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El ficus y el poto son nombres que no pueden faltar en las listas de plantas recomendadas para casa. El ficus tiene porte, pero es caprichoso. El poto es casi infalible en cuidados mínimos, pero sus hojas pequeñas y sus tallos rastreros tienen un límite decorativo. Frente a ambas, existe una planta de interior que lleva siglos demostrando que resistencia y elegancia pueden ir de la mano.
Es una planta que, en su época de mayor popularidad, llegó a decorar los pubs victorianos de Londres y los vestíbulos de los grandes hoteles de toda Europa. Resistía el humo del carbón de las chimeneas, los gases de las lámparas y la oscuridad de los pasillos interiores sin perder su porte. Hoy, ese mismo carácter la convierte en una de las mejores aliadas para el verano español.
Misterio revelado: esta es la planta de interior más resistente que existe y que refresca cualquier salón en verano
La planta se llama aspidistra (Aspidistra elatior) y es conocida también como pilistra, planta del hierro o, en algunos puntos de España, orejas de burro. Es originaria de los bosques umbrosos de China y Japón, donde crece en suelos húmedos y sombreados.
Su nombre científico combina el griego aspidion (escudo pequeño) con una referencia a su porte erguido: una descripción ajustada de sus hojas largas, lanceoladas y de un verde oscuro brillante que puede alcanzar los 60 centímetros.
Lo que la convierte en aliada para el verano es la transpiración, una propiedad que comparten las plantas con gran superficie foliar. La aspidistra libera vapor de agua a través de sus hojas durante las horas de más calor, lo que aumenta la humedad relativa del entorno y genera un efecto refrescante en el microclima del salón.
A eso se suma su capacidad de absorber la radiación luminosa (y la energía calorífica que la acompaña) sin necesitar exposición directa al sol. Sus hojas oscuras interceptan la luz antes de que esta caliente el suelo y las superficies interiores.
Cómo cuidar la aspidistra: un manual corto y bastante sencillo
La aspidistra tolera lo que casi ninguna otra planta de interior de tamaño similar acepta. ¿Y qué sería eso? Pues, luz escasa, riego irregular, variaciones bruscas de temperatura y corrientes de aire. Dicho esto, ahora se entiende por qué la llaman planta del hierro.
- Luz: prefiere la sombra o la semisombra. El sol directo quema sus hojas y las mancha de amarillo. Un rincón alejado de la ventana es su hábitat natural en el salón.
- Riego: una vez por semana en verano; cada diez o quince días en invierno. Tolera la sequía mejor que el encharcamiento. El exceso de agua pudre las raíces.
- Temperatura: aguanta desde los -5 °C hasta los 30 °C. En pleno verano español no necesita ninguna protección especial.
- Abono: fertilizante mensual en primavera y verano. Sin abono en otoño e invierno.
- Sustrato: rico en materia orgánica y bien drenado. No necesita trasplante frecuente por su crecimiento lento.
Un detalle práctico: sus hojas anchas acumulan polvo con más facilidad que las de otras plantas. Limpiarlas cada pocas semanas con un paño húmedo o con agua templada las mantiene brillantes y mejora su capacidad respiratoria.
La planta de interior victoriana que sobrevivió a dos siglos de modas
La aspidistra llegó a Europa en 1824, cuando el jardinero John Damper Parks la trajo desde Asia en un viaje organizado por la Royal Horticultural Society.
En pocas décadas se convirtió en la planta omnipresente de los salones victorianos. Como se mencionó previamente, resistía el humo del carbón, los gases de las lámparas y la penumbra de las habitaciones sin ventanas.
Era tan ubicua en Gran Bretaña que llegó a ser un símbolo de la clase media de la época, y en los pubs londinenses se la conocía como bar room plant por su capacidad de sobrevivir a todo.
Y como dato de color, hay una ventaja adicional para los hogares con animales: la aspidistra es completamente segura para gatos y perros.
A diferencia del ficus, que puede irritar la piel y el tracto digestivo de las mascotas, o de otras plantas de interior con compuestos tóxicos, la aspidistra no representa ningún riesgo.
Se propaga por división de rizomas, lo que significa que una planta bien establecida puede dar lugar a otras nuevas sin coste. Crece despacio, pero dura décadas con los mismos cuidados mínimos. No florece de forma llamativa (su flor, pequeña y oscura, aparece al ras del suelo), pero tampoco lo necesita, porque el protagonismo se lo roban las hojas.
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