He visto los primeros 20 minutos de ‘El diablo viste de Prada 2’ y promete romper todos los esquemas
La primera década de los 2000 nos dio muchos largometrajes que no sólo se convirtieron en nuestros favoritos, sino que se han transformado en auténticos iconos del cine. Para muchos de nosotros, los millennials, hay títulos que marcaron una época y que se quedaron en la mente. Incluso nos empujaron a tender hacia una profesión que nunca pensábamos que iba a ser nuestro futuro. La primera vez que vi El diablo viste de Prada, me di cuenta de que la moda tiene identidad propia y que posee más voz de la que pensaba. Cada escena de la película me encandiló y logró abrir algo en mí que me hizo sentir auténtica pasión por el periodismo de moda y por comunicar de manera inspiradora. Después de todo, el objetivo era crear poesía visual.
Es verdad que durante estos 20 años han surgido muchos títulos que han intentado igualarla, pero muy pocos han llegado a rozar su éxito. Hace unos días tuve el privilegio de sentarme en una sala de cine y poder ver los 20 primeros minutos de la película. Un pequeño aperitivo para una visualización a la que entras con miedo, porque no quieres que se te caiga ese mito. Nada más comenzar la proyección, esa sensación de la primera parte vuelve y sientes cómo la moda domina cada ápice de la película. Eso sí, hay que ir sin expectativas, porque la trama es algo que nadie espera.
Al principio, hace 20 años, la inspiración brotaba de cada escena y mostraba un mundo idílico, pero a la vez real, del periodismo de moda. Ese momento de trabajar en una revista y cómo, cuando la jefa llega, hay que perfeccionar todo. Recordemos que esta historia se basa en un libro escrito por una ex asistente del icono de la industria, Anna Wintour, la cual ha sido capaz de redefinir la moda mundial a cada paso de su carrera. Una realidad, quizás, un poco exagerada. Aun así, nos hizo soñar con que todo es posible desde la humilde visión de Andrea Sachs, una periodista con ambiciones, que se termina convirtiendo en una auténtica glamazona.
La realidad mejor vestida del cine
El comienzo de esta segunda parte sigue incitando a soñar, pero aterriza mucho más en la verdad del periodismo actual. La realidad de la desaparición del papel se plasma frente a la guerra en la que están sumidos los digitales y los despidos del sector. Mientras estaba sentado en la butaca, no veía fantasía. Me di cuenta de que observaba una realidad bien vestida (literalmente). En esta ocasión dejamos atrás lo banal y esa ensoñación, a través de una trama que analiza una cruda realidad.

De la fantasía a la cruda realidad de ‘El diablo viste de Prada’
Lo mejor de esto es que los personajes no han cambiado. Tanto Meryl Streep como Anne Hathaway o Emily Blunt han sabido seguir dando vida a un personaje que ya no está en 2006 y ha sufrido una evolución con los años. Todos tienen algo que mostrar. Andrea (Andy) ahora es una reputada periodista que vuelve a caer en las manos de Runway y con un buen puesto. Emily, en cambio, ha dejado de ser esa ansiosa asistente para seguir su ambición. Sí, ahora trabaja en Dior. Por otro lado, Miranda (y de esto no hago mucho spoiler) tiene que evolucionar y, en esta ocasión, cuenta con un grave problema que arreglar, relacionado con la cruda realidad de la industria editorial. Eso sí, las tres están sublimes.

En pleno comienzo (esto ya se ha visto en redes sociales), vemos una reminiscencia de la primera parte y Andrea sigue paseándose por Nueva York, eso sí, mejor vestida y aparcando el azul cerúleo. Al poco le sucede algo que nos lleva a 2006. En una de las escenas, Nigel, director de moda de la revista, le decía a Andrea: «Cuando tu vida esté destrozada, será momento de un ascenso»… Una frase que ha trascendido 20 años y sí, la que fue segunda asistente de Miranda Priestly en El diablo viste de Prada vuelve a Runway con un mejor puesto, pero con doble intención.
Un vestuario que acompaña la historia
Las escenas que abren la primera parte de El diablo viste de Prada inspiran, algo que permanece intacto en la segunda. Desde Dior, pasando por Valentino, Jacquemus o incluso Gaultier, tanto al personaje de Andy Sachs (Anne Hathaway) como al de Emily Chalton (Emily Blunt) han conseguido hacerlos adultos. Dos profesionales que vieron la crudeza de la moda en las editoriales, pero ahora los papeles están cambiados. Hasta ahí puedo leer.

Una segunda parte que tiene vida propia
Al entrar, seamos honestos, el miedo por la decepción era real, pero queda claro que esta continuación no bebe mucho de la primera, es decir, cuenta con una trama propia. En ocasiones se ha dicho que segundas partes nunca fueron buenas y, menos mal, en esta no se aplica. Parece mentira, pero en estos primeros 20 minutos de El diablo viste de Prada, la película va más allá y han sido capaces de cerrar una trama que, en un periodo tan corto de tiempo, te crea una necesidad de ver el resto.
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