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SALUD MENTAL

Una psicóloga, sobre trabajar mientras otros están de vacaciones: «Compararse sólo genera frustración»

  • Lucía Lera
  • Periodista especializada en viajes, belleza y estilo de vida. Al terminar la carrera entendí que quería convertir mi vocación en mi forma de vida, y desde entonces el periodismo se ha convertido en el lugar desde el que contar historias, descubrir lugares y conectar con personas. A lo largo de este camino he colaborado con distintas cabeceras, confirmando en cada artículo que elegí la profesión adecuada.

Desde que se popularizó el acrónimo de FOMO, parece que sirve para todo. Las siglas originales (Fear Of Missing Out) responden a esa necesidad imperante de estar siempre en todos lados, en todos los planes. Ahora que llega el verano, donde realmente este nuevo anglicismo abreviado se convierte en un problema, es en las vacaciones de verano. Sobre todo en ese momento en el que la gente comienza a hacer sus primeras escapadas mientras tú estás todavía cerrando los últimos informes. Hemos hablado sobre cómo evitar que esta situación afecte a tu salud mental y productividad laboral con la coach de desarrollo personal y gestión emocional Teresa Herrero.

Llamémosle FOMO, cansancio o necesidad de desconectar. Sea cual sea la forma que elijas de designar, lo cierto es que esta frustración laboral que aparece en los meses previos a que comiencen las vacaciones estivales se convierte en una gran fuente de ansiedad. Teresa Herrero señala que esa sensación «aparece precisamente cuando interpretamos que otros están viviendo experiencias más valiosas, emocionantes o satisfactorias que las nuestras». Empieza con la sensación de ver sillas vacías en la oficina, el sol por la ventana y cuando al scrollear por las redes sociales ves cómo las personas disfrutan de sus primeras vacaciones, lo que hace que el FOMO se transforme en ansiedad real.

(Foto: Unsplash)

La frustración parte de la comparación

«Cuando vemos imágenes de playas paradisíacas, cenas espectaculares o viajes exóticos, es fácil sentir que nos estamos perdiendo algo importante», subraya Teresa Herrero. En este momento, es común comparar la situación actual con el escenario idealizado de otras personas. Llega entonces ese momento «cuando nuestra realidad no coincide con esa narrativa», y ahí pueden aparecer sentimientos de frustración, tristeza o sensación de insuficiencia.

El problema de esta comparación es que te aleja de tu bienestar personal y de tu foco vital. «Cuando estamos constantemente pendientes de lo que hacen los demás, dejamos de estar presentes en nuestra propia vida», subraya Teresa Herrero. La consecuencia más inmediata en esa situación donde eres tú quien se queda en la oficina mientras el resto está de vacaciones es el detrimento de tu productividad laboral. «En el trabajo, esto puede traducirse en menor concentración, más distracción y una sensación continua de insatisfacción». 

(Foto: Pexels)

El mejor plan de vacaciones… no tener plan

El problema llega cuando finalmente llegan las ansiadas vacaciones y algo te impide disfrutarlas. «Vivimos en una cultura que nos empuja a optimizarlo todo, incluso el descanso. Parece que las vacaciones tienen que ser inolvidables, transformadoras, productivas y, además, dignas de ser compartidas» El problema que subraya Teresa Herrero es que cuando convertimos las vacaciones en un proyecto de rendimiento, dejamos de vivirlas: «Aparece la presión por aprovechar cada minuto, visitar todos los lugares posibles, hacer planes constantemente o sentir que cada día tiene que ser especial y estamos tan pendientes de aprovechar la experiencia que dejamos de disfrutarla».

Paradójicamente, cuanto más intentamos tener las vacaciones perfectas, más fácil es que aparezca la frustración, «porque dejamos de preguntarnos qué necesitamos realmente para descansar y empezamos a medir nuestras vacaciones con el rasero de las expectativas y las comparaciones». Además, las vacaciones suelen traer consigo otro reto: la cantidad de planes, propuestas y compromisos que aparecen. «Quedadas con amigos, reuniones familiares, excursiones, comidas, cenas… Y aquí las vacaciones pueden convertirse en una gran oportunidad para practicar algo que muchas personas encuentran difícil durante el resto del año: aprender a decir que no». Por eso toca apuntar este consejo de la experta: a veces el mejor plan es no tener plan.

