Rolex, Omega y más de 100 relojes de lujo ‘desaparecidos’: el relojero de Montera se enfrenta a seis años de cárcel
La Fiscalía acusa al relojero de apropiarse de más de 100 piezas de alta gama entregadas para reparación
Clientes particulares y joyerías reclaman Rolex, Omega y Patek Philippe desaparecidos en un taller de Montera
En Madrid hay talleres discretos donde entran relojes de seis cifras envueltos en gamuzas de terciopelo y salen (o deberían salir) convertidos en tesoros. Uno de ellos se encontraba calle Montera, a pocos metros de Gran Vía. Allí, coleccionistas, joyeros y clientes habituales dejaban algunos de los relojes más codiciados del mercado: Rolex, Omega Speedmaster, Franck Muller de oro o Patek Philippe difíciles de encontrar incluso en subastas. Pero algo empezó a torcerse. Primero fueron retrasos. Después, llamadas sin respuesta. Finalmente, relojes que dejaron de aparecer. Ahora, el conocido relojero apodado Kichi se enfrenta a seis años de cárcel acusado de apropiarse supuestamente de más de un centenar de relojes de lujo.
Un taller diminuto con clientes de grandes colecciones
Estos talleres especializados funcionan casi como clubes privados. Muchos propietarios de Rolex vintage o piezas descatalogadas prefieren acudir a relojeros de confianza antes que a servicios oficiales. Especialmente cuando se trata de modelos históricos cuya pátina, esfera o bisel pueden perder valor si se sustituyen piezas originales.
Por eso, durante años, decenas de clientes entregaron sus relojes en este taller de Montera para revisiones, restauraciones o simples ajustes. Según la investigación, entre 2016 y 2019 desaparecieron decenas de piezas. Algunas jamás volvieron a aparecer. La lista parece el catálogo de una subasta de Phillips o Sotheby’s: Rolex GMT Master de los años setenta con bisel Pepsi, Oyster y Submariner clásicos, Panerai GMT, Cartier cronógrafos, Vacheron Constantin Overseas o modelos de Hublot y Jaeger-LeCoultre.
Rolex, el reloj más deseado
Lo que hace especialmente llamativo el caso es el momento que vive la relojería de lujo. En los últimos años, determinados modelos de Rolex han dejado de ser simples accesorios para convertirse en activos financieros. Un GMT Master Pepsi de 1972, como uno de los incluidos en el procedimiento, no sólo representa una pieza vintage codiciada: es parte de una estética muy concreta asociada al coleccionismo, al lujo silencioso y a la obsesión por los objetos con historia.
Lo mismo ocurre con el Omega Speedmaster, el reloj ligado a las misiones Apolo; o con ciertos Franck Muller de oro, convertidos hoy en piezas fetiche de una nueva generación fascinada por los años 2000.
El mercado gris y el nuevo culto al reloj vintage
La historia también refleja el auge explosivo del mercado secundario de relojes de lujo. Desde la pandemia, el valor de determinados Rolex deportivos se disparó, alimentando un mercado gris donde modelos difíciles de conseguir se revendían muy por encima de su precio oficial.
Eso convirtió a talleres, intermediarios y relojeros especializados en figuras clave dentro de una industria cada vez más opaca y exclusiva. Muchos coleccionistas prefieren mantener sus piezas alejadas de circuitos oficiales. Y ahí es donde la reputación se convierte en moneda.
De Montera a los tribunales
La Fiscalía sostiene que el relojero aprovechó la relación de confianza con clientes particulares y joyerías para quedarse con numerosos relojes depositados para reparación. Entre los casos incluidos en el procedimiento destaca el de un cliente que llegó a entregar 28 relojes distintos. Otro de los afectados es una joyería que habría perdido varios modelos de Franck Muller y Hublot tras enviarlos al taller, Mientras tanto, muchas de las piezas siguen sin aparecer.
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