China acaba de poner nombre oficial a una de sus apuestas militares más vigiladas. El nuevo caza furtivo naval J-35 se llamará «Tiburón Azul», una denominación que encaja con la tradición china de usar nombres de tiburón para sus aviones embarcados, es decir, los que operan desde portaaviones.
El detalle no es solo estético. Formalizar el nombre sugiere que el avión está saliendo del terreno de las pruebas y entrando en una fase de integración operativa temprana con la aviación naval del Ejército Popular de Liberación. En la práctica, eso significa más entrenamiento, más ajustes y una pregunta clara sobre la mesa. ¿Está China cerca de tener su propio equivalente naval al F-35C estadounidense?
Un nombre de familia
La Corporación Aeronáutica de Shenyang, integrada en la industria estatal AVIC, ha confirmado el apodo «Blue Shark» para la versión naval del J-35, conocido en español como «Tiburón Azul». El nombre sigue una línea bastante reconocible dentro de la aviación naval china, donde el J-15 es el «Tiburón Volador» y el J-15D, especializado en guerra electrónica, recibe el apodo de «Tiburón Eléctrico».
No es casualidad. China suele reservar nombres de «dragón» para cazas de uso terrestre y nombres de «tiburón» para aparatos vinculados a portaaviones. El J-35A, la variante terrestre presentada en Zhuhai en noviembre de 2024, fue descrito por el Ministerio de Defensa chino como un caza furtivo polivalente de tamaño medio.
Qué es furtivo
Un caza furtivo no es invisible. Lo que hace es reducir las señales que captan los radares, algo parecido a intentar pasar más desapercibido en una habitación llena de cámaras. Para lograrlo, el avión combina formas angulosas, bodegas internas para armas y entradas de aire diseñadas para ocultar partes muy reflectantes del motor.
En el caso del J-35, esa idea busca dar a la Armada china una herramienta más útil en zonas muy defendidas. Si un avión tarda más en ser detectado, tiene más margen para entrar, atacar o interceptar a otros aparatos. No garantiza nada por sí solo, pero cambia el tablero.
Del prototipo al portaaviones
El camino del J-35 viene de lejos. Su familia técnica arranca en el FC-31, un prototipo de Shenyang que voló por primera vez en octubre de 2012 y que ya entonces llamó la atención por ser el segundo gran programa furtivo chino tras el J-20. La Escuela de Estudios Aeroespaciales de China de la Air University estadounidense lo describió como un proyecto de Shenyang con posible futuro embarcado.
La versión naval actual incorpora cambios que no son un capricho. Necesita alas plegables para ocupar menos espacio en cubierta, tren de aterrizaje reforzado para soportar aterrizajes bruscos y gancho de apontaje para engancharse a los cables del portaaviones. También incluye un sistema para ser lanzado por catapulta, clave en buques modernos como el Fujian.
El papel del Fujian
El portaaviones Fujian es una pieza central en esta historia. Reuters informó en noviembre de 2025 de que el buque, el tercero de China, usa catapultas electromagnéticas y que durante sus pruebas de mar lanzó la versión embarcada del J-35 junto a otros aviones como el KJ-600. Ese salto permite despegar con más carga que en los portaaviones chinos anteriores, que dependen de rampas.
Pero conviene no correr demasiado. Analistas citados por Reuters señalaron que el Fujian aún necesita tiempo para alcanzar plena capacidad operativa. Dicho de forma sencilla, no basta con que un avión despegue y aterrice. Hace falta entrenar pilotos, coordinar cubierta, mantenimiento, sensores, escoltas y comunicaciones. Todo a la vez.
Parecido al F-35C
El papel del J-35 se parece al del F-35C de la Marina de Estados Unidos. Lockheed Martin describe el F-35C como un caza furtivo de largo alcance diseñado para operar desde portaaviones, con alas grandes, tren de aterrizaje robusto y capacidad para llevar armas internas o externas.
La Marina estadounidense lleva años integrando ese modelo en sus alas embarcadas. En 2014, el F-35C realizó su primer aterrizaje detenido en un portaaviones, un paso básico para cualquier avión naval de este tipo. La comparación ayuda a entender el objetivo chino, aunque no demuestra que ambos aparatos tengan el mismo nivel de sensores, software o experiencia real en operaciones.
Armas y alcance
Los datos públicos apuntan a un avión monoplaza, bimotor y polivalente. Eso quiere decir que puede usarse tanto para combate aéreo como para ataques contra objetivos en tierra o mar. Según Army Recognition, su peso máximo al despegue ronda los 30.000 kilos y su radio de combate se sitúa en torno a 1.200 kilómetros con combustible interno.
El J-35 puede llevar armas dentro del fuselaje para mantener mejor su perfil furtivo. También podría usar puntos externos si la misión exige más carga y el riesgo de detección es menor. Ahí está el equilibrio de siempre en estos aviones. Más armas fuera, más pegada, pero menos discreción.
Lo que aún falta
A pesar del nuevo nombre, el «Tiburón Azul» no parece haber llegado todavía a una producción masiva plenamente consolidada. La fase actual encaja mejor con una producción inicial, usada para fabricar pocas unidades, entrenar pilotos y detectar fallos antes de acelerar. Es como sacar una primera tirada de prueba antes de llenar el escaparate.
También persisten dudas sobre motores, sensores y rendimiento real. Collin Koh, del S. Rajaratnam School of International Studies, advirtió en Reuters que el desarrollo militar chino suele estar rodeado de una «caja negra» informativa, por lo que no se conoce con certeza el rendimiento del J-35. Esa cautela importa. Un nombre oficial es un paso relevante, pero no convierte automáticamente a un avión en una fuerza madura.
El informe principal sobre la denominación «Blue Shark» se ha publicado en Army Recognition.










