Elon Musk ha vuelto a poner una promesa enorme sobre la mesa. El empresario asegura que trabaja en un chip de inteligencia artificial capaz de rendir entre dos y tres veces más que los mejores productos de Nvidia, pero con solo una pequeña parte del coste.
La idea suena a golpe directo contra el rey de los chips de IA. Pero, por ahora, conviene pisar el freno. TeraFab, la fábrica que Musk quiere levantar con Tesla, SpaceX y xAI, existe como proyecto ambicioso, no como una amenaza ya fabricada, probada y vendida en masa. Reuters informó en marzo de que Musk anunció dos fábricas avanzadas en Austin para chips destinados a coches Tesla, robots Optimus y sistemas espaciales de IA.
Qué promete Musk
Musk ha dicho al inversor Ron Baron que su nuevo chip de IA podría ser entre dos y tres veces mejor que Nvidia y costar cerca del 10 % de sus soluciones más avanzadas. Es una frase de esas que mueven titulares, mercados y cejas al mismo tiempo.
Un chip de IA es un procesador diseñado para entrenar o ejecutar modelos de inteligencia artificial. Dicho fácil, es el motor que permite que un robot entienda imágenes, que un coche interprete la carretera o que un chatbot responda sin tardar una eternidad.
La parte delicada está en el salto entre promesa y fábrica. Diseñar un chip brillante en una hoja de ruta ya es difícil. Fabricarlo con calidad, en millones de unidades y a un precio mucho más bajo que Nvidia es otra liga.
TeraFab, la gran apuesta
TeraFab es el nombre del plan industrial con el que Musk quiere reducir la dependencia de proveedores externos. Reuters explicó que SpaceX propuso una inversión inicial de 55.000 millones de dólares para una instalación de semiconductores en Texas, y que Musk quiere usar tecnología de fabricación 14A de Intel para ese complejo de chips de IA.
En la práctica, una fábrica de chips no es una nave con robots montando piezas como si fueran móviles. Es una cadena de salas limpias, máquinas carísimas, procesos químicos y controles microscópicos. Un fallo minúsculo puede arruinar una oblea entera.
Musk resumió la urgencia con una frase muy suya. «O construimos TeraFab o no tendremos los chips», dijo durante una presentación en Austin, según Reuters. También afirmó que la producción global actual solo cubriría una pequeña parte de las necesidades futuras de sus compañías.
El papel de Intel y ASML
Intel aparece como una pieza clave porque su proceso 14A promete mejoras de rendimiento y eficiencia frente a generaciones anteriores. En su propia documentación, Intel describe 14A como un avance pensado para inteligencia artificial, computación de alto rendimiento y chips de nueva generación.
ASML también entra en la historia. La empresa neerlandesa fabrica las máquinas de litografía EUV, equipos que usan luz extrema para dibujar patrones diminutos en los chips más avanzados. Según ASML, esta tecnología hace posible la producción masiva de los microchips más punteros.
Reuters informó además de que Musk iba a participar por videollamada en un evento interno de ASML para hablar de TeraFab, inteligencia artificial, robótica, espacio y fabricación de semiconductores. No es un detalle menor. Sin máquinas de este tipo, la promesa de un chip revolucionario se queda en PowerPoint caro.
Nvidia no está quieta
El problema para Musk es que Nvidia no espera sentada. La compañía presentó Vera Rubin, una nueva plataforma de chips y sistemas para grandes centros de IA, con siete chips diseñados para trabajar como un superordenador integrado. Jensen Huang, fundador y consejero delegado de Nvidia, la describió como un salto generacional para la nueva ola de IA.
Nvidia afirma que Vera Rubin NVL72 puede ofrecer hasta diez veces más rendimiento de inferencia por vatio que Blackwell en ciertos escenarios. La inferencia es el uso práctico de un modelo ya entrenado, como cuando una IA responde, reconoce una imagen o toma una decisión en tiempo real.
Esto cambia la comparación. Musk no compite contra el Nvidia de ayer, sino contra una empresa que mejora chips, redes, software y centros de datos al mismo tiempo. Es como intentar adelantar a un coche que también está acelerando.
Lo que deben mirar los inversores
Para los inversores de Nvidia, el mensaje no es pánico. Tampoco indiferencia. TeraFab puede tardar años, exigir muchísimo capital y enfrentarse a retrasos, pero la sola posibilidad de una alternativa interna fuerte puede cambiar conversaciones con grandes clientes.
Si Tesla, SpaceX y xAI producen chips solo para su propio consumo, el golpe directo a Nvidia será limitado. Pero si Musk consigue fabricar chips baratos y muy potentes a gran escala, aunque sea parcialmente, Nvidia podría ver más presión en precios y márgenes.
También hay otra lectura. Si Musk necesita construir una fábrica gigantesca porque no encuentra suficientes chips en el mercado, eso refuerza la idea de que la demanda de computación para IA seguirá siendo enorme. Para Nvidia, esa presión puede ser amenaza y validación a la vez.
La pregunta real
La frase de que Musk «acabará con Nvidia» es más útil como gancho que como conclusión. Hoy no hay pruebas públicas de que su chip ya supere a Nvidia, ni de que pueda fabricarse por una fracción del coste en grandes volúmenes.
Lo que sí hay es una carrera industrial cada vez más seria por controlar la cadena completa de la IA. Chips, energía, fábricas, centros de datos y software empiezan a formar parte del mismo tablero. Y Musk, como suele ocurrir, quiere jugar con sus propias reglas.
La documentación técnica oficial sobre Vera Rubin se ha publicado en Nvidia, mientras que los detalles públicos de TeraFab proceden de declaraciones de Elon Musk recogidas por Reuters.
La información principal se ha publicado en Reuters.












