7 trucos para afrontar mejor el cambio de hora
El cambio de hora supone un ahorro en términos de energía, pero también tiene consecuencias para el organismo.
Queda muy poco para que llegue el cambio de hora y con él, los días parecen más largos y disfrutamos más de la luz solar. Y es que cada temporada de otoño y primavera, quienes vivimos en España tenemos que cumplir con esta operación con el objetivo de maximizar la exposición al sol durante las horas en que estamos despiertos y, de esta manera, ahorrar energía.
Pese a que este cambio puede suponer cierto beneficio económico, a nivel del organismo de las personas es una modificación importante de las rutinas que no resulta tan favorable. Este cambio de hora puede alterar nuestros ritmos circadianos, responsables de regular los cambios físicos y mentales que experimentamos en el transcurso de un día y que responden a la luz y la oscuridad. Los ritmos circadianos están controlados por el hipotálamo, que se encarga de enviar señales a otras partes del cerebro como la glándula pineal, encargada de segregar melatonina, la hormona del sueño.
En las horas de luz, la glándula pineal inhibe la producción de melatonina. Por el contrario, la estimula cuando hay oscuridad. Así los ritmos circadianos están marcados por la influencia de la luz.
De esta manera, de un punto de vista fisiológico, está comprobado que el cambio de hora produce un desajuste entre las señales externas que recibidos y las internas. Por eso, cuando llega el horario de verano, el cuerpo siente que se está levantando antes y que se acuesta más tarde de lo que está acostumbrado, y viceversa. Son síntomas similares a los que provoca el jet lag: cansancio, fatiga, disminución del rendimiento e irritabilidad. También puede pasar que nos entre hambre a horas poco comunes o que ocurra lo contrario.
No hay que olvidar que las personas que sufren algunas patologías, como migrañas o epilepsia, así como los mayores y los bebés acusan más estos cambios.
¿Cómo adaptarse mejor?
Aunque el cambio de hora es, por ahora, inevitable, existen una serie de trucos que harán que nuestro cuerpo se adapte mejor a esta modificación de los horarios.
Anticiparse: para que tu rutina del sueño no cambie de manera tan brusca, los días anteriores podemos levantarnos y acostarnos un poco antes.
Modificar el horario de comidas: lo importante es acostarse con el estómago satisfecho, pero sin sensación de hambre o de pesadez.
Ejercicio moderado: mejor a primera hora del día y no antes de dormir.
Reducir la actividad durante el fin de semana del cambio de hora.
Evitar la siesta los días previos al cambio de hora para así regular los ciclos de sueño.
Reducir el consumo de bebidas estimulantes de todo tipo, que alteran el ritmo normal de descanso.
Moderar la utilización de dispositivos electrónicos, sobre todo en las horas previas a meterse en la cama, ya que nos mantienen en un estado de alerta que no permite el descanso.
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