Roger Federer vuelve a llevar en Wimbledon el Rolex que le acompañó en una de sus victorias más icónica
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Hay gestos que pasan desapercibidos y otros que, sin necesidad de una sola palabra, cuentan una historia completa. Roger Federer pertenece desde hace años a esa segunda categoría. Cada una de sus apariciones públicas genera expectación por su elegancia, su forma de comportarse y también por los detalles que acompañan su imagen. Su reciente presencia en Wimbledon no sólo despertó la emoción de los aficionados al tenis, sino también la de los amantes de la relojería, que rápidamente identificaron una pieza muy especial en su muñeca. El extenista suizo decidió recuperar uno de los relojes más emblemáticos de su colección, un modelo cargado de simbolismo que conecta directamente con uno de los momentos más importantes de su carrera deportiva y demuestra que, para algunas leyendas, el tiempo también se mide en recuerdos.
Un reloj con mucha más historia de la que parece
Roger Federer lleva más de dos décadas siendo embajador de Rolex, una relación que comenzó en 2001 y que ha convertido al suizo en una de las imágenes más representativas de la firma relojera. A lo largo de estos años se le ha visto lucir algunas de las referencias más exclusivas de la marca, pero la elección que hizo durante su visita a Wimbledon 2026 fue especialmente significativa.
El exnúmero uno del mundo apareció en el All England Club con un impecable traje marrón de doble botonadura, corbata a juego y gafas de sol. Sin embargo, el verdadero protagonista de su estilismo estaba en la muñeca: un Rolex Datejust II con esfera plateada y caja de 41 milímetros, un modelo que ya forma parte de la historia personal del tenista.
No se trata de un reloj cualquiera. Este Datejust II únicamente estuvo en producción entre 2009 y 2016, lo que ha incrementado notablemente su atractivo entre coleccionistas. Fue concebido como una reinterpretación más moderna y deportiva del clásico Datejust, manteniendo la elegancia característica de la colección, pero con una presencia mucho más contundente gracias a su mayor tamaño.
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El vínculo con su histórica victoria de 2009
Lo verdaderamente especial de este reloj no es únicamente su exclusividad. El modelo está íntimamente ligado a uno de los mayores hitos de la carrera de Federer.
Fue precisamente este Rolex Datejust II, referencia 116334, el que llevaba en su muñeca cuando conquistó Wimbledon en 2009 tras derrotar a Andy Roddick en una de las finales más recordadas del torneo. Aquella victoria le permitió levantar su decimoquinto título de Grand Slam, superando el récord histórico que hasta entonces ostentaba Pete Sampras y consolidándose como el jugador con más grandes conquistados en ese momento.
Por eso, volver a Wimbledon con exactamente la misma pieza no parece fruto del azar. Es un guiño a uno de los capítulos más brillantes de su trayectoria y una manera elegante de rendir homenaje al escenario donde escribió buena parte de su leyenda.

Wimbledon, el lugar donde Federer sigue siendo una leyenda
Aunque se retiró oficialmente en 2022, Roger Federer continúa manteniendo una estrecha relación con Wimbledon. Cada verano regresa al All England Club como invitado de honor y su presencia sigue despertando la misma admiración que cuando competía sobre la hierba londinense.
Durante esta edición volvió a ocupar uno de los asientos del Royal Box, donde fue recibido con una gran ovación por parte del público. Su aparición volvió a convertirse en uno de los momentos más comentados del torneo, no sólo por el cariño que sigue despertando entre los aficionados, sino también por la elegancia que continúa caracterizando cada una de sus apariciones públicas.

Una pieza muy buscada por los coleccionistas
El Rolex Datejust II que lució Federer ocupa un lugar muy especial dentro del catálogo histórico de la firma suiza.
A diferencia del clásico Datejust de 36 milímetros, este modelo apostó por una caja de 41 milímetros que respondía a la creciente demanda de relojes de mayor tamaño durante aquellos años. Su producción relativamente corta ha provocado que hoy sea una referencia especialmente codiciada en el mercado de segunda mano.
La versión elegida por Federer destaca por su esfera plateada, el característico bisel estriado y unos grandes números arábigos que aportan un aire deportivo sin perder la sofisticación propia de Rolex. Precisamente esa combinación entre elegancia clásica y estética contemporánea explica buena parte del interés que sigue despertando entre aficionados y expertos.