Vicky Martín Berrocal rompe con años de culpa: «Pensaba que todo dependía de mí…Ya no vivo para gustar a los demás»
Vicky Martín Berrocal se sincera con COOL sobre la culpa y la presión estética
La diseñadora reconoce que durante mucho tiempo creyó que su físico definía quién era
Además, reflexiona sobre los prejuicios que siguen rodeando a la obesidad y el impacto de las redes sociales

Ha aprendido a convivir con el paso del tiempo, con los cambios de su cuerpo y con una presión estética que durante años marcó buena parte de su vida. Vicky Martín Berrocal ya no habla desde la inseguridad de aquella mujer que sentía que siempre existía una talla mejor o una versión más perfecta de sí misma. Hoy lo hace desde la experiencia, desde la aceptación y también desde la tranquilidad de haber dejado de vivir pendiente del juicio ajeno. Diseñadora, empresaria, comunicadora y una de las mujeres más influyentes del universo lifestyle español, la sevillana lleva años defendiendo que la belleza no puede medirse únicamente en centímetros ni en kilos. Primero lo hizo revolucionando la moda española con colecciones que ampliaban las tallas cuando casi nadie hablaba de inclusión; después, compartiendo sin filtros sus propias inseguridades en televisión y, más recientemente, convirtiendo su premiado pódcast A solas con Vicky Martín Berrocal en un espacio donde las emociones, la salud mental, las relaciones personales o la autoestima ocupan el centro de la conversación. Ahora da un paso más al sumarse a Razones de Peso, la iniciativa impulsada por la compañía médica Lilly para cambiar la conversación sobre la obesidad y el sobrepeso. Una campaña que sirve como punto de partida para una charla con COOL en la que Vicky habla como pocas veces sobre la culpa, los complejos, la presión que sufrió durante años por su imagen, la relación con su hija Alba Díaz y el momento vital en el que se encuentra.
No necesita pensar demasiado la respuesta cuando le preguntamos por qué aceptó formar parte de esta campaña. La explicación nace desde un lugar muy personal. «Porque habla de algo que conozco muy bien», responde. Durante años, admite, creyó que todo lo que ocurría con su cuerpo dependía exclusivamente de ella y que su aspecto físico condicionaba incluso la forma en la que era percibida por los demás. «He convivido muchos años con la culpa, pensando que todo dependía de mí y sintiendo que mi cuerpo decía quién era». Una frase que resume décadas de exigencia personal y de convivencia con unos estándares de belleza que marcaron a toda una generación de mujeres. Sin embargo, hoy reconoce que aquel pensamiento quedó atrás. «Con el tiempo entendí que no era así. Por eso me apetecía formar parte de una conversación que deja a un lado el juicio y pone el foco donde tiene que estar: en la salud y en la importancia de ir al médico. Si conseguimos que una sola persona deje de sentirse culpable y se anime a pedir ayuda, ya habrá merecido la pena».

Las palabras de Vicky llegan en un momento en el que el debate sobre el cuerpo femenino parece más presente que nunca. Las redes sociales han abierto la puerta a nuevos discursos sobre diversidad corporal y aceptación, pero también han multiplicado la exposición pública y los comentarios sobre el físico de los demás. Ella lo sabe bien. Lleva más de dos décadas siendo un rostro conocido y ha comprobado cómo cada cambio de peso, cada aparición pública o cada fotografía terminaban generando titulares y opiniones de todo tipo. Por eso le molesta especialmente que todavía exista quien reduzca la obesidad a una simple cuestión de voluntad. «Es muy fácil opinar sobre el cuerpo de otra persona sin saber qué hay detrás», afirma con contundencia. «Seguimos creyendo que todo depende de comer menos o de hacer más deporte, cuando hoy sabemos que intervienen muchísimos factores. Por eso insisto tanto en dejar de juzgar y empezar a entender. Nadie debería cargar, además de con una enfermedad en muchos casos, con la culpa».
Escuchándola resulta inevitable pensar en la Vicky de hace veinte años. La misma mujer que irrumpía en la vida pública con una personalidad arrolladora, pero que, como ella misma reconoce, también convivía con inseguridades que pocas veces dejaba ver. «La he vivido como la hemos vivido muchísimas mujeres», responde cuando le preguntamos por la presión estética en la moda y la televisión. «Durante mucho tiempo sentí que siempre había una talla mejor, un cuerpo mejor o una mejor versión de mí y eso te hace sufrir mucho», dice. No hay dramatismo en sus palabras, sino una serenidad que solo concede el paso del tiempo. Porque si algo transmite durante toda la conversación es que ha dejado de pelearse con el espejo. «He entendido muchas cosas, he entendido qué factores me afectan y que el cuerpo cambia porque tiene que cambiar. Sigo cuidándome, claro que sí, pero ya no busco gustarle a todo el mundo. Me basta con encontrarme bien conmigo».
Ver esta publicación en Instagram
Ese cambio de mentalidad, explica, ha sido probablemente la mayor conquista de su vida. Durante años creyó que el bienestar llegaría cuando alcanzara el físico perfecto, pero terminó descubriendo que la verdadera libertad consistía precisamente en dejar de perseguirlo. «Mientras estás peleada con tu cuerpo, todo gira alrededor de eso. Pero un día entiendes que la vida es muchísimo más grande que una talla. Ahí cambia la mirada». Una reflexión que resume el momento personal que atraviesa y que conecta también con otra de las grandes reivindicaciones de la campaña: dejar de educar desde la culpa para empezar a hacerlo desde la salud. «También entiendes que tenemos que dejar de hablar tanto de castigo y empezar a hablar mucho más de bienestar y de aceptación».
Esa nueva forma de entender el cuidado personal también ha transformado su relación con el deporte. Si antes el ejercicio estaba inevitablemente ligado al peso o a la imagen, ahora forma parte de una rutina mucho más amable consigo misma. «He conseguido tener una rutina con el deporte y no lo hago desde la obligación ni desde el castigo. Lo hago porque me quiero encontrar bien, porque quiero tener energía, porque quiero disfrutar muchos años de mi familia y de los míos con calidad de vida». Y ahí aparece otro de los grandes pilares de su vida: su familia. Especialmente su hija, Alba Díaz, con quien además comparte protagonismo en esta iniciativa. Hablar de ella supone también hablar del paso del tiempo y de cómo han cambiado las generaciones. «Mi generación creció intentando encajar en un único modelo de belleza. Hoy las chicas tienen referentes mucho más diversos y eso es una suerte». Aunque matiza rápidamente que las jóvenes también se enfrentan a una presión desconocida para quienes crecieron sin redes sociales. «Viven bajo una exposición constante que nosotros no conocimos. Las redes pueden ser maravillosas, pero también muy exigentes».

Quizá por eso insiste tanto en el enorme daño que pueden hacer los prejuicios. «Cuando una persona siente que constantemente la están juzgando, acaba creyéndose muchas veces ese juicio. Y eso afecta a la autoestima, a la seguridad y hasta a la manera de vivir la vida». Lo dice alguien que ha aprendido a blindarse frente a las opiniones ajenas, aunque reconoce que no siempre fue así. «Del juicio es difícil escapar porque siempre habrá alguien opinando. Lo que sí podemos decidir es cuánto nos afecta lo que diga el de al lado. Yo he aprendido que no puedo vivir pendiente de lo que piensa todo el mundo porque entonces dejo de vivir mi vida». Una frase que podría resumir el momento vital de una mujer que, después de tantos años bajo los focos, parece haber encontrado algo mucho más valioso que la aprobación externa: la tranquilidad.