Cool
La crítica sin spoilers

Meryl Streep encara la decadencia en ‘El diablo viste de Prada 2’

Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci vuelven al cine con 'El diablo viste de Prada 2' tras 20 años

Seguro que Meryl Streep nunca se planteó encarar la decadencia más absoluta en El diablo viste de Prada 2, pero dos décadas de diferencia entre la primera película y esta millonaria producción no podían pasar desapercibidas. Junto a Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt y Stanley Tucci recuperan el universo de Runway dominado por Miranda Priestly en The Devil Wears Prada -título para los fans más puristas-, que llega a la cartelera de los cines españoles este jueves, 30 de abril.

Aline Brosh McKenna (guion) y David Frankel (dirección) logran algo impensable con El diablo viste de Prada 2: calcar la primera película para romper la regla no escrita de que segundas partes nunca fueron buenas y, a la vez, ofrecer un largometraje nuevo. ¿Cómo? Con una destreza muy sutil.

La premisa ya es un imán de por sí: la tremenda crisis reputacional a la que se enfrenta Miranda Priestly y que amenaza con arrastrar a Runway, agravada por la inestabilidad del periodismo. Un tema que, por norma general, suele funcionar en el cine.

El diablo viste de Prada 2 rescata todo lo bueno de la película de 2006, incluidos algunos planos que cualquiera de los muchos espectadores que han visto el largometraje 585 veces podrá identificar. El equipo ha conseguido salvar esta segunda parte de su propia trampa: el arma de doble filo que supone retratar la evolución de los protagonistas en 20 años con la condición de clonarlos y, a la vez, darles nuevos matices. Además, con la presión de ser unos personajes revisados de manera constante, que siguen muy vigentes y que han pronunciado frases e interpretado gestos que aún alimentan muchas bromas.

Por supuesto, cuentan con el don innato de su reparto principal para llevar a buen término la misión. Porque si hay una actriz capaz de cambiar el gesto para evidenciar emociones completamente opuestas en menos de un microsegundo, esa es Meryl Streep. Y sin despeinarse. Su personaje dominaba el mundo hace 20 años y ahora se aboca al fracaso, pero en plena decadencia sigue siendo la misma Miranda Priestly que todo el mundo espera ver. La que descubrió a muchos espectadores que existía una variedad tonal llamada azul cerúleo; la que envía a la gente a aburrir a otros con preguntas; la que sentencia a sus Emilys con una mirada. La de gesto imperturbable.

Anne Hathaway y Emily Blunt aguantan el ritmo de Meryl Streep, como antaño, y glorifican la película con su trabajo. Andrea Sachs sigue comiendo crema de maíz, sigue «siendo la misma persona de antes, sólo que con ropa mejor» y sigue dominando mejor la escritura en un ámbito que no la obligue a pedir «deletrear Gabanna». Y Emily -la original-, sigue siendo sarcástica y cortante, sigue pasando revisión a las cejas de Andy y sigue rendida a una dieta que le obliga a no comer nada y, cuando siente que está a punto de desfallecer, comerse un quesito. Al lado, Nigel, el mismo faro brillante de esperanza que completa el sólido reparto. Todos con la forma de 2026 y el fondo de 2006.

Aun con tramas, roces y chistes similares, una primera parte que, en ocasiones, puede parecer lenta y una estructura similar a la primera película, El diablo viste de Prada 2 no se repite gracias a la vigencia de su mirada. A la vez, mantiene el equilibrio perfecto entre las novedades y las referencias.

Las revoluciones suben a medida que avanza la película, que va de menos a más. Al terminar, la sensación es la de haber viajado en el tiempo. El regreso de la película ha sido tan inteligente como para llamar al público que ya tenía en el bolsillo y al nuevo que puede ver en ella una historia actual. Reto superado: El diablo viste de Prada 2 cumple su función -tiene muy claro cuál es ésta- y no es una continuación tardía, es un subidón endulzado con la cuidada estética del glamour.

Emily Blunt y Anne Hathaway en ‘El diablo viste de Prada 2’. (Disney)