Ciencia
España

La ciencia confirma que España gira en sentido contrario al resto de Europa y en realidad es un plan que acabará cerrando el Mediterráneo

España no se mueve como el resto de Europa. Mientras el continente sigue su dinámica habitual, la península ibérica presenta un comportamiento propio que ha llamado la atención de los científicos y es que está girando lentamente en sentido de las agujas del reloj. Es un movimiento imperceptible a escala humana, pero lo suficientemente claro como para que los expertos lo consideren una pieza clave dentro de un proceso geológico mucho mayor.

Ese pequeño «giro»  no es un capricho ni una anomalía aislada sino que tiene que ver con lo que está pasando mucho más abajo, donde las placas tectónicas siguen empujándose unas a otras como llevan haciendo millones de años. En este caso, las protagonistas son la africana y la euroasiática, que poco a poco se van acercando. Y ahí es donde entra la parte más llamativa. Porque ese movimiento, mantenido durante millones de años, apunta a un escenario que hoy cuesta imaginar: el Mediterráneo tal y como lo conocemos no será eterno. Con el tiempo, acabará cerrándose y la península ibérica terminará encajando con el norte de África. No es algo inminente, ni mucho menos, pero forma parte de la película geológica del planeta.

La ciencia confirma que España gira en sentido contrario al resto de Europa

El estudio que ha puesto cifras a este fenómeno lo firman investigadores de la Universidad del País Vasco junto a equipos de Palermo y Granada. Lo que han hecho, básicamente, es medir con mucha precisión cómo se mueve la superficie terrestre en esta zona. Y ahí han visto que la península rota, lentamente, en sentido horario a una velocidad de entre cuatro y seis milímetros al año. Dicho así parece poco, pero en geología no lo es. Con ese ritmo constante, en millones de años se pueden redibujar continentes enteros. De hecho, es exactamente lo que ha pasado en el pasado de la Tierra.

Lo curioso es que no todo Europa se comporta igual. Italia, por ejemplo, gira en sentido contrario. Y en la zona de Turquía ocurre algo parecido. Es decir, cada región responde de forma distinta a las tensiones que se generan bajo la superficie.

El «origen» está en Gibraltar

Si hay una pieza clave en todo esto, esa es el llamado Arco de Gibraltar. No es algo que se vea a simple vista, pero a nivel geológico funciona como una especie de zona de transición entre placas. Al este del estrecho, la presión entre África y Eurasia se reparte de forma más gradual. Es como si el terreno «absorbiera» parte del impacto. Pero en el lado occidental la cosa cambia: ahí el choque es más directo, más seco, y eso genera tensiones que acaban traduciéndose en ese giro de la península. Entonces, no es que España se esté «separando» del resto de Europa, sino que sigue unida, pero responde de otra manera a las fuerzas que actúan debajo.

Cómo se mide algo que no se ve

Para detectar estos movimientos, los científicos han utilizado sistemas GNSS, básicamente redes de satélites y estaciones GPS que permiten medir desplazamientos de apenas milímetros. A eso le han sumado el análisis de terremotos. Cada seísmo da pistas sobre cómo se están acumulando y liberando tensiones en el subsuelo. Al juntar ambas cosas, han podido dibujar con más precisión qué zonas están en colisión directa y cuáles no. Esto es especialmente útil en el Mediterráneo occidental, donde los límites entre placas no están tan claros como en otros lugares del planeta. Aquí todo es más difuso, más complejo.

El Mediterráneo no será para siempre

La consecuencia de todo esto es bastante directa, aunque lejana y es que África y Europa acabarán chocando. Cuando eso ocurra, el Mediterráneo irá desapareciendo poco a poco, como ya ha pasado en otras épocas de la historia geológica. Pero no será de golpe, sino que se trata de algo que ocurrirá de aquí a dentro de decenas de millones de años. Las estimaciones más habituales sitúan el cierre en torno a los 100 millones de años. Antes de eso, la región pasará por fases de mayor actividad sísmica y, probablemente, también volcánica.

Y en medio de ese proceso, la península ibérica terminará formando parte de una misma masa continental junto al norte de África. Algo parecido, salvando las distancias, a lo que ocurrió con antiguos supercontinentes.

Mucho tiempo pero con efectos hoy

Puede que pensemos que todo esto queda muy lejos, sí, pero no es sólo una curiosidad. Entender cómo se mueve esta zona ayuda a localizar fallas activas y a saber dónde puede haber más riesgo de terremotos. Investigadores como Asier Madarieta-Txurruka apuntan precisamente a eso: a que estos datos permiten identificar mejor qué zonas están acumulando tensión y lo cierto es que lugares como el suroeste peninsular o ciertas áreas de los Pirineos occidentales entran en ese mapa.