Terna de lujo para el monumento verista llamado ‘Tosca’
No hay duda del acierto de esta 'Tosca' que acaba de abrir la XL Temporada de Ópera del Teatro Principal de Palma
El vínculo de Giacomo Puccini con Tosca se remonta al estreno en París el año 1887 (allí estaba Puccini) de la obra teatral La Tosca, de Victorien Sardou. Después de un largo proceso de criba y adaptación a la lírica, llegó en 1900 el estreno, con partitura y libreto situados en el ecuador de lo que en cierta manera es una trilogía en la que el personaje femenino es el centro mismo del drama. Los mismos libretistas, Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, participan en los tres proyectos consecutivos: La Bohème (1896), Tosca (1900) y Madama Butterfly (1904). La diferencia de Tosca con la obra previa y la posterior estriba en que el drama que encierra Tosca se suele interpretar como «thriller musical de ritmo rápido» en el que Puccini utiliza a la orquesta para crear una atmósfera de tensión, violencia y tragedia.
En el argumento conviven la situación histórica (Roma ocupada por tropas napoleónicas), la resistencia que encarna el personaje de Cesare Angelotti, la historia de amor entre la diva Floria Tosca y el pintor Mario Cavaradossi y sobrevolándolo todo el infame Barón Scarpia. Un cóctel explosivo y tal vez por eso se habla de thriller, expresión que utiliza el director escénico, Mario Pontiggia, apelando incluso a las primeras películas de Hitchcock y, por cierto, un excelente comunicador este Pontiggia. Aunque yo me quedo con otra expresión suya, cuando apunta que en Tosca asistimos a un más que memorable mecanismo teatral. Lo que convierte esta obra en el zénit del verismo en la lírica italiana de finales del siglo XIX.
Ustedes se preguntarán y este Merino, ¿cuándo empezará la crítica? Pues, en realidad, ya lo estoy haciendo desde la primera línea porque la trama es la clave y acto seguido, la manera de mover a los personajes en ella, hasta el punto de que la producción puede ser un éxito o un fracaso en función de la conexión que pueda existir –o no- entre las voces elegidas. No hay duda del acierto de esta Tosca que acaba de abrir la XL Temporada de Ópera del Teatro Principal de Palma. La terna resultó sublime y como prueba esa calurosa aceptación expresada por el público acabada la función, conforme iba apareciendo el reparto en modo saludo. Exclamaciones de admiración y de aclamación colectiva, conforme iban saliendo las voces principales.
En el personaje de Floria Tosca, la soprano canaria Yolanda Auyanet que el año pasado fue reconocida con el Premio Nacional de Música; encarnando al pintor Mario Cavaradossi el tenor kosovar Rame Lahaj, que inició carrera el 2016 ganando el prestigioso concurso Operalia, que apadrina entre otros, el gran Plácido Domingo, y cerrando la terna el hijo piiiiii Barón Scarpia y dándole presencia, nada menos, el bajo-barítono menorquín Simón Orfila, tan vinculado a la Temporada de Ópera como digno heredero del legado de su paisano –nuestro paisano también- el admirado Joan Pons.
Los tres sublimes y la pareja de enamorados impecable en sus respectivas arias, Vessi d’arte (ella) y E lucevan le stelle (él), tan populares desde el primer momento, que cuando Tosca se estrenó en el desaparecido Teatro Lírico de Palma en el año 1902, estas arias ya era sobradamente conocidas.
El segundo acto, en realidad es el nudo gordiano de este drama, subrayando la crudeza del libreto y con la orquesta creando ambientes al servicio de tan intenso desarrollo y acentuando el perfil psicológico de los personajes y las melodías diseñadas para reflejar las emociones y la acción en la escena. Es lo que convierte Tosca en un monumento al verismo, tan bien resuelto en el Principal de Palma, gracias a una terna protagonista de lujo.
Es una lástima que en origen se decidiera minimizar el papel de Angelotti, porque la breve intervención del barítono Italo Proferisce se merecía más y ¿qué decir del sacristán, interpretado con excelente vis cómica por uno de los nuestros, Tomeu Bibiloni? Un barítono de voz extraordinaria.
El verismo encabezado por Giacomo Puccini puede que naciera de cuanto sintió y experimentó viendo en escena en París a Sarah Bernhardt en la piel de Floria Tosca en la obra del dramaturgo Victorien Sardou. No entendió, ni papa, pero le alcanzó de lleno su expresividad, permitiéndole soñar una nueva propuesta escénica basada en representar la realidad de lo cotidiano. Y llegados a este punto, no es descabellado entender el verismo lírico como precedente inmediato del neorrealismo italiano en el cine, hasta el punto de poder establecer cierta conexión directa de Tosca con la película de 1945, Roma, ciudad abierta, de Roberto Rosellini. El paralelismo es evidente.
Hace 125 años Puccini abrió el papel de la orquesta a crear ambientes y el éxito de la empresa siempre ha estado en la acertada elección de intérpretes, lo que ha sucedido en Palma, abriendo la XL Temporada de Ópera, con el buen aval de confiar la producción escénica al Teatro Massimo de Palermo.
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