De calvo a pelazo: el misterio capilar del fiscal jefe de la Audiencia Nacional trae de cabeza a los expertos

El pelo de Jesús Alonso, fiscal jefe de la Audiencia Nacional, ha cambiado. Y bastante. En las imágenes de hace unos años se le ve con unas entradas mucho más pronunciadas y menor densidad en la zona frontal, mientras que desde 2023 aparece con una cabeza mucho más poblada. Su aspecto actual vuelve a poner el foco en una cuestión que lleva tiempo circulando: ¿se ha sometido a un injerto capilar o hay otra explicación detrás de ese cambio? Dos expertas en medicina estética y peluquería analizan sus últimas imágenes y explican qué posibilidades encajan mejor con lo que se aprecia.
La diferencia se ve en la zona frontal. En las imágenes antiguas, las entradas de Alonso eran mucho más visibles y la parte superior presentaba una densidad menor. En las fotografías posteriores, en cambio, el cabello aparece más tupido y con una primera línea aparentemente más definida.
Para María Eugenia Azzolin, médico estético y fundadora de Bennu Clinic, el cambio podría encajar con un microinjerto capilar. Hay, además, un factor importante: el tiempo transcurrido entre unas imágenes y otras.
«El cambio de imagen es perfectamente compatible con un tratamiento de microinjerto capilar», explica. La especialista apunta que las fotografías en las que se observan unas entradas más pronunciadas corresponden a 2017, mientras que el cambio consolidado se aprecia en 2023. Una diferencia temporal que sí permitiría que un eventual trasplante hubiera completado su evolución.

Si efectivamente se hubiera realizado un injerto, la técnica más habitual para trabajar una zona como la frontal sería la FUE. Consiste en extraer unidades foliculares de la parte posterior de la cabeza, la denominada zona donante, para después implantarlas en las áreas en las que se busca recuperar densidad.
La distribución es fundamental. No se trata simplemente de colocar cabello donde falta, sino de diseñar la nueva línea frontal para que el resultado resulte natural.
Posible reconstrucción de la línea frontal
Precisamente ese es uno de los detalles que más llama la atención en el caso de Alonso. Azzolin considera que podría haberse trabajado la zona frontal para reducir visualmente la amplitud de la frente. «Sí, definitivamente tenía una calvicie frontal avanzada y se buscó rediseñar el área frontal optimizando la redistribución capilar», señala.

La especialista calcula que, para conseguir un cambio como el que se observa en las fotografías, podrían haberse empleado entre 2.800 y 3.200 unidades foliculares. Es una estimación aproximada basada en el aspecto visual, no una confirmación de que ese número de unidades haya sido realmente implantado.
Además, un resultado de este tipo no aparece de un día para otro. Tras un microinjerto, el cabello necesita tiempo para crecer y alcanzar una apariencia natural. «El proceso lleva aproximadamente un año», explica Azzolin.
¿Podría ser fibra sintética?
El abanico de posibilidades no termina en el trasplante. También existe la fibra capilar sintética, una opción que se utiliza para ganar densidad y que puede resultar especialmente interesante cuando la zona donante no tiene suficiente cabello para realizar una redistribución.
A diferencia del microinjerto, aquí no se extrae pelo de la parte posterior. El procedimiento es menos invasivo y permite salir de la consulta con una apariencia mucho más inmediata. Las fibras pueden adaptarse al color, longitud y textura del cabello. El inconveniente es que no son definitivas. «El pelo que colocamos se va a ir perdiendo», explica Azzolin, por lo que es necesario realizar sesiones de mantenimiento para reponer las fibras.
En el caso concreto de Alonso, sin embargo, la especialista no termina de decantarse por esta opción. El motivo está, entre otras cosas, en la manera en la que aparece peinado el cabello.

La teoría del secador y el cepillo
Porque existe una explicación mucho más sencilla: un buen peinado puede hacer bastante. Eso es precisamente lo que observa Pilar de Alba, peluquera y estilista, al analizar las fotografías. «También se consiguen estos volúmenes con cepillo y secador y polvos texturizantes», apunta.
Alba no encuentra señales claras que hagan pensar en una prótesis o en un postizo. «El cabello de la parte superior parece integrarse con los laterales» y no observa una ruptura evidente en la transición de longitudes. Además, hay un recurso de peluquería que puede cambiar por completo la percepción de la densidad. «Llevar la parte superior más larga, peinarla hacia delante y después levantarla o llevarla ligeramente hacia un lado permite cubrir las entradas y crear más volumen en la zona frontal». Es decir, no hace falta necesariamente añadir cabello para que parezca que hay más.
¿Un peluquín? Las imágenes no lo confirman. La posibilidad de una prótesis capilar también está sobre la mesa, pero Pilar de Alba no aprecia indicios claros de que Alonso lleve un flequillo postizo. «Aquí yo no veo señales claras de una prótesis o un postizo de flequillo», explica. A su juicio, el cabello mantiene una continuidad bastante natural con los laterales.
La estilista también apunta a otro detalle que puede contribuir al cambio de imagen: el color. «Lo que sí puedo apreciar es el cambio de color; es posible que se esté tiñendo», señala. Un tono ligeramente diferente, unido a un cabello más largo y trabajado con productos de styling, puede modificar notablemente la percepción de volumen.

La clave está en no confundir apariencia con diagnóstico. Y aquí está la parte importante. Ninguna fotografía puede confirmar por sí sola que Jesús Alonso se haya realizado un injerto capilar. De hecho, si un trasplante ya ha terminado su proceso de crecimiento, el cabello implantado es del propio paciente y puede resultar prácticamente imposible distinguirlo del resto a simple vista.
Por eso, las dos expertas hablan de posibilidades y no de certezas. Azzolin considera que la evolución es compatible con un microinjerto y apunta incluso a una posible reconstrucción de la primera línea. Pilar de Alba, en cambio, encuentra perfectamente posible explicar buena parte del efecto mediante longitud, secador, cepillo y productos texturizantes y descarta, a partir de las imágenes analizadas, que haya señales claras de una prótesis.