Amaia Salamanca lleva su preocupación como madre a su primer corto y alerta sobre las pantallas: «Son como el alcohol»
Amaia Salamanca debuta como directora con 'Empatía', un cortometraje protagonizado por Manuela Velasco y Unax Hayden
En una entrevista con COOL, la actriz reconoce su preocupación por cómo estas tecnologías pueden afectar al desarrollo de los menores
Con este proyecto, Salamanca cumple su sueño de ponerse detrás de las cámaras
Amaia Salamanca ha encontrado una nueva forma de contar historias. Después de años delante de las cámaras, la actriz se ha puesto por primera vez detrás de ellas para dirigir Empatía, un cortometraje con el que aborda una de las cuestiones que más le preocupan de la sociedad actual: el impacto de las pantallas, las redes sociales y la inteligencia artificial en la salud mental de los adolescentes. Un proyecto que nace de su curiosidad por los cambios que está experimentando la sociedad, pero que también tiene una vertiente personal. La maternidad le ha llevado a reflexionar sobre cómo crecen las nuevas generaciones y sobre las herramientas que tienen los adultos para acompañarlas en un mundo digital que evoluciona mucho más deprisa de lo que a menudo son capaces de asimilar.
Durante el evento solidario Reflejo de un Compromiso, Amaia Salamanca ha hablado con COOL sobre una realidad ante la que reconoce que no tiene todas las respuestas y que también genera incertidumbre entre muchos padres. «Un adolescente es un cerebro en desarrollo», recuerda al explicar por qué considera importante prestar atención a la relación de los menores con la tecnología. A su juicio, la facilidad con la que acceden a las pantallas obliga a reflexionar sobre sus posibles consecuencias, especialmente durante una etapa en la que están construyendo su identidad y su manera de relacionarse con el mundo. «Igual que se limita en su día el alcohol, el tabaco y cosas que a lo mejor no nos damos cuenta de lo que pueden llegar a hacer, las pantallas también pueden generar adicciones», advierte.
La actriz pone el foco en una cuestión que va más allá del tiempo que los jóvenes pasan delante del móvil. También le preocupa cómo influye ese universo digital en la percepción que tienen de sí mismos y de la realidad. La exposición constante a las redes sociales, la comparación con otras personas y el acceso a contenidos de todo tipo pueden condicionar la manera en la que los adolescentes se ven y se relacionan con los demás. Por eso, considera fundamental que los adultos no permanezcan al margen de una conversación que afecta directamente al bienestar emocional de los más jóvenes. «Muchas veces tampoco nosotros mismos, como adultos, tenemos dudas de cómo gestionar todo esto… A veces, los padres tampoco sabemos cómo hacerlo», admite al hablar de la dificultad de establecer límites en un entorno tecnológico que no deja de transformarse.
La llegada de la inteligencia artificial añade una nueva dimensión a ese desafío: ya no se trata únicamente de decidir cuánto tiempo pueden pasar los menores conectados, sino también de ayudarles a distinguir entre lo real y lo que encuentran a través de una pantalla. Amaia no pretende ofrecer una solución definitiva ni presentarse como una experta en educación digital. Su intención, explica, es contribuir a que se hable de ello y a que cada vez más personas sean conscientes de lo que está en juego.