La cara b de la aparición del Rey Felipe al frente de la UME: «Siento impotencia»
El Rey Felipe VI ha disfrutado de unas vacaciones privadas en Grecia con su esposa y sus dos hijas
Doña Letizia y Felipe VI recibieron a las autoridades en el palacio de Marivent junto a la Reina Sofía, la infanta y la princesa de Asturias
La península ibérica está siendo devorada por las llamas. Los incendios distribuidos por toda la geografía han calcinado hectáreas de terreno, han supuesto muchos daños materiales e incluso ha habido que lamentar pérdidas humanas. Desde que comenzaron estos desastres naturales, la alerta en todo el territorio nacional es máxima. Ante esta situación de emergencia, el Rey Felipe VI ha interrumpido sus vacaciones privadas en Grecia y ha volado con carácter urgente a España para ponerse al frente de la Unidad Militar de Emergencia (UME). Lo ha hecho enfundado en el uniforme reglamentario del ejército y no ha lucido ni galones ni condecoraciones de ningún tipo. Siguiendo la misma línea, ha aparecido con las mangas arremangadas. Un gesto que simboliza el compromiso y el trabajo que está dispuesto a ejecutar junto al resto de operarios para solucionar esta preocupante ola de numerosos incendios.
Durante su acto en la UME, el monarca ha pronunciado unas palabras que han dejado visible su lado más humano. «Quiero transmitiros primero mi reconocimiento, ánimo y gratitud. Sé que estáis dándolo todo por encima de las capacidades personales. Siento impotencia», ha trasladado a los efectivos allí presentes reconociendo su labor, ya que se están enfrentando a un enemigo «que no se frena fácilmente con los medios tradicionales». Unas declaraciones durante las que ha mostrado su absoluta disposición a acudir a los lugares afectados para visitar a los vecinos. De la misma manera, ha calificado la situación de «extremadamente crítica» debido a las fuertes rachas de viento que avivan el fuego y lo hacen incontrolable.
Posteriormente, ha pasado a visualizar y valorar los destrozos, así como ha planteado algunas soluciones para que se lleven a cabo en los próximos días en las actividades de extinción y reestructuración. En esta jornada no ha estado solo. Margarita Robles, la ministra de Defensa, ha permanecido a su lado en todo momento y ha seguido muy atenta las instrucciones que ha deslizado el hijo del rey emérito para abordar la catástrofe. Para esta ocasión, Robles se ha decantado por un estilismo muy simbólico. Ha seleccionado un vestido rojo, uno de los colores de la bandera de España.
En la otra cara de esta moneda está Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno. Mientras el pueblo español ha reclamado su apoyo porque sus casas se quemaban y las llamas devoraban parajes catalogados como Patrimonio de la Humanidad de inmenso valor, este se ha mantenido ajeno a todo en La Mareta, su particular refugio de verano en Lanzarote. Después de varios días, ha viajado también a España, pero se ha limitado a ofrecer un discurso institucional y distante muy alejado de las intenciones humanitarias que reflejaba el Rey con su actitud y atuendo.
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