Amazon Mechanical Turk cierra a nuevos clientes: el final de la IA que en realidad eran personas
La plataforma que durante veinte años puso personas detrás de la supuesta automatización deja de admitir clientes
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El aviso apareció el 30 de junio, discreto, en la página de registro de Mechanical Turk: la plataforma queda cerrada a nuevos clientes a partir del 30 de julio de 2026, y quienes ya la usan no se verán afectados. El mismo día, Amazon Web Services incorporó el servicio a su lista oficial de servicios en mantenimiento, una categoría cuya definición es más elocuente que cualquier comunicado.
AWS explica que a los servicios en fase de mantenimiento no se puede incorporar ningún cliente nuevo, que quienes ya los utilizan pueden continuar, y que la compañía seguirá operándolos y dándoles soporte pero no ampliará ni añadirá funcionalidad. Es decir, el servicio no se apaga hoy, pero ya nadie va a tocarlo.
Amazon no ha dado ninguna explicación pública sobre el motivo, ni ha fijado fecha de cierre definitivo. Sí ha confirmado que mantendrá las inversiones en seguridad y disponibilidad y que no tiene previsto introducir funciones nuevas, según la declaración recogida por TechCrunch al conocerse la noticia. Ese silencio sobre las razones es en sí mismo una respuesta.
El autómata del siglo XVIII que dio nombre a la plataforma
El nombre nunca fue casual y hoy resulta casi profético. En 1770, el inventor húngaro Wolfgang von Kempelen presentó en la corte de María Teresa de Austria una máquina capaz de jugar al ajedrez y de ganar a casi cualquier oponente. Era un mueble de madera coronado por un maniquí con turbante que movía las piezas con una mano mecánica. Durante décadas El Turco recorrió Europa derrotando a Benjamin Franklin y a Napoleón Bonaparte, y Kempelen abría las puertas del armario para exhibir los engranajes y convencer a los escépticos de que aquello pensaba solo. Dentro había un ajedrecista escondido.
De ahí viene la expresión, un turco mecánico es una máquina supuestamente inteligente que en realidad esconde a una persona haciendo el trabajo. Que Amazon bautizara así su plataforma en 2005 fue un ejercicio de honestidad poco habitual en el sector.
La «inteligencia artificial artificial» que sostuvo el negocio
Jeff Bezos la definió entonces como inteligencia artificial artificial, y la definición era literal. Empresas y laboratorios troceaban un encargo enorme en miles de microtareas de unos segundos cada una y las publicaban en el mercado. Los trabajadores, los turkers, las completaban por céntimos. Cosas que en su momento un ordenador no podía hacer y una persona resolvía en un vistazo: descifrar un CAPTCHA, decidir si una frase suena enfadada o contenta, rodear al gato de una fotografía. Con volumen suficiente, aquello daba un sueldo modesto pero constante a mucha gente, sobre todo en India y Estados Unidos.
A partir de 2018, Amazon reorientó el discurso comercial y empezó a vender la plataforma como la manera de etiquetar los datos con los que se entrenan las redes neuronales, integrándola en su servicio SageMaker. El giro tiene su lógica retorcida: la IA que hoy responde preguntas aprendió, en buena parte, de decisiones que tomaron personas cobrando unos céntimos por cada una. Ese trabajo invisible nunca aparece en las presentaciones de producto.
El estudio que pilló a los humanos usando IA para fingir ser humanos
En 2023, tres investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausana repitieron en Mechanical Turk una tarea clásica de resumen de textos académicos y, cruzando detección de pulsaciones de teclado con clasificación de texto sintético, estimaron que entre el 33% y el 46% de los trabajadores estaban usando modelos de lenguaje para completarla. Titularon el trabajo «Artificial Artificial Artificial Intelligence», añadiendo un tercer «artificial» al chiste de Bezos.
Se trata de un preprint no revisado por pares, la muestra corresponde a una única tarea y los propios autores advirtieron de que resumir textos es precisamente el encargo más fácil de automatizar con un chatbot, así que el porcentaje no se puede extrapolar a toda la plataforma. Pero el hallazgo bastaba para romper el contrato implícito del servicio. Si contratas humanos para validar lo que hace una máquina y la mitad de esos humanos le está pasando el marrón a otra máquina, has pagado por nada. Los investigadores lo llamaron el canario en la mina.
Qué alternativa ofrece Amazon y por qué tampoco convence
Varias coberturas de la noticia han dado por hecho que Amazon empuja a sus clientes hacia SageMaker Ground Truth, su servicio de etiquetado gestionado. La lectura de la tabla oficial de AWS desmonta esa idea, ya que Ground Truth aparece en esa misma lista de servicios en mantenimiento, con la misma fecha de anuncio, el 30 de junio de 2026. Y no está solo.
Ese día, AWS metió en el mismo cajón a A2I, Clarify, Debugger, Geospatial, Model Monitor, Role Manager y Studio Lab. No es la jubilación de un servicio veterano, sino una poda de casi todo el andamiaje que SageMaker había construido alrededor de la supervisión humana.
Eso cambia el sentido de la noticia. No estamos ante Amazon retirando un producto obsoleto para empujar a los clientes a otro mejor. Es Amazon desmontando la infraestructura entera del humano en el bucle, al menos en su versión abierta y masiva.
Lo que se pierde cuando se apaga el Turco
Nadie va a echar de menos Mechanical Turk como producto. Llevaba años arrastrando quejas por tarifas irrisorias, rechazos arbitrarios de trabajo, cuentas cerradas sin explicación y bots colándose entre los trabajadores reales. En el foro que los turkers mantienen en Reddit, la reacción mayoritaria a la noticia fue que la plataforma había muerto hacía tiempo y que Amazon solo estaba firmando el certificado.
Durante veinte años, la plataforma fue el recordatorio más incómodo de que detrás de casi toda automatización presentable había un montón de gente haciendo clic por céntimos. Ahora que la IA sabe rodear al gato sin ayuda, esa gente sobra, y el servicio que los coordinaba entra en mantenimiento sin demasiados anuncios.
El autómata original acabó destruido en un incendio y su secreto se olvidó durante décadas. El de Amazon se apaga en silencio, con un aviso de dos líneas en una página que casi nadie visita. El trabajo humano detrás de la máquina no ha dejado de existir, pero ha vuelto a ser invisible, que es exactamente donde estaba en 1770.
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