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Psicología

La psicología afirma que los niños que asumen más riesgos en los parques toman mejores decisiones de seguridad vial, según un estudio

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

¿Es posible que proteger excesivamente a los más pequeños en el parque les haga más vulnerables en la calle? Una investigación pionera revela que el juego arriesgado fomenta una capacidad de reacción más ágil ante el tráfico.

El estudio demuestra que enfrentarse a retos físicos durante la infancia mejora la coordinación, y que resulta fundamental para que los niños tomen decisiones rápidas y seguras en entornos viales complejos.

El impacto del juego arriesgado en la capacidad de los niños para gestionar peligros viales

Un equipo de investigadores liderado por Mariana Brussoni, de la Universidad de Columbia Británica, analizó el comportamiento de 424 menores procedentes de Noruega y Canadá.

El estudio utilizó entornos de realidad virtual para recrear situaciones que los niños realizan de forma cotidiana. Los participantes exploraron primero un parque virtual con plataformas elevadas y pilares estrechos, antes de enfrentarse a la tarea de cruzar calles con tráfico de coches y bicicletas.

Los científicos midieron la «disposición al riesgo» evaluando la velocidad de movimiento de los menores y su voluntad para aventurarse en zonas elevadas.

Los datos, publicados en el Journal of Environmental Psychology, sugieren que la libertad de exploración en el juego temprano actúa como un entrenamiento para la vida adulta. Los niños que se mostraron más audaces en el entorno de juego demostraron una competencia superior al evaluar el tráfico real.

¿Por qué el riesgo físico en los parques mejora la toma de decisiones en el tráfico?

Los resultados del informe indican que los menores con mayor índice de disposición al riesgo tomaron decisiones significativamente más rápidas al cruzar la calle.

De hecho, los niños más atrevidos emplearon 68 segundos menos en evaluar el tráfico a lo largo de las pruebas en comparación con sus compañeros más precavidos. Este dato marca la diferencia entre un niño que se bloquea y uno que lee la situación con agilidad.

Al interactuar con riesgos físicos, los menores aprenden a procesar la información ambiental de forma más precisa y eficiente. Las pequeñas caídas y errores durante el juego permiten que el cerebro calibre mejores las distancias y las velocidades en el mundo real.

Diferencias culturales en la seguridad vial y el juego autónomo infantil

La investigación también resalta una brecha considerable según el país de origen de los menores. Los niños noruegos puntuaron mucho más alto en disposición al riesgo que sus iguales canadienses.

A pesar de ser ligeramente más jóvenes, los noruegos se movieron más rápido y visitaron con mayor frecuencia las zonas peligrosas del parque virtual. Estas diferencias responden a las políticas educativas nacionales de Noruega, que incentivan la independencia al aire libre.

En contraposición, los niños de Canadá suelen crecer en entornos más restrictivos donde la supervisión adulta es constante. Incluso el grupo canadiense seleccionado, que pertenecía a una escuela que fomentaba el juego con herramientas y troncos, mostró menos audacia que el grupo noruego.

Los investigadores argumentan que la eliminación sistemática del riesgo en los parques infantiles occidentales podría estar privando a los niños de habilidades críticas para su seguridad personal.

Según los investigadores, proteger totalmente a los niños de cualquier riesgo físico podría ser una de las decisiones menos seguras que los adultos pueden tomar.