(Foto: Unsplash)

Una vida plena no entiende de ‘FOMO’

Antes de entrar en comparaciones y FOMO’s hay una pregunta que debe hacerse todo el mundo: ¿realmente me gusta la vida que llevo? Un punto que remarca Teresa Herrero para contrarrestar esta frustración es concienciarte de que lo verdaderamente importante «no es qué están haciendo los demás durante sus vacaciones, sino si estamos construyendo una vida que nos haga felices a nosotros». La idea parte de conocerse a uno mismo lo suficiente como para identificar qué cosas te hacen sentir pleno, ilusionado o satisfecho,  «y preguntarnos si estamos haciendo algo para acercarnos a ellas».

Lo importante en esta línea que subraya la coach «es preguntarnos si estamos estableciendo objetivos y tomando decisiones a lo largo del año que nos acerquen, dentro de nuestras posibilidades, a aquello que realmente valoramos». Porque la respuesta positiva a las expectativas vitales de cada uno contrarresta la necesidad de comparación con las personas que forman parte del ambiente que te rodea. Al final, «la satisfacción no suele venir de tener exactamente lo mismo que otros, sino de sentir que estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para construir una vida que tenga sentido para nosotros».

(Foto: Pexels)

La gratitud y el recorte ‘online’: la mejor arma contra la comparación

Decir que no hay que compararse es una cosa, pero aplicarlo en el día a día no es algo que resulte tan sencillo. Un prisma desde el que Teresa Herrero recomienda trabajar este punto es la gratitud, «recordar que estamos comparando nuestro día a día con los mejores momentos de otras personas. Nuestro cerebro tiene una tendencia natural a fijarse en lo que le falta. Dedicar unos minutos al día a identificar aquello que sí estamos disfrutando ayuda a contrarrestar ese sesgo». 

Un ejemplo que comparte Teresa Herrero es escribir en un diario de gratitud donde apuntes cosas que te hacen estar agradecida durante las vacaciones. «Eso te lleva a fijarte mucho más en lo que tienes y te hace feliz y en lo que falta. Te sientes muy afortunado». Además de tener presente que las vacaciones son algo que hacer por uno mismo, no de cara al escaparate. 

(Foto: Pexels)

Por eso, otra herramienta útil es «limitar conscientemente la exposición a contenidos que sabemos que nos generan malestar. No se trata de dejar de usar redes sociales, sino de utilizarlas con más intención y atención. Dejar de coger el móvil en piloto automático cada vez que nos aburrimos».

Jóvenes y perfeccionistas, los grupos más proclives al ‘FOMO’

«También es importante revisar nuestras expectativas», explica la experta. «No todas las vacaciones tienen que ser espectaculares. Hay veranos para viajar, otros para descansar, otros para cuidar de la familia y otros simplemente para recuperarse». Es por eso que los perfiles con más predisposición a no disfrutar al máximo de las vacaciones suelen ser las personas más perfeccionistas, autoexigentes o aquellas que tienden a compararse con frecuencia.

«También observamos una mayor vulnerabilidad en quienes vinculan su autoestima a los logros, la imagen o la validación externa. Si siento que mi valor depende de estar haciendo algo interesante, es más probable que me afecte ver lo que hacen los demás».

(Foto: Pexels)

La juventud puede ser un factor determinante a la hora de determinar los perfiles con mayor predisposición al FOMO, ya que «pueden ser especialmente sensibles porque han crecido en un entorno donde la exposición constante a las redes sociales forma parte de su día a día». Con ello, la reflexión más importante que ofrece Teresa Herrero es que «cuanto más miramos hacia fuera para comprobar si estamos viviendo bien, más fácil es perder de vista lo que realmente necesitamos nosotros».