Curiosidades
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La mejor frase de un Nobel la dijo un español: “Me he acostumbrado a seguir viviendo porque soy demasiado cobarde para quitarme de en medio”

  • Ángel Pérez
  • Soy Ángel Pérez, periodista titulado por la Universidad Europea y con un máster de Periodismo Deportivo en la Universidad Villanueva.

Esta frase no pertenece a un poeta famoso ni a un filósofo existencialista, sino a un científico preciso, meticuloso y ganador del Premio Nobel de Medicina. “Me he acostumbrado a seguir viviendo porque soy demasiado cobarde para quitarme de en medio”. Esta afirmación pertenece a Severo Ochoa Albornoz, cuando se convirtió en viudo y la ciencia no bastaba para llenar la casa.

Ochoa nació en 1905 en Luarca, un puerto asturiano. Su padre falleció cuando él era un niño, por lo que su infancia y juventud estuvieron marcadas por la fragilidad de la vida. Es posible que por eso se aferrase tanto al estudio como si fuera su tabla de salvación. La medicina fue su primera elección, pero la bioquímica acabaría siendo su verdadero idioma. En unos años donde el ADN era difícil de comprender, él se obsesionó con entender cómo las células fabrican la vida.

Su carrera estuvo marcada por el exilio. La Guerra Civil y la posguerra le empujaron fuera del país. Pasó por diferentes países como Alemania o Inglaterra hasta que se asentó en Estados Unidos. Allí logró uno de los descubrimientos fundamentales del siglo XX, la identificación de la enzima polinucleótido fosforilasa, clave para entender cómo se sintetiza el ARN, lo que permitió descifrar el código genético.

El Premio Nobel llegó en 1959, compartido con Arthur Kornberg. Ochoa lo recibió con gratitud, pero sin una gran grandilocuencia. Sabía que la ciencia avanzaba por la perseverancia, los errores acumulados y las horas grises del trabajo.

Foto de prensa: Bioquímico Dr. Severo Ochoa en el laboratorio, 1959. // Dominio público, vía Wikimedia Commons

Importancia de su mujer en su vida

Para entender esta frase, hay que hablar de Carmen Cobián, su esposa y compañera durante más de cuarenta años. Fue el centro de gravedad de Severo Ochoa, al compartir la precariedad inicial, el ascenso académico y el exilio hasta 1986, cuando ella falleció. A partir de entonces, Ochoa quedó desorientado.

Es por ello que afirmase una de sus citas más célebres: «Mi verdad básica es que todo tiempo es un ahora en expansión. Yo estuve locamente enamorado de Carmen toda la vida. Ahora, el tiempo está ocupado. Pero no tengo interés por la vida. Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre. Y ahora la vida sin ella no es vida». Con esta frase, queda demostrado que incluso quienes han descifrado los mecanismos más íntimos de la vida pueden quedar desarmados ante la pérdida.

Sin embargo, nunca rompió su conexión con su origen. Siempre que podía volvía, miraba el mar Cantábrico, caminar por el puerto. Allí quería estar, y allí está ahora, ya que sus cenizas reposan en el cementerio de Luarca. La frase, por tanto, ayuda a desmontar el mito de que la ciencia puede ser un refugio frente al dolor. La ciencia explica, ilumina, transforma el mundo, pero no vacuna contra la tristeza.