modo de asiento. Don Quijote aceptó, mientras Sancho permanecía de pie para servirle la bebida en una copa hecha de cuerno.

Su amo le ordenó que se sentara con ellos, pero Sancho insistió en quedarse de pie, asegurando que así disfrutaba más de la comida que si estuviera sentado junto a un emperador. Aquellas palabras hicieron pensar a don Quijote que su escudero actuaba con sencillez y humildad, por lo que le respondió:

-«Con todo eso, te has de sentar; porque a quien se humilla, Dios le ensalza».

Acto seguido, Cervantes cuenta que don Quijote lo tomó del brazo y lo obligó amablemente a sentarse a su lado.

Este episodio transmite una valiosa enseñanza contra la soberbia y, al mismo tiempo, recuerda que la verdadera humildad no debe confundirse con la humillación o el menosprecio de uno mismo. El proverbio procede de una parábola del evangelio de San Lucas, en la que se afirma: «El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Lc 18, 14). Estas palabras hacen referencia al fariseo y al publicano, y resaltan el valor de la humildad sincera frente al orgullo.

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