Malú Ortega presenta en Madrid el telar ancestral peruano que aspira a conquistar la moda de lujo

La moda busca nuevas formas de ser sostenible, y algunas de las respuestas pueden encontrarse en técnicas que llevan siglos transmitiéndose de generación en generación. Es el caso del telar de cintura de Ayabaca, en Piura (Perú), un oficio ancestral que hoy busca hacerse un hueco en la industria internacional a través del diseño regenerativo. Con motivo del I Congreso Latino-Europeo de Moda y Regeneración, celebrado los días 5 y 6 de noviembre en Madrid, hablamos con Malú Ortega, directora creativa internacional y representante en España de la diseñadora peruana Cecilia Román, para conocer esta iniciativa que conecta el saber de las artesanas peruanas con la innovación textil, la economía circular y una nueva manera de entender el lujo.
Ortega lleva años trabajando en la conexión entre el talento artesanal latinoamericano y los mercados internacionales. Su trayectoria combina la estrategia de marca, las relaciones públicas internacionales y la dirección creativa de proyectos de moda y cultura. En esta ocasión, su trabajo se centra en dar visibilidad a las maestras tejedoras de Piura y reivindicar el valor de una técnica que no necesita electricidad ni maquinaria industrial para crear piezas únicas. Una propuesta que, como defiende, demuestra que la innovación también puede nacer del conocimiento ancestral y que el futuro de la moda pasa por reconocer a quienes están detrás de cada creación.
Malú Ortega representa en este I Congreso Latino-Europeo de Moda y Regeneración a la diseñadora peruana Cecilia Román, fundadora en 2018 de Naturaleza Holística, una firma de diseño sustentable que apuesta por un modelo de moda regenerativa. Especializada en moda circular y gestión ambiental, Román combina la tejeduría tradicional en telar de cintura de Ayabaca (Piura) con fibras autóctonas, algodón nativo peruano, biomateriales como el cuero de paiche y los biocueros de cacao y uva, y técnicas de patronaje zero waste. A lo largo de su trayectoria ha formado a más de 91 artesanas, emprendedoras, estudiantes y diseñadores, y ha presentado su trabajo en distintos encuentros internacionales, además de recibir reconocimientos como el Fondo Capital Semilla ESCALA 2024 y ser finalista del Gran Premio Desafío Kunan 2025.
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Pregunta: ¿Cómo funciona un telar de cintura y qué permite hacer que una máquina industrial no consigue?
Respuesta: Se llama así, telar de cintura, porque una parte del telar se ata a la cintura de la tejedora o tejedor y la otra se fija a un punto firme (como un árbol o un poste). Así, la persona usa su propio cuerpo para estirar y controlar la tensión de los hilos. La artesana teje sentada en el suelo de modo ancestral.
Las máquinas de las fábricas hacen todo rápido y en serie como mínimo 500 metros para tejido de telas. En cambio, el telar de cintura permite tejer con las manos, hacer diseños únicos y diferentes unos de otros, ajustar el diseño paso a paso, corregir detalles y darle un toque humano y único a cada prenda que ninguna máquina puede imitar.
P: ¿Cómo comenzó su relación con las artesanas de Piura y qué descubrimiento le hizo pensar que este conocimiento podía tener un espacio en la moda internacional?
R: Viajo como mochilera hacia el pueblo de mi papá, Ayabaca, en búsqueda de mi historia textil piurana. Y encuentro a las madres artesanas muy cerca del centro arqueológico inca llamado Aypate, ubicado en Piura. Ahí observó sus técnicas distintivas.
En Europa ya existen diseñadores de alta costura que tejen sus propias telas para sus colecciones. Esto no sólo le da exclusividad y originalidad, el mercado internacional ya sabía apreciar lo hecho a mano, considerándolo como moda de lujo. Por ello decido apostar por trabajar a estas mujeres y dar visibilidad a sus creaciones.
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P: ¿Qué fibras utilizan y cómo eligen su procedencia?
R: Usamos fibras naturales y representativas de la cultura peruana como el algodón tanguis y nativo Pakucho orgánico; son algodones milenarios que los antiguos usaban para sus vestimentas. Crecen en Piura y Lambayeque. Usamos también, shiringa, cuero de pescado, mermas textiles de nuestras propias producciones.
Buscamos que nuestros proveedores en fibras y materiales sean respetuosos con el medio ambiente, que apoyen la economía de los productores locales y que garanticen que el tejido final sea duradero, suave y de excelente calidad.
P: ¿Cuántas horas de trabajo puede haber detrás de una pieza, qué precio debería tener y cuánto de ese importe tendría que recibir la artesana?
R: Detrás de una sola prenda puede haber días de trabajo diario, las madres artesanas se organizan entre el cuidado de su familia y la chakra para cumplir con nuestro pedido. Ya que no tienen ninguna dependencia laboral o económica con NH.
Manejamos un precio por metro cuadrado de tela tejida superior al precio de venta en el mercado por la memoria y el talento detrás de esta técnica y de cada pieza de telar.
P: Las grandes firmas de lujo reivindican constantemente la artesanía. ¿Qué tendría que ofrecer una de ellas para que colaborar con las tejedoras de Piura fuera un acuerdo justo?
R: Para que sea una verdadera colaboración justa, las grandes marcas no sólo deben usar el nombre de la «técnica y de la madre artesana» como marketing. Tienen que pagar un precio digno y real por el trabajo, dar visibilidad y crédito a las tejedoras, y respetar sus tiempos de producción (que no son los de una fábrica rápida) y tratarlas como socias en pie de igualdad. Asimismo, procurar darles más trabajo y pedidos en el tiempo.
P: Si mañana una gran marca les encargara mil prendas, ¿podrían asumirlo? ¿Dónde está el límite entre hacer crecer el proyecto y exigir a las artesanas un ritmo incompatible con su oficio?
R: La respuesta rápida es no: mil prendas de golpe romperían el ritmo natural del taller artesanal. Pues estamos trabajando bajo un modelo slow fashion.
El límite está en no convertir la tradición en una fábrica industrial estresante. Crecer es bueno, pero siempre respetando los tiempos de las tejedoras, su vida familiar y la calma que exige hacer las cosas bien hechas a mano. El mismo territorio exige un respeto a sus ciclos de producción y regeneración natural.

P: ¿Las jóvenes de estas comunidades quieren aprender a tejer? ¿Qué tendría que cambiar para que vieran en este trabajo una profesión con futuro?
R: A veces los jóvenes se alejan porque no lo ven rentable o lo ven como algo del pasado. Piensan que se quedarán en la pobreza y no tendrán una mejora para sus hogares y futuro.
No sólo es la buena remuneración justa a su trabajo como artesanas. Ellas también deben capacitarse y estar dispuestas a crecer técnica y profesionalmente para llegar a ser diseñadoras y también artesanas que resguardan este conocimiento ancestral desde la innovación. Por ello, en mayo de este año, las motivamos con la presentación de un vestido de telar hecho por ellos en un photoshoot en París.
P: Tras presentar la propuesta en Madrid, ¿qué interés concreto han encontrado entre marcas, diseñadores o compradores españoles? ¿Cuál sería el siguiente paso para llegar a ese mercado?
R: En Madrid tenemos curiosidad y ganas de apostar por presentarnos, de hecho, hemos participado de una convocatoria aparte del congreso latinoamericano. Tenemos la invitación de presentarnos para el CSFW en Madrid de abril 2027, donde la misma Paloma García nos felicitó por el trabajo que se viene realizando. Aún no es segura nuestra presencia, pero nos ayuda mucho a seguir mejorando nuestras estrategias de internacionalización.
El siguiente paso consiste en conectar de forma directa con tiendas concepto o plataformas de moda sostenibles que realmente valoren el trabajo hecho a mano y estén dispuestas a trabajar con nosotros respetando los tiempos y el valor del producto artesanal.