Caza al narco: una operación policial de película vista desde dentro
Las secuencias grabadas por los equipos de los propios agentes muestran como pocas veces la detención paso a paso de unos narcotraficantes.
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OKDIARIO accede a las cámaras subjetivas de los agentes de Aduanas que persiguieron a una narco lancha entre Ibiza y Alicante. 100 millas de persecución que acabó con la intervención de 2.000 kilos de hachís. A las 5 de la madrugada del pasado 19 de noviembre sonaba el teléfono de un agente de Aduanas. Una hora después él y su equipo estaban a bordo de la embarcación del servicio de la Agencia Tributaria para cazar a una narco lancha detectada entre Alicante y la isla de Ibiza. Lo que quedaba por delante eran 12 horas de peligrosísima operación policial y OKDIARIO ha tenido acceso a la grabación de una de las cámaras personales de los agentes que intervinieron en la misma.
Las rutas del tráfico de drogas a través de lanchas rápidas también se han visto alteradas por los efectos de la pandemia. Durante los periodos de confinamiento más extremo los depósitos de drogas de las bandas organizadas, lo que vendría a ser su stock, se esfumó ante el aumento desorbitado del consumo y la incapacidad de reponer género. Traficar en periodo de confinamiento se volvió tan obvio como peligroso, por eso, en cuanto volvió a haber cierta normalidad se reactivó el sistema para volver a llenar las reservas de las organizaciones criminales dedicadas al tráfico de drogas. De hecho, esa es una de las explicaciones de que se hayan producido tantas operaciones antidroga en los últimos meses.
En la operación que nos ocupa el aviso del dispositivo de vigilancia aérea y el radar apuntaban a una neumática que provenía de Marruecos y se había detectado en el norte de Ibiza, discurría en el momento del aviso a unas 90 millas náuticas de Cartagena y al parecer el destino final de la droga era Castellón.
La lancha fue detectada por la patrullera del servicio de Aduanas pero lejos de detenerse comenzó una persecución en alta mar que duró más de cinco horas y discurrió durante 100 millas náuticas. Durante todo ese tiempo los tripulantes de la lancha se dedicaron a arrojar fardos por la borda, todos, 2.000 kilos de hachís recuperados por los agentes que tuvieron que ir alijando lo que los traficantes habían lanzado al mar.
Las cámaras de los agentes
En el material inédito al que ha tenido acceso OKDIARIO se puede apreciar la tensión que se vive durante la detención de los traficantes. Lo vivimos en primera persona a través de la cámara subjetiva de uno de los agentes. La patrullera se acerca despacio a la lancha. La embarcación de los delincuentes, de 14 metros de eslora y equipada con 600 caballos de potencia divididos en dos motores fuera borda, puede reemprender la huida en cualquier momento. No es previsible, porque ya no hay droga a bordo, pero todo es posible, por eso los agentes extreman todas las precauciones. Arma reglamentaria en mano se escucha a uno de los agentes ordenar que saquen las llaves del contacto y que enseñen sus manos. No pasarán por alto ni un gesto sospechoso del narco. Les va la vida en ello.
Al abordar la lancha se ve el detalle de lo que es una embarcación diseñada para huir: un radar de media distancia, una tienda de campaña con un colchón hinchable para los turnos de descanso, un bidón de agua y poco más. Cada centímetro cuadrado de esta embarcación está dedicado a un solo objetivo: alijar todos los fardos que se pueda en su cubierta.
La rutina para la detención de este tipo de delincuentes debe ser inflexible. Lo siguiente tras lograr la inmovilización de la lancha es enviar a todos sus ocupantes hacia la proa, lejos de los mandos de la embarcación y los motores. Una vez allí los agentes amarran la goma y la conducen a la proa de la patrullera.
Al final los agentes de Aduanas en una operación llevada a cabo en conjunto con el cuerpo Nacional de Policía se hicieron con 66 fardos de hachís, varios teléfonos móviles vía satélite y otros efectos informáticos de contra vigilancia policial.
El mediterráneo se ha convertido en zona de influencia para las redes de narcotráfico. La presión policial ejercida en el Estrecho de Gibraltar ha supuesto una subida en el mapa de los traficantes, primero a través de Andalucía y después hacia la región de Murcia y Baleares. En los últimos meses tanto en las costas andaluzas como en las murcianas se está detectando un aumento del tránsito de este tipo de embarcaciones que responden a la existencia de una nueva línea de tráfico de drogas que lleva al narco desde Marruecos hasta España que antes prácticamente monopolizaba el Campo de Gibraltar.
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