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Crítica de ‘El día de la revelación’: la última marcianada de Spielberg que relaciona a los extraterrestres con Dios

'El día de la revelación' podría haber sido la mejor película de Steven Spielberg en los últimos 20 años

El trabajo de Emily Blunt como protagonista de 'El día de la revelación' es impecable

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Emily Blunt en 'El día de la revelación'. (Universal Pictures)
Paula M. Gonzálvez

Algunos de los críticos que tuvieron la oportunidad de ver El día de la revelación (Disclosure Day) en su preestreno en Reino Unido han asegurado que ésta es la mejor película de Steven Spielberg en los últimos 20 años. Qué osados.

Si El día de la revelación estuviera firmada por otro director y tuviera otro reparto de menor caché, seguramente no generaría semejante exaltación. El mercado no siempre es justo, y para triunfar no basta con una buena obra. Esa exaltación hace que El día de la revelación llegue a la cartelera este 12 de junio con el reto añadido de cumplir con expectativas sobredimensionadas.

El regreso de Spielberg a la gran pantalla tras cuatro años sin dirigir ninguna película, desde Los Fabelman, sí es una gran película. Una gran película que compite con títulos como El puente de los espías (2015), Lincoln (2012) o Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) en esos últimos 20 años de carrera del director. Ensalzar El día de la revelación como la mejor en dos décadas es, cuanto menos, precipitado.

No resulta en cambio exagerado decir que Emily Blunt ofrece su interpretación más resplandeciente. La actriz, protagonista junto a Josh O’Connor, hace un constante alarde de sofisticación y es uno de los elementos (si no el que más) que aporta credibilidad a una historia que, a priori, puede resultar descabellada si no se está abierto a pensar en teorías conspiranoicas. Emily Blunt lleva el peso emocional de una historia distópica con verdad y sin traspasar la fina línea que la separa del dramatismo.

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Emily Blunt y Josh O’Connor en ‘El día de la revelación’. (Universal Pictures)

Spielberg vuelve al mundo ovni que ya exploró en Encuentros en la tercera fase (1977), E.T., el extraterrestre (1982), La guerra de los mundos (2005) o, en menor medida, en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: el de los alienígenas. Un tema que pocos cineastas saben tratar sin hacer de su película una fantasmada. Pero Spielberg se maneja como Dios. Tanto, que es capaz de relacionar precisamente a Dios con la vida extraterrestre, recurriendo al personaje de Eve Hewson y planteando si es compatible ese descubrimiento con la fe religiosa. Incluso consigue humanizar a los alienígenas jugando con la emoción del espectador.

En El día de la revelación, un experto en ciberseguridad (Josh O’Connor) que custodia archivos gubernamentales clasificados descubre que tiene en su poder pruebas de la existencia de vida extraterrestre. Decidido a sacarlas a la luz, se enfrentará a la amenaza del poder que pretende silenciar la incursión alienígena, representado por el personaje de Colin Firth. El experto se cruza en el camino con una meteoróloga (Emily Blunt) que presenta el tiempo en un canal de Kansas, y protagoniza un vídeo viral tras quedarse trabada en directo, pronunciando algo indescifrable. A partir de entonces, experimenta unas capacidades psíquicas para las que no encuentra explicación.

Mientras que por un lado Spielberg expone la teoría conspirativa, por otro plantea si la sociedad estaría preparada para conocer una información de esta naturaleza y cómo la encajaría. El director da entretenimiento, pero no se ciñe a él.

Pese a la temática de la trama y la fascinación de Spielberg por ella, existe una conexión de la película con la realidad: el cineasta dio a entender que habría creado la historia a raíz de la publicación de 2017 en la que The New York Times apuntaba a la existencia de un programa del Pentágono con informes y vídeos clasificados que recogían pruebas de vida alienígena, entre ellas encuentros de aviones de combate con seres desconocidos. Incluso Donald Trump se refirió hace unos meses a la información confidencial sobre la búsqueda extraterrestre. Además, la película alude a una crisis geopolítica en su arranque. Así, Spielberg presenta una dualidad difícil: una película que apela tanto a la nostalgia -es imposible no pensar en otros de sus títulos- como a la actualidad.

Pero Spielberg quiere abarcar tanto que no logra profundizar en nada, aun con las casi dos horas y media de duración de la película, su gran hándicap. Sobre todo porque promete acción desde un principio, y el tramo central de la historia se ralentiza bruscamente. Pareciera que el director ha disfrutado tantísimo de lo que estaba contando que no quería terminar de hacerlo, y el resultado puede ser redundante.

Sin embargo, la película lleva el sello de la ciencia ficción de Spielberg, que juega con el ritmo y la cámara y vuelve a demostrar el gran narrador que es, para ofrecer una buena experiencia cinematográfica. Además, ha recurrido también a localizaciones reales y ha confiado en la personalidad que da a sus películas por encima de los avances cinematográficos: el fruto de ello es un relato de ciencia ficción con autenticidad y en el que los efectos especiales son discretos.

Rematada con la banda sonora de John Williams (responsable de otras como Salvar al soldado Ryan, Parque Jurásico o La lista de Schindler), que enfatiza las emociones contenidas en cada escena, es imposible no salir con sentimientos encontrados de la sala: qué poco le faltó a El día de la revelación para ser una película redonda. Podría haber sido la mejor de Spielberg de los últimos 20 años. Pero esa afirmación es muy grande. Y claro que sí, merece la pena ir a verla.