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Premio Nobel

Navi Pillay, jurista sudafricana (85 años) premio Nobel de la Paz 2026: «La prueba de una Constitución no es lo bien que queda sobre el papel, sino cómo influye en la vida real de la gente»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El Comité Noruego anunció este viernes en Oslo el nombre del ganador del Nobel de la Paz de 2026, y la elección ha recaído en una figura poco conocida para el gran público español. Se trata de Navanethem Pillay (conocida como Navi), una jurista sudafricana de 85 años que ha pasado más de cinco décadas entre despachos, tribunales y organismos internacionales.

Su reacción al recibir la llamada retrata bien su carácter: «Siendo abogada y jueza, todavía quiero verificarlo», respondió jocosamente antes de dar por buena la noticia. Y detrás de ese galardón hay una biografía que arranca en la Sudáfrica segregada y una frase sobre las constituciones que resume buena parte de su manera de entender el derecho y la justicia.

¿Por qué Navi Pillay ha ganado el Nobel de la Paz 2026?

El comité ha concedido el Nobel de la Paz a Pillay por sus esfuerzos en favor de la paz y del derecho internacional, según el comunicado oficial publicado en Oslo.

El texto en cuestión la define como una de las grandes defensoras de los principios legales internacionales de nuestro tiempo, en un momento en que ese sistema está «bajo una enorme presión».

A su vez, la organización subraya dos aportaciones concretas, ambas ligadas a su etapa en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. Su influencia fue decisiva para que ese tribunal estableciera que la violación y la violencia sexual pueden constituir crimen contra la humanidad e incluso genocidio.

En el mismo caso (el conocido caso Akayesu, de 1998), un acusado respondió por primera vez por incitar al genocidio solo por difundir propaganda.

De la Sudáfrica del «apartheid» a los tribunales de La Haya: un poco de la historia de Navi Pillay

Pillay nació el 23 de septiembre de 1941 en Durban, en una familia de origen tamil llegada a Sudáfrica como mano de obra contratada a finales del siglo XIX. Su padre era conductor de autobús y el dinero escaseaba. «Crecimos muy pobres», recordaba en una entrevista con Naciones Unidas en 2025. Aun así, sus padres se empeñaron en que todos sus hijos estudiaran.

Así, se licenció en la Universidad de Natal y, en 1967, se convirtió en la primera mujer no blanca en abrir un despacho de abogados en Natal.

Posteriormente, bajo el régimen segregacionista, defendió a activistas contrarios al apartheid, entre ellos Nelson Mandela, y logró que se reconocieran derechos básicos a los presos de Robben Island. Años después completó un doctorado en Derecho en la Universidad de Harvard.

Su salto internacional llegó en 1995 como jueza del tribunal creado para el genocidio de Ruanda, que presidió entre 1999 y 2003. }

Después pasó cinco años en la Corte Penal Internacional y, entre 2008 y 2014, fue alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos.

Hoy, con 85 años, sigue en activo como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia en el caso que acusa a Myanmar de genocidio contra los rohinyás.

«Sobre el papel»: la frase de la ganadora del Nobel de la Paz sobre la Constitución

La frase que acompaña su nombre estos días procede de una tribuna que la propia Pillay firmó en el portal sudafricano IOL el 19 de marzo de 2026.

Allí escribió que «la prueba de nuestra Constitución no es lo bien que queda sobre el papel, sino cómo se vive en la vida real de la gente».

Y añadió, parafraseando a Gandhi, que la medida es cómo la vive la persona más pobre que uno conoce.

La fecha no era casual. El texto llegaba en vísperas del Día de los Derechos Humanos, que recuerda la matanza de Sharpeville de 1960, cuando la policía mató a 69 personas en una marcha pacífica.

En este sentido, Pillay admitía que, sobre el papel, Sudáfrica tiene motivos de orgullo, empezando por una Constitución que cumple 30 años y en cuya cláusula de igualdad participó. En la vida real, en cambio, «hay mucho menos que celebrar».

Para ilustrarlo, la jurista citaba dos casos de Durban, su ciudad natal. Por un lado, grupos de autoproclamados vigilantes bloqueaban desde hacía más de ocho meses el acceso a hospitales públicos a extranjeros (incluso a los que residían de forma legal) y a sudafricanos sin documento de identidad.

Por otro lado, denunciaba agresiones a personas sin hogar por parte de guardias de seguridad privada contratados por el propio ayuntamiento.

La entrega de un Nobel de la Paz entre aplausos y críticas por Gaza

Su último gran encargo antes del premio fue la presidencia de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado, creada en 2021.

Ese organismo concluyó en 2025 que Israel había cometido genocidio en Gaza, una acusación que el Gobierno israelí rechaza de plano. Pillay dejó el cargo a finales de ese mismo año, tras más de cuatro años al frente.

Ante este marco, la respuesta de Israel no se hizo esperar. Según recoge la cadena estadounidense CBS News, el Ministerio de Exteriores calificó la decisión de «grotesca instrumentalización de un premio» para legitimar el odio contra el país.

Pillay, en sus primeras declaraciones, se preguntó por qué haría falta valentía «para decir la verdad» y bromeó con que, si el público aplaudía más fuerte, quizá compartiría el galardón con Donald Trump.

El premio, dotado con 12 millones de coronas suecas (algo más de un millón de euros), se entregará en Oslo el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel. El comité eligió a Pillay entre 287 candidaturas, justo cuando se cumplen 125 años de la primera edición de un galardón que ya en 1901 defendía resolver los conflictos a través del derecho.