Alemania acaba de resolver el gran problema del motor de combustión con un propulsor que no emite CO2, arde a 650 grados y abre una vía al eléctrico y al hidrógeno

Publicado el: 20 de junio de 2026 a las 09:42
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Un motor de combustión puede sonar a tecnología del pasado, pero Liebherr quiere darle una segunda vida lejos de la gasolina y el diésel. La compañía ha mostrado en Bauma 2025, en Múnich, un concepto de motor alimentado principalmente con amoníaco verde, pensado para maquinaria pesada, generadores y equipos todoterreno donde las baterías todavía no siempre encajan bien.

La clave está en que el amoníaco no contiene carbono. Por eso, si se produce con energía renovable y se usa con hidrógeno como apoyo, puede mover un motor sin emitir dióxido de carbono directamente por el tubo de escape. No es magia. Es química aplicada a máquinas enormes que trabajan en minas, obras y zonas remotas.

Un motor con amoníaco

Liebherr, uno de los grandes fabricantes mundiales de maquinaria de construcción, presentó una maqueta de motor de amoníaco dentro de su ofensiva para ampliar los motores de combustión con combustibles alternativos. La empresa lleva años probando también motores de hidrógeno y sistemas de inyección para distintos combustibles bajos en emisiones.

El nuevo concepto no está pensado, al menos por ahora, para el coche familiar. Liebherr habla de generadores y posibles trenes de potencia todoterreno, sobre todo para minería, construcción e industria pesada. Es decir, el tipo de máquinas que no se cargan fácilmente en un enchufe de garaje.

El amoníaco verde funciona aquí como portador de hidrógeno. En la práctica, eso significa que el hidrógeno producido con electricidad renovable puede transformarse en amoníaco, almacenarse y transportarse con más facilidad que el hidrógeno puro. La Comisión Europea, a través del proyecto ARENHA, también destaca ese potencial para almacenar y mover energía limpia a gran escala.

Por qué no usa gasolina

El motor de Liebherr se plantea como un sistema de doble combustible. El amoníaco aportaría la mayor parte de la energía, pero el encendido puede necesitar ayuda porque este gas no prende con tanta facilidad como los combustibles tradicionales.

Ahí aparece el matiz importante. El amoníaco requiere temperaturas de autoignición muy altas, por encima de los 600 grados, según fichas internacionales de seguridad química elaboradas por expertos de la OIT y la OMS. Dicho de forma sencilla, cuesta más «hacerlo arder» de forma estable dentro de un motor.

Para resolverlo, Liebherr contempla usar una pequeña cantidad de diésel o hidrógeno como apoyo inicial. Si esa ayuda procede del hidrógeno obtenido del propio amoníaco mediante un catalizador, el sistema podría evitar emisiones directas de dióxido de carbono. Si se usa diésel, la promesa de cero carbono se complica.

La minería marca el camino

La apuesta tiene sentido en sectores donde electrificarlo todo es difícil. Una excavadora o un camión minero pueden trabajar durante horas lejos de la red eléctrica, en lugares con polvo, calor y turnos largos. Cambiar una batería enorme en mitad de una explotación no es tan simple como cargar un móvil.

Por eso Liebherr Mining y Bruno Generators Group anunciaron en 2024 un estudio de viabilidad para usar amoníaco verde en soluciones de generación de baja o nula emisión para minería. Oliver Weiss, vicepresidente ejecutivo de I+D, ingeniería y producción en Liebherr-Mining Equipment SAS, señaló que los ensayos en banco con amoníaco dieron resultados prometedores.

Renato Bruno, director ejecutivo de Bruno Generators Group, enmarcó la colaboración como parte de una estrategia de sostenibilidad industrial. Steffen Apel, responsable de motores de combustión para minería en Liebherr-Components AG, también defendió la idea como un paso hacia soluciones de baja y nula emisión para clientes mineros.

No todo está resuelto

El amoníaco tiene una ventaja evidente frente a la gasolina y el diésel. No lleva carbono. Pero eso no lo convierte automáticamente en un combustible perfecto.

Un trabajo de Edith Flora Eyisse, Ebrahim Nadimi y Dawei Wu, de la Universidad de Birmingham, publicado en Energies, resume bien el problema. El amoníaco puede servir como combustible sin carbono para motores y turbinas, pero plantea retos de encendido, velocidad de llama, corrosión, toxicidad y emisiones de óxidos de nitrógeno.

También hay que manejarlo con cuidado. El Instituto Nacional para la Seguridad y Salud Ocupacional de Estados Unidos describe el amoníaco como un gas incoloro de olor fuerte, transportado a menudo como gas licuado comprimido, con riesgos para ojos, piel y sistema respiratorio. No es algo que quieras tener escapando como si nada en una obra.

Hidrógeno, amoníaco y baterías

Liebherr no está apostando solo por una carta. En Bauma 2025 también mostró el prototipo L 566 H, una gran cargadora de ruedas con motor de hidrógeno, y anunció una prueba de dos años con STRABAG después de la feria.

La compañía parece moverse en una lógica práctica. Baterías donde funcionen bien, hidrógeno donde tenga sentido y amoníaco verde para lugares donde transportar y almacenar energía sea el mayor dolor de cabeza.

En turismos, el espacio para el amoníaco parece mucho menor. La revisión de la Universidad de Birmingham recuerda que en aplicaciones ligeras las baterías y las pilas de hidrógeno suelen tener más atención por su integración y eficiencia. En maquinaria pesada, la conversación cambia.

Qué viene ahora

El concepto de Liebherr todavía necesita desarrollo, pruebas largas y datos públicos de rendimiento. También tendrá que demostrar que puede controlar las emisiones no deseadas y operar con seguridad en entornos reales.

Aun así, la idea marca una tendencia clara. La combustión no desaparece de golpe, pero empieza a buscar combustibles que no dependan del carbono fósil. Para una mina remota o una obra sin buena conexión eléctrica, eso puede ser más que una curiosidad de feria.

La nota de prensa oficial se ha publicado en Liebherr.


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