Religión
Iglesia Católica

Pío XII en Canarias: la visita del cardenal Pacelli a Gran Canaria en 1934 antes de ser Papa

La historia de la visita del cardenal Eugenio Pacelli a Gran Canaria en 1934, antes de convertirse en el Papa Pío XII, y su oración ante el Cristo de Teror.

Sueldo mensual de un cardenal en el Vaticano

El secreto del cónclave para elegir Papa

El Papa nombra cardenales

  • Francisco María
  • Colaboro en diferentes medios y diarios digitales, blogs temáticos, desarrollo de páginas Web, redacción de guías y manuales didácticos, textos promocionales, campañas publicitarias y de marketing, artículos de opinión, relatos y guiones, y proyectos empresariales de todo tipo que requieran de textos con un contenido de calidad, bien documentado y revisado, así como a la curación y depuración de textos. Estoy en permanente crecimiento personal y profesional, y abierto a nuevas colaboraciones.

Hay historias pequeñas que, con el paso del tiempo, terminan adquiriendo un peso enorme. La visita de Eugenio Pacelli a Gran Canaria en 1934 es una de ellas. En aquel momento, para muchos canarios fue simplemente la llegada de un alto cargo del Vaticano que hacía escala rumbo a América. Nada más. O eso parecía. Cinco años después, aquel cardenal italiano se convertiría en el Papa Pío XII.

Y claro, la escena cambia completamente cuando se mira hacia atrás: un futuro pontífice rezando en Teror, caminando por Las Palmas y siendo recibido en Canarias décadas antes de cualquier visita papal oficial al archipiélago. Tiene algo casi cinematográfico, aunque ocurrió de verdad.

Canarias, de hecho, siempre ha tenido una relación peculiar con Roma. La ubicación geográfica de las islas hizo que durante siglos fueran parada habitual para barcos, diplomáticos y representantes religiosos que cruzaban el Atlántico. Muchos pasaron. Pero pocos terminaron sentándose en el trono de San Pedro.

Un diplomático elegante antes que un líder popular

Antes de convertirse en Pío XII, Eugenio Pacelli ya era una figura muy poderosa dentro de la Iglesia católica. No tenía fama de hombre cercano o especialmente carismático. Más bien transmitía otra cosa: disciplina, inteligencia y una enorme capacidad diplomática.

Había nacido en Roma en 1876 dentro de una familia bastante conectada con el Vaticano. Su carrera eclesiástica avanzó rápido. Demasiado rápido incluso para algunos contemporáneos. Pero Pacelli era brillante en algo fundamental para la Santa Sede de aquella época: la política internacional.

Y Europa estaba entrando en una etapa peligrosísima.

Durante años trabajó en Alemania como nuncio apostólico. Primero en Baviera y después en Berlín. Le tocó vivir momentos muy tensos: la crisis económica alemana, los movimientos revolucionarios y el crecimiento del extremismo político. Aquello lo marcó bastante.

Quienes estudiaron después su figura coinciden en que desarrolló una enorme obsesión por mantener estabilidad frente al caos político que veía crecer alrededor. Su perfil era el de un diplomático clásico, muy reservado, cuidadoso con cada gesto y poco dado a improvisaciones.

La escala en Gran Canaria rumbo a Argentina

La visita a Canarias ocurrió en diciembre de 1934. Pacelli viajaba hacia Buenos Aires para participar en el Congreso Eucarístico Internacional como representante personal del Papa Pío XI.

Hoy hacemos un vuelo transatlántico y listo. En aquella época la logística era otra historia. Los grandes trayectos incluían escalas estratégicas y Las Palmas tenía una importancia enorme para las rutas marítimas hacia América.

El cardenal llegó a Gran Canaria en medio de bastante expectación. No todos los días aparecía por las islas el Secretario de Estado del Vaticano, que era prácticamente el segundo hombre más importante de la Iglesia católica.

Y conviene recordar el contexto español de entonces. La Segunda República atravesaba años convulsos, con tensiones políticas y religiosas muy fuertes. La presencia de una figura tan relevante tenía inevitablemente también una lectura política.

Aun así, el ambiente en Canarias durante la visita fue sobre todo de entusiasmo religioso y curiosidad social. La prensa local siguió muy de cerca todos los movimientos de Pacelli.

El momento más recordado: la oración en Teror

De toda aquella visita, hay una escena que terminó quedándose grabada en la memoria colectiva de Gran Canaria. Pacelli se desplazó hasta Teror para visitar la Basílica de Nuestra Señora del Pino. Allí rezó ante el Cristo de Teror, una de las imágenes religiosas más queridas de la isla.

Las Palmas recibió a Pacelli casi como un jefe de Estado

Durante su estancia en Gran Canaria, Eugenio Pacelli participó en distintos encuentros institucionales y religiosos. Fue recibido por autoridades civiles, militares y eclesiásticas en Las Palmas.

Pacelli, además, proyectaba autoridad de manera muy natural. Las crónicas de aquellos días hablan de un hombre elegante, extremadamente educado y bastante serio. No parecía alguien dado a la cercanía espontánea.

Cómo aquel cardenal terminó convirtiéndose en Pío XII

El Papa Pío XI falleció a principios del año 1938, y el mejor situado para la sucesión era Pacelli. Tenía experiencia diplomática, conocía perfectamente la política europea y llevaba años ocupando el cargo de Secretario de Estado. Era, básicamente, el hombre mejor preparado para gestionar una Iglesia que se enfrentaba a una situación internacional explosiva. La elección fue el 2 de marzo de 1939.

La gran polémica gira alrededor de su actitud frente al nazismo y el Holocausto. Hay historiadores que consideran que guardó demasiado silencio públicamente ante Hitler. Otros sostienen que utilizó la diplomacia secreta del Vaticano para ayudar discretamente a miles de judíos perseguidos.

La realidad seguramente es bastante más compleja que cualquier versión simplificada. Pacelli venía marcado por el miedo al comunismo y por una mentalidad diplomática basada en la prudencia extrema. Eso condicionó muchas de sus decisiones durante la guerra.

A día de hoy, el Vaticano sigue abriendo archivos históricos relacionados con su pontificado y el debate continúa vivo.