Ciencia
Recursos hídricos

Chile desafía los límites naturales: construye una desalinizadora de agua a las puertas del desierto más seco del mundo

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Sea cual sea la región en la que se instale, tener una desalinizadora de agua es clave para enfrentar la escasez hídrica. Sobre todo en territorios donde los recursos continentales son limitados, esta tecnología permite convertir el agua de mar en una fuente alternativa capaz de abastecer tanto a la población como a la actividad productiva.

En el norte de Chile, especialmente en la Región de Atacama, la presencia de una desalinizadora de agua ha cambiado el modelo de abastecimiento en un territorio marcado por la aridez. La combinación entre minería, agricultura y crecimiento urbano ha obligado a buscar soluciones que reduzcan la presión sobre ríos y acuíferos en uno de los entornos más secos del planeta.

¿Cómo funciona una desalinizadora de agua en pleno desierto de Atacama?

Cerca de la ciudad de Caldera, en la Región de Atacama, se construyó una desalinizadora de agua impulsada por la empresa Aguas CAP con el objetivo inicial de asegurar el suministro hídrico para la operación de la Compañía Minera del Pacífico en el valle de Copiapó.

La infraestructura comenzó a desarrollarse entre 2011 y 2013 y entró en operación comercial en abril de 2014. Su diseño fue concebido como un proyecto de infraestructura compartida: las empresas y entidades usuarias pagan una tarifa en función de la capacidad contratada y del coste variable de producción del agua.

El crecimiento del proyecto se produjo por etapas y la primera fase alcanzó 200 litros por segundo de capacidad. Posteriormente, con la incorporación del proyecto minero Caserones, se amplió a 400 litros por segundo.

La instalación también cuenta con espacio para futuras ampliaciones que permitirían aumentar la producción hasta 600 litros por segundo.

Además de la planta, el sistema incluye una extensa red de transporte de agua que supera los 200 kilómetros de acueductos, lo que permite distribuir el recurso a diferentes zonas del valle de Copiapó.

¿De qué forma esta desalinizadora de agua abastece minería, ciudades y agricultura?

Con el paso de los años, el proyecto amplió su alcance más allá de la minería. En 2020, la planta alcanzó una producción anual cercana a 8 millones de metros cúbicos de agua desalinizada.

La distribución del recurso muestra la diversidad de usos:

Parte del suministro se entrega en la ciudad de Caldera a la empresa sanitaria Nueva Atacama, encargada de potabilizar el agua antes de distribuirla a la población. Otra porción se canaliza hacia la Junta de Vigilancia del Río Copiapó para su uso en sistemas de riego.

El sistema también suministra agua a agricultores del sector de Mal Paso, donde se destinan más de 120 litros por segundo al regadío. Podría afirmarse que esta mezcla de minería, uso urbano y agricultura es uno de los aspectos más relevantes del modelo.

Poco a poco: la desalación gana terreno en la estrategia hídrica de Chile

La desalinizadora de agua de Atacama forma parte de una tendencia más amplia en Chile. El país ha impulsado diferentes proyectos de desalación para reducir la dependencia de los recursos continentales, especialmente en las zonas del norte.

En ciudades como Tocopilla, en la región de Antofagasta, el abastecimiento de agua potable proviene completamente de plantas de desalación. Otras localidades de la región ya superan el 80% de suministro a partir de agua de mar tratada.

Por último y para concluir, recordemos que esta estrategia responde a la realidad climática del país. El desierto de Atacama es considerado el más seco del mundo, lo que limita las fuentes naturales de agua dulce y aumenta la presión sobre los ecosistemas.

Por este motivo, la desalación se ha convertido en uno de los pilares del plan de emergencia hídrica impulsado por el Gobierno chileno para combatir la sequía. Entre los objetivos figura triplicar la capacidad nacional de desalación, que actualmente ronda los 6.600 litros por segundo.