Una canción de rock de 1972 de 44 minutos de duración sigue siendo uno de los mayores clásicos de la historia después de 54 años
«La guitarra me permite poder expresarme con el resto del mundo sin utilizar la palabra»
«El poeta no es un filósofo, sino un clarividente»
El ingrediente que odian las cucarachas y todo el mundo tiene en su casa
Thick As a Brick, de Jethro Tull, continúa siendo una de las obras más influyentes del rock progresivo más de cinco décadas después de su publicación. Lanzado en 1972, el álbum sorprendió por una propuesta poco habitual para la época: una sola canción de casi 44 minutos repartida entre las dos caras del vinilo original.
Aunque el grupo británico ya había alcanzado una enorme repercusión con Aqualung un año antes, este trabajo llevó todavía más lejos sus ambiciones musicales. Con una mezcla de folk británico, jazz, blues, rock y arreglos de inspiración sinfónica, el disco se convirtió en una referencia obligada.
El álbum de Jethro Tull que redefinió el rock progresivo
Publicado el 3 de marzo de 1972, «Thick As a Brick» fue concebido por Ian Anderson como una respuesta a quienes habían definido Aqualung como un álbum conceptual. Molesto con esa interpretación, el líder de Jethro Tull decidió llevar la idea hasta el extremo y crear una obra que sí encajara plenamente en esa categoría.
El resultado fue una composición única de 43 minutos y 50 segundos, dividida en dos partes únicamente por las limitaciones físicas del formato vinilo. A pesar de esa separación, la música mantiene una continuidad constante, hasta el punto de que algunos efectos sonoros enlazan ambas secciones.
La grabación reunió a una formación renovada de la banda. Junto a Anderson participaron Martin Barre, John Evan, David Palmer, Jeffrey Hammond-Hammond y Barriemore Barlow. Durante varias semanas de ensayos en Londres, Anderson desarrolló nuevas ideas cada mañana y las llevó al estudio por la tarde para trabajarlas junto al resto del grupo.
Musicalmente, el álbum representó un paso decisivo hacia el rock progresivo. La presencia de teclados adquirió un papel mucho más relevante que en trabajos anteriores, mientras que la característica flauta de Anderson convivió con órganos Hammond, xilófonos, violines y numerosos cambios de ritmo y atmósfera que acercaban la obra a una estructura casi sinfónica.
Una sátira que acabó convirtiéndose en una obra maestra
Paradójicamente, el proyecto nació como una sátira del propio rock progresivo que triunfaba en aquellos años. Anderson explicó posteriormente que el disco pretendía parodiar algunas de las tendencias más grandilocuentes del género, representadas por grupos como Yes o Emerson, Lake & Palmer.
Sin embargo, lo que comenzó como una broma terminó consolidándose como una de las obras más admiradas del movimiento. El álbum alcanzó el número uno en las listas de ventas de Estados Unidos y se situó entre los más vendidos del Reino Unido, reforzando el prestigio internacional de Jethro Tull.
Otro de sus elementos más recordados fue la portada. El disco se presentó como un periódico ficticio llamado St. Cleve Chronicle & Linwell Advertiser, un diseño tan elaborado que, según se ha contado con frecuencia, requirió incluso más trabajo que la propia música.
Entre sus páginas aparecían noticias inventadas, juegos, anuncios y la historia de Gerald Bostock, un supuesto niño prodigio que habría escrito el poema en el que se basaba la letra del álbum.
El legado de una obra que sigue fascinando décadas después
La combinación de la voz y la flauta de Ian Anderson, los riffs y solos de Martin Barre y una estructura musical extraordinariamente ambiciosa ha permitido que el disco siga siendo considerado una de las grandes declaraciones artísticas del rock de los años setenta.
Aunque Jethro Tull rara vez interpretaba la obra completa en directo y normalmente optaba por tocar fragmentos de la composición, la pieza ha conservado intacto su atractivo para varias generaciones de aficionados.
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