El veterinario Tomás Palomares alerta del error que cometemos al viajar con mascotas: «Los humanizamos”
Entrevista al veterinario de animales como chimpancés, elefantes y jirafas
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Hay quien no concibe unas vacaciones sin su perro o su gato. Cada vez son más las familias que buscan alojamientos adaptados, playas donde se admiten animales o destinos en los que puedan compartir experiencias con ellos. Sin embargo, que un lugar sea pet friendly no significa necesariamente que sea el mejor para nuestro compañero de cuatro patas. El calor, los desplazamientos largos, el estrés, la falta de planificación o un simple paseo sobre el asfalto en las horas centrales del día pueden convertir un viaje soñado en un serio problema para su salud. Tomás Palomares, veterinario, insiste en que viajar con una mascota exige mirar las vacaciones desde su perspectiva. «No basta con que venga con nosotros; tenemos que preguntarnos si realmente va a disfrutar del viaje». Con esa premisa, comparte las claves para recorrer kilómetros con seguridad, evitar los errores más frecuentes y garantizar que el bienestar del animal forme parte de la planificación desde el primer momento.
Vacaciones pensadas también para ellos
«¿Va a disfrutar realmente de este viaje o simplemente viene porque nosotros queremos que venga?».
Viajar con animales es una práctica cada vez más habitual. Los perros y los gatos ocupan un lugar privilegiado dentro de muchas familias y, por eso, también forman parte de los planes de verano. Sin embargo, para Tomás Palomares hay una idea que debería guiar cualquier escapada: el bienestar del animal debe pesar tanto como el del resto de viajeros.
«Cada vez más personas consideran a su perro o a su gato un miembro más de la familia y quieren compartir también las vacaciones con ellos. Es una tendencia muy positiva, pero creo que debemos dar un paso más», explica.
Ese paso consiste en dejar de pensar únicamente en nosotros. El veterinario invita a hacerse una pregunta antes incluso de reservar un alojamiento: «¿Va a disfrutar realmente de este viaje o simplemente viene porque nosotros queremos que venga?».
Para él, viajar con una mascota no consiste únicamente en permitirle acompañarnos, sino en adaptar el viaje a sus necesidades. «Si para que todos disfrutemos hay que cambiar un horario, elegir un alojamiento más adecuado o adaptar alguna actividad, merece la pena hacerlo», asegura. Incluso recuerda que, en algunos casos, la decisión más responsable puede ser dejar al animal al cuidado de un familiar, un cuidador o una residencia de confianza si el viaje compromete su bienestar.

Humanizarlos, el error más frecuente
«Los perros y los gatos regulan mucho peor su temperatura corporal y un golpe de calor puede aparecer en cuestión de minutos, especialmente durante un viaje».
Uno de los grandes problemas que observa cada verano nace de una falsa sensación de normalidad. Muchas personas creen que sus mascotas soportan las altas temperaturas igual que ellas.
«El error más frecuente es humanizar a nuestros animales y pensar que toleran el calor igual que nosotros», afirma. La realidad es muy distinta: «Los perros y los gatos regulan mucho peor su temperatura corporal y un golpe de calor puede aparecer en cuestión de minutos, especialmente durante un viaje».
A esto se suman otros fallos muy habituales. Viajar durante las horas de más calor, dejar al animal dentro del coche sólo un momento, no hacer suficientes paradas para hidratarlo o escoger destinos donde pasará la mayor parte del tiempo encerrado en el alojamiento son situaciones que, según Tomás, se repiten verano tras verano.
También insiste en la importancia de preparar el viaje con tiempo. Revisar el estado de salud del animal, llevar la documentación al día, comprobar la normativa del destino y acostumbrarlo poco a poco al medio de transporte puede marcar la diferencia. «Un viaje bien planificado reduce mucho el estrés y los riesgos para toda la familia».

El calor, un enemigo silencioso
«Muchas veces pensamos que si un perro o un gato no se quejan, significa que están bien, pero no siempre es así».
Aunque no existe una temperatura universalmente peligrosa para todos los animales, el veterinario reconoce que a partir de los 25 grados conviene extremar las precauciones y que, cuando el termómetro supera los 30 grados, el riesgo aumenta de forma considerable.
Lo más complicado es que los animales no siempre muestran el malestar de una forma evidente. «Muchas veces pensamos que si un perro o un gato no se quejan, significa que están bien, pero no siempre es así», advierte.
Por eso recomienda prestar atención a señales aparentemente pequeñas: un jadeo excesivo sin haber realizado ejercicio, salivación abundante, temblores, inquietud constante, vocalizaciones o intentos de escapar del transportín. En los gatos, además, el estrés suele expresarse justo al contrario: «Es muy frecuente que se manifieste con un silencio absoluto o una postura muy rígida».
Si aparecen vómitos, diarrea, dificultad para respirar o desorientación, el mensaje es claro: hay que detener el viaje y acudir cuanto antes a un centro veterinario. «Nuestro objetivo no es simplemente llegar al destino, sino que el animal llegue en buenas condiciones».
Los animales más vulnerables son los braquicéfalos, como el Bulldog Francés, el Bulldog Inglés, el Carlino o, en el caso de los gatos, el Persa. Debido a la anatomía de sus vías respiratorias, eliminan peor el calor y tienen un mayor riesgo de sufrir un golpe de calor durante los desplazamientos estivales. También requieren una valoración especial los animales muy mayores, los cachorros, aquellos con enfermedades cardíacas o respiratorias y los que experimentan un elevado nivel de estrés cuando viajan.

Cómo actuar ante un golpe de calor
«Los primeros síntomas suelen ser un jadeo muy intenso y continuo, dificultad para respirar, salivación excesiva, inquietud o, por el contrario, un decaimiento marcado».



