El “rey” de Suiza: así es Jonas, el joven que se autoproclamó monarca y tiene su propia micronación gracias a un vacío legal
Europa es un continente conocido por su historia y por las numerosas monarquías que han reinado a lo largo de los siglos, aunque no todos los territorios han seguido ese modelo. En muchos países se ha instaurado la república y la figura del rey es solo simbólica, mientras que en otros la monarquía sigue vigente. Incluso, en casos muy puntuales, hay quienes llegan a autoproclamarse monarcas. Parece increíble, pero existe un ejemplo real en Suiza, un país que nunca ha estado regido por reyes, donde un joven técnico de 31 años ha decidido declararse rey. Sus pasos, además, han llamado la atención de las autoridades.
La historia, que podría parecer sacada de una película de serie B, es completamente real. En 2019, con solo 24 años, Jonas Lauwiner organizó su propia coronación en una iglesia de Berna. Su camino, sin embargo, comenzó años antes. En 2015, su padre le regaló su primer terreno por su 20 cumpleaños, un gesto que despertó su interés por la propiedad inmobiliaria y le llevó a seguir adquiriendo parcelas. A partir de ahí, comenzó a buscar oportunidades de forma meticulosa. Apasionado de la historia y de los antiguos regímenes europeos, decidió explorar la existencia de terrenos sin dueño.

A través de ciertas particularidades legales en algunos cantones suizos, el joven empezó a investigar catastros municipales y a presentar solicitudes de «ocupación». En Suiza, este proceso permite reclamar terrenos no registrados si no existe un propietario previo reconocido. Si la reclamación es válida, el terreno puede ser asignado al solicitante, con costes administrativos relativamente bajos. Así fue como Jonas fue acumulando distintas parcelas en los cantones de Berna y Valais, a las que él mismo comenzó a referirse como sus «conquistas».
Con el paso del tiempo, Jonas Lauwiner llegó a autoproclamarse emperador de Lauwiner y rey de Berthoud, construyendo así una especie de micronación personal. Su objetivo, según ha explicado en distintas ocasiones, es desarrollar este proyecto como un modelo propio de gestión de tierras, combinando inversión, propiedad y explotación de recursos. Lo que empezó como una curiosidad ha terminado convirtiéndose en un proyecto con aspiraciones económicas.

Actualmente, el joven afirma poseer 148 parcelas que suman más de 117.000 metros cuadrados, una superficie comparable a una fracción significativa de microestados europeos. Entre sus propiedades también hay tramos de carretera, lo que le permite gestionar derechos de paso. Aquí es donde ha encontrado parte de su modelo de negocio. Tal y como ha explicado en una entrevista concedida a The Sunday Times, obtiene ingresos a través de autorizaciones para tránsito o permisos vinculados a sus terrenos. «Soy justo. No cierro carreteras y no cobro mucho», afirmó en dicha entrevista.
El proyecto cuenta incluso con una página web propia, donde se puede ver su escudo de armas y su autodenominación como «rey de Suiza», junto a otros títulos simbólicos. En su biografía online, el propio Jonas afirma: «Mi objetivo es preservar la fortaleza de nuestro país: en el mundo, en Europa y en nuestras propias comunidades. No debemos permitir que las dificultades de otras naciones dicten nuestro rumbo; al contrario, debemos seguir nuestro propio camino de éxito». A través de la web también se pueden consultar los terrenos que posee bajo el apartado Lands of the King.

Además del componente territorial, Jonas Lauwiner ha desarrollado elementos simbólicos para su micronación. En su coronación creó una corona diseñada durante más de un año, elaborada en oro de 18 quilates e incrustada con más de 1.500 piezas entre gemas y piedras preciosas. También ha impulsado la creación de una moneda propia, denominada «Velar», utilizada de forma simbólica dentro de sus propiedades y con un valor referencial de 37,33 dólares según su propia web. También cuenta con el retrato del rey de Suiza.
Su visión actual pasa por consolidar este proyecto como una actividad económica basada en la agricultura y el turismo, con la idea de rentabilizar sus terrenos y seguir ampliando su «reino». Incluso ha llegado a incorporar elementos simbólicos de poder, como un cañón decorativo que forma parte de la escenografía de su micronación.
En definitiva, Jonas Lauwiner ha convertido una idea personal en un proyecto singular que mezcla propiedad privada, simbología monárquica y estrategia económica, en un caso que sigue llamando la atención tanto dentro como fuera de Suiza.
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