Doña Letizia estrena el año luciendo la última gran joya ‘de pasar’
La Reina retoma su agenda oficial tras más de quince días de descanso navideño rescatando una de las piezas más importantes del Joyero de la Corona.
Terminó el 2018 con un tributo a su suegra y empieza 2019 con guiño a la abuela del Rey. Si el pasado año fue el de las grandes joyas para doña Letizia, parece que 2019 va por el mismo camino. Tras más de dos semanas de descanso navideño -su último acto oficial fue el 19 de diciembre- la Reina ha retomado su agenda con una de las citas más importantes de la agenda de la Casa Real, la Pascua Militar. Un evento castrense de especial relevancia que coincide además con la festividad de la Epifanía.
En un año en el que han sido solo don Felipe y doña Letizia quienes han presidido la ceremonia -el pasado estuvieron también los Eméritos al coincidir con su 80 cumpleaños-, la Reina ha acaparado todas las miradas gracias a una pieza muy especial que ha recuperado del Joyero Real. Doña Letizia ha lucido en la solapa un broche que pertenece al lote de las ‘Joyas de pasar’ de Victoria Eugenia compuesto por «una perla grande gris pálido rodeada de brillantes y del cual cuelga una perla en forma de pera», tal como rezaba el testamento de la propia Reina. Una pieza que la esposa de Felipe VI no ha lucido hasta ahora y que suele confundirse con otro de los broches del mismo lote del que suele colgarse la llamada ‘falsa Peregrina’. En esta ocasión, doña Letizia ha optado por combinar el broche con la famosa perla, una de las piezas preferidas de su suegra, la reina doña Sofía.
Una pieza histórica
Aunque es la primera vez que vemos a la Reina con este broche, no es la primera vez que luce la ‘Peregrina’, ya lo hizo en 2017 montada sobre otro de los broches de las ‘Joyas de Pasar’. La ‘Peregrina’ está considerada una de las gemas más legendarias de Europa. La perla fue descubierta en el siglo XVI en el archipiélago de las Perlas en Panamá y llegó a la Corona española gracias a un esclavo, que obtuvo así la libertad. La pieza pasó a formar parte del tesoro de Diego de Tebes alguacil mayor de Panamá, que en 1580 se la ofreció a Felipe II. Los archivos documentan que perteneció a varias reinas españolas como Margarita de Austria, e incluso Felipe III posó con la gema en un retrato ecuestre. Más tarde, la perla terminó en manos de Carlos Luis Napoleón – Bonaparte (Napoleón III), quien la vendió al Marqués de Abercorn, James Hamilton, en 1848. La gema llegó supuestamente a manos de Alfonso XIII, quien se la regaló a la reina Ena por su boda, pero según se cuenta, esta perla no era la auténtica, sino una falsa. La de verdad se subastó en 1969 y fue un precioso regalo de Richard Burton a Elizabeth Taylor.
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