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También lo políticos debemos alzar la mirada

Alzar la Mirada es el lema que se ha escogido para la visita de León XIV a España. Los que creían que esta visita tendría olor a sacristía se han visto sorprendidos desde el primer momento. El Santo Padre, desde su primer discurso en el Palacio Real, nos sorprendió a todos y nos interpeló a todos.  

Fue un discurso directo a toda la sociedad y, por ende, a los políticos que intentamos ejercer este noble oficio para bien de la sociedad. 

Es verdad que los políticos somos reflejo de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad polarizada en muchos aspectos y que muchas veces no nos deja ver la realidad en la que vivimos. 

Las soluciones a los problemas que atañen a los ciudadanos no son blancas o negras, como algunos nos quieren hacer ver, sino que esconden muchos matices y muchas aristas que interpelan a huir de las soluciones fáciles o mágicas, ya que la realidad supera siempre a las ideas. 

Por eso León XIV nos dijo que hay que superar las «ideologías prefabricadas», aquellas que no buscan una solución verdadera, sino captar más bien la atención de los ciudadanos para rédito propio, con «narrativas polarizantes» que buscan soluciones rápidas y fantásticas que nunca son  adecuadas ante las diversidades de nuestra sociedad. 

Por eso los políticos que tenemos el privilegio y la gran responsabilidad de ayudar a nuestro pueblo a tener una vida mejor, tenemos que alzar la mirada. Alzar la mirada para vislumbrar cuáles son las verdaderas dificultades y buscar las mejores soluciones

Pero para ello tenemos que alzar la mirada de nosotros mismos, del sectarismo partidista e incluso de nuestra propia ideología para llegar a través del diálogo a consensos que nos permitan avanzar hacia el bien común y general. 

León XIV nos recordó que «el mensaje de paz que en estos tiempos, por desgracia, resuena para algunos como ingenuo y para otros como provocador, encuentra acogida en quienes no se encierran en ideologías prefabricadas, sino que se abren a la verdad». No sólo alcanzar la paz en el mundo, sino en nuestros pueblos, en nuestra sociedad y en nuestros corazones. 

Y para que la dignidad humana deje de ser violada, como nos recordó el Santo Padre, no cabe otro camino que el de abandonar la polarización y en ello los políticos de cualquier color tenemos una grave responsabilidad en la que se «instaure un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad».

Alcemos la mirada para hacer un poco más habitable este mundo que nos ha tocado vivir.