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Rafa Nadal concede su entrevista más personal: las confesiones sobre su relación con Mery y su vida en Mallorca

El tenista español, conocido por ser una persona reservada y recelosa de su intimidad, ha concedido una de sus entrevistas más personales al programa 60 Minutes de la cadena estadounidense CBS. 

Copa todos los titulares, pero rara vez lo hace por dar declaraciones sobre su vida privada. Rafa Nadal llega a la prensa (casi) siempre por sus innumerables triunfos y también por sus fracasos con su inseparable raqueta en mano. El tenista español, conocido por ser una persona reservada y recelosa de su intimidad, ha concedido una de sus entrevistas más personales al programa 60 Minutes de la cadena estadounidense CBS.

Mallorca, su tierra natal; su familia, su carrera en el tenis y su mujer -y novia de toda la vida- María Francisca Perelló (conocida como Mery o Xisca) son los ejes centrales de una entrevista en la que Rafa muestra su lado más ‘humano’.

«¿Cuántas generaciones de la familia Nadal se han criado en Mallorca», pregunta el presentador. «Bastantes», contesta Rafa sonriendo. El vínculo que el tenista español tiene con la isla es muy grande y responde contundente. «Volver a Mallorca es volver a mi vida normal. Y mi vida normal me hace feliz. Dejo de ser Rafa Nadal tenista y vuelvo a ser Rafa Nadal persona humana», contesta entre risas.

Su familia ha sido uno de los pilares más importantes para que Rafa mantuviese siempre ‘la cabeza sobre los hombros’. Conoció la fama de la mano de su tío, Miguel Ángel Nadal, el jugador de la Selección Española de Fútbol, y pudo aprender mucho de él. «Siempre mantuvo una vida cercana a los suyos, muy normal, tranquila. Fue un gran ejemplo para mí», dice el tenista.

Su otro tío, Toni Nadal, se convirtió en su entrenador y su ‘muleta’. Él reconoció su talento desde el primer minuto, pero reconoce que estos años a su lado han sido duros. «Quería preparar a mi sobrino para el futuro y pensé que el futuro sería muy difícil».

No ha roto ninguna raqueta en su vida porque eso significaría «perder el control de sus emociones», reconoce.