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Los posos de café son uno de los residuos orgánicos más abundantes (y parece ser que también útiles) del planeta. La industria cafetera genera millones de toneladas de este subproducto cada año y, lamentablemente, en la mayoría de los casos, no tiene ningún destino. Cuando se acumula en vertederos, su descomposición libera metano (un potente gas de efecto invernadero).
Consecuentemente, contribuye a un problema ambiental que varios grupos de investigación llevan años intentando resolver. Un equipo de la Universidad Agrícola de Shenyang, en China, ha encontrado en esos posos de café una materia prima con propiedades inesperadas.
El aislante de posos de café que iguala a los materiales que se usan hoy en edificios
Los investigadores Sung Jin Kim y Seong Yun Kim experimentaron con el aprovechamiento de posos de café en aislantes y publicaron sus resultados en la revista Biochar de Springer Nature, dentro de una línea de trabajo dedicada a desarrollar materiales de construcción completamente sostenibles.
El material desarrollado por estos investigadores chinos es un compuesto que combina biochar (carbón vegetal obtenido de los posos mediante pirólisis) con etilcelulosa, un polímero derivado de la celulosa vegetal.
El resultado alcanza una conductividad térmica de 0,04 W/m·K, el mismo valor que registra el poliestireno expandido comercial, el aislante más extendido en la construcción de edificios durante las últimas décadas. En comparación con la etilcelulosa sola, el material mejora el rendimiento aislante en seis veces.
La clave está en la porosidad. Un material aísla mejor cuanto más aire atrapa en su estructura interna: el aire es mal conductor del calor, y los huecos reducen la transferencia térmica. Los posos de café en estado natural tienen alrededor de un 40% de porosidad, un valor insuficiente para competir con los aislantes industriales.
Tras la carbonización, esa cifra sube hasta el 71%, lo que sitúa al compuesto en un rango de conductividad térmica comparable al de los productos sintéticos convencionales.
¿Cómo se transforma un residuo como el café en un material de construcción?
El proceso empieza con el secado de los posos en horno a 80 °C durante una semana para eliminar la humedad residual. A continuación, se calientan a 700 °C durante una hora en ausencia de oxígeno.
Esa carbonización convierte el material orgánico en biochar y altera su microestructura, elevando la porosidad de forma significativa.
El equipo aplica después lo que en el estudio denominan una estrategia de ‘restauración de poros’: el biochar se mezcla con propilenglicol (un compuesto que ocupa temporalmente los huecos internos como plantilla) y con polvo de etilcelulosa, que actúa como matriz estructural.
La mezcla se comprime en un molde a 150 °C durante diez minutos. El paso final es introducir el material en un horno de vacío a 80 °C durante una hora. Es allí cuando el calor extrae el propilenglicol y deja atrás la red porosa responsable del aislamiento térmico.
Sin petróleo y totalmente biodegradable: las ventajas de aprovechar los posos de café
Los aislantes más comunes en la construcción (poliestireno expandido, espuma de poliuretano) proceden del petróleo y apenas se degradan en el medioambiente. El poliestireno tarda cientos de años en descomponerse y ya aparece como microplástico en suelos y aguas de todo el mundo.
El compuesto de posos de café, por el contrario, supera las pruebas de biodegradabilidad en laboratorio y está elaborado íntegramente con recursos renovables, sin sustancias tóxicas ni peligrosas en su fabricación.
«Los residuos de café se generan a escala masiva, pero la mayoría termina en vertederos o se incinera», señalan Jin Kim y Yun Kim en el estudio. El material ya se ha probado en paneles solares, donde demostró reducir la transferencia de calor con eficacia.
Si el proceso logra escalar a nivel industrial, las cafeterías, oficinas y hogares de todo el mundo pasarían a ser proveedores involuntarios de materia prima para un sector de la construcción que hoy depende casi por completo del petróleo.
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