La carrera por alimentar la inteligencia artificial ya no mira solo a los desiertos, las centrales nucleares o los grandes parques solares. Ahora también mira al mar abierto. Panthalassa, una startup de Portland respaldada por Peter Thiel, quiere desplegar centros de datos flotantes capaces de generar su propia electricidad con las olas y usar el agua fría del océano para refrigerar los chips.
La idea suena a ciencia ficción, pero nace de un problema muy real. Los centros de datos consumen cada vez más electricidad, ocupan suelo, necesitan refrigeración y ya generan rechazo en algunas comunidades. Panthalassa sostiene que parte de esa computación puede moverse lejos de tierra firme, donde hay energía de las olas y menos vecinos mirando la factura de la luz.
El plan de Panthalassa
Panthalassa anunció en mayo de 2026 una ronda de financiación Serie B de 140 millones de dólares liderada por Peter Thiel. También participaron John Doerr, TIME Ventures de Marc Benioff, SciFi Ventures de Max Levchin y otros inversores tecnológicos. El dinero se destinará a completar una planta piloto de fabricación cerca de Portland y a acelerar el despliegue de sus nodos Ocean-3.
La compañía está dirigida por Garth Sheldon-Coulson, cofundador y CEO, y fue creada junto a Brian Moffat. Su web oficial la presenta como una empresa de beneficio público que trabaja en una plataforma energética limpia y de bajo coste desde el océano. Dicho de forma sencilla, quiere llevar el ordenador a donde está la energía, no al revés.
Cómo convierte olas en IA
La energía undimotriz consiste en aprovechar el movimiento de las olas para producir electricidad. No es una ocurrencia nueva. El programa Ocean Energy Systems, vinculado a la Agencia Internacional de la Energía, recuerda que los inventores llevan décadas intentando convertir ese vaivén en energía útil.
El sistema de Panthalassa usa nodos flotantes autónomos. Según la empresa, estos dispositivos capturan energía de las olas, generan electricidad en alta mar y la consumen directamente a bordo para alimentar chips de IA. Después, los resultados se enviarían a tierra mediante satélites de órbita baja.
La refrigeración es otra pieza clave. En tierra, enfriar servidores puede exigir agua, energía extra y permisos. En el mar, Panthalassa quiere usar el entorno oceánico como un gran radiador natural. No es magia. Es aprovechar que el agua fría se lleva el calor mejor que el aire.
Por qué interesa ahora
La presión viene de la propia IA. La Agencia Internacional de la Energía estima que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos puede duplicarse y llegar a unos 945 teravatios hora en 2030. La IA es uno de los motores principales de ese salto.
En la práctica, eso significa más subestaciones, más líneas eléctricas y más debate local. ¿Quién paga la red? ¿Quién soporta el ruido? ¿Qué ocurre con el agua usada para enfriar equipos? Panthalassa intenta esquivar parte de ese atasco llevando la computación a zonas donde no compite directamente con viviendas, polígonos o servicios públicos.
El precedente submarino
La idea de meter servidores en el mar no aparece de la nada. Microsoft probó Project Natick, un centro de datos submarino desplegado en 2018 en las islas Orcadas, en Escocia. El objetivo era comprobar si un módulo bajo el agua podía fabricarse, instalarse y funcionar con menos recursos.
Aquel ensayo demostró que el entorno marino podía ayudar a la refrigeración y a la fiabilidad. Pero Panthalassa quiere ir un paso más allá. Microsoft usaba el mar sobre todo como lugar de instalación y refrigeración, mientras que Panthalassa quiere que el océano sea también la central eléctrica.
La gran duda
El punto débil está en la escala. La energía de las olas promete mucho, pero históricamente ha sido difícil convertir prototipos en máquinas baratas, resistentes y comerciales. El propio recurso cambia con el tiempo, y los dispositivos deben aguantar tormentas, corrosión, mantenimiento remoto y meses de operación sin técnicos cerca.
Panthalassa afirma que sus nodos funcionarán lejos de la costa, sin conexión al fondo marino y con capacidad para reposicionarse. Eso suena útil, pero también añade complejidad. En alta mar, una avería no se arregla como quien cambia un router en una oficina.
La comparación con SpaceX ayuda a entender el momento. En documentos ante la SEC, SpaceX describe sus futuros satélites de computación orbital como centros de datos espaciales alimentados por energía solar, con primeros despliegues posibles a partir de 2028. El mar parece menos espectacular que la órbita, pero también mucho más cercano para enviar acero, chips y técnicos.
Qué puede pasar
Panthalassa prevé probar su serie Ocean-3 en el Pacífico norte en 2026 y preparar despliegues comerciales en 2027. Si funciona, podría abrir una nueva categoría de infraestructura para IA, una mezcla de central eléctrica, boya autónoma y centro de datos. Si falla, se sumará a una larga lista de ideas oceánicas brillantes que no sobrevivieron al agua salada.
El proyecto también deja una pregunta de fondo. La IA necesita energía, pero no todas las respuestas tienen que pasar por construir más centros de datos en las mismas zonas saturadas. Quizá una parte de la computación acabe donde casi nadie la espera, balanceándose con las olas.
La nota de prensa oficial se ha publicado en Business Wire.










