Ramón Monegal, creador de perfumes para Julio Iglesias o Massimo Dutti: «La perfumería no es una máquina de hacer dinero»
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Para Ramón Monegal, un perfume no es simplemente un complemento. Es una forma de expresión, una firma invisible que habla de quien lo lleva incluso antes de que diga una palabra. Cuarta generación de una familia dedicada a la perfumería, el creador catalán ha convertido su apellido en una defensa del perfume de autor y de la libertad creativa. Su manera de entender el oficio se aleja de la perfumería concebida únicamente como negocio. Para Monegal, detrás de cada fragancia debe existir una historia, una intención y, sobre todo, una personalidad. «El objetivo de una fragancia es seducir, primero a ti mismo y luego a los demás», explica.
Una tradición familiar que mira al futuro

Monegal pertenece a una saga de perfumistas que ha llegado hasta la cuarta generación y que él trabaja para mantener viva en las siguientes. Su objetivo no es únicamente preservar una tradición familiar, sino transmitir el conocimiento de la perfumería artesanal. Para él, el perfume necesita libertad. De ahí que su propia marca naciera con la intención de poder crear sin las limitaciones que encontró durante su etapa en la industria. Su filosofía queda resumida en una frase contundente:
«La perfumería no es una máquina de hacer dinero, es una máquina de hacer arte»
Esa visión también explica su apuesta por una perfumería vinculada a la naturaleza y a los ingredientes botánicos. Monegal considera que son precisamente las materias naturales las que permiten imprimir una identidad particular a cada creador.
El aroma como carta de presentación
¿Puede un perfume decir algo de nosotros? Para Monegal, claramente sí. El aroma funciona como una especie de código de información capaz de transmitir una actitud. Por eso rechaza la idea de que exista un perfume determinado para cada género, edad o estación.
«El perfume no tiene edad, ni tiempo, ni género»
También defiende la posibilidad de cambiar de fragancia según el momento vital. Una ruptura, una nueva etapa o simplemente un cambio personal pueden ser motivos suficientes para buscar otro aroma. Al fin y al cabo, los olores están profundamente relacionados con nuestros recuerdos.
El perfumista distingue, además, entre el olor y la emoción. Una fragancia no crea por sí misma un sentimiento: son nuestras experiencias y asociaciones personales las que convierten determinados aromas en recuerdos.
Del Mediterráneo al frasco
La identidad española ocupa un lugar central en su trabajo. Monegal reivindica una perfumería nacional con personalidad propia, marcada por la posición de España entre Oriente y Occidente y por siglos de influencias culturales.
Sus creaciones parten habitualmente de una idea. Antes que los ingredientes aparece el título, que funciona como punto de partida para construir una historia olfativa. Así nacen perfumes con nombres como Flamenco, su fragancia más vendida, o Matador, una creación relacionada con la idea de atracción y seducción. En su proceso creativo, los ingredientes llegan después. Flores, maderas, almizcles o frutas se combinan en función del concepto que quiere transmitir.

Un ritual dos veces al día
Aunque trabaja rodeado de cientos de aromas, Monegal no parece buscar una única fragancia para definir toda su vida. De hecho, asegura que no tiene una favorita. Sí tiene, en cambio, un ritual muy concreto. Después de ducharse, utiliza una fragancia fresca y energética, pensada únicamente para él. Más tarde, cuando se viste, vuelve a perfumarse.
«Al salir de la ducha me perfumo con algo energético, vital, transparente, fresco, sólo para mí»
Y no es casualidad. Para Monegal, perfumarse también es una forma de bienestar y de cuidado personal: un pequeño gesto que ayuda a sentirse mejor con uno mismo